Agustín GOIKOETXEA
NOMBRAMIENTO DEL NUEVO OBISPO DE GASTEIZ

Roma mueve sus piezas obviando a la mayoría de la Iglesia vasca

La Santa Sede oficializó ayer al mediodía la decisión del Papa Francisco de nombrar al sacerdote navarro Juan Carlos Elizalde Espinal obispo de Gasteiz. De nuevo, Roma obvia la realidad de la Iglesia vasca, evitando el cambio de rumbo que una mayoría de los católicos le viene solicitando desde al menos 2010 con el desembarco de Mario Iceta en Bilbo.

Las muchas esperanzas de cambio depositadas en el nombramiento del sucesor de Miguel Asurmendi no se han materializado. Mario Jorge Bergoglio ha decidido situar al frente de la diócesis de Gasteiz a un obispo joven pero de corte conservador que para muchos supone una «sorpresa», ya que no aparecía en las quinielas que se comenzaron a barajar a raíz de la renuncia canónica del salesiano navarro. Juan Carlos Elizalde Espinal, de 55 años, es el elegido por el Papa.

El de Mezkiritz ha ido adquiriendo protagonismo en sus 28 años de sacerdocio gracias especialmente, en la última etapa, al apoyo de Francisco Pérez, quien le ha ido otorgando diferentes responsabilidades en la Iglesia navarra, entre ellas la de prior de la colegiata de Orreaga. En ese emblemático templo fue ordenado cura en 1987 por José María Cirarda, el último arzobispo de Iruñea que potenció la comunión con los prelados de Araba, Bizkaia y Gipuzkoa. Ahora este activo miembro de la Asociación Católica de Propagandistas parece llamado a ser un cómodo compañero en las tareas episcopales con los neoconservadores Munilla e Iceta.

Roma opta por el caladero conservador que existe en Nafarroa en vez de elegir a un pastor para Araba en su comunidad diocesana, más abierta en lo doctrinal. En las quinielas sonaron nombres como el veterano vicario general de Gasteiz, Fernando Gonzalo; el vizcaino Joseba Kamiruaga, superior provincial de los Claretianos, o su compañero de orden Aitor Jiménez Etxabe; y Luis Mari Goikoetxea, rector del Seminario. A esos candidatos se sumaban el actual obispo auxiliar de Iruñea, Juan Antonio Aznárez, y Mikel Garciandía Goñi. La «vía navarra» ha ido adquiriendo en los últimos meses peso, según reconocen fuentes de la Iglesia vasca, a pesar de que se trató de transmitir a un hombre muy cercano a Francisco, el actual arzobispo de Barcelona Juan José Omella, la importancia de la elección de un sucesor de Asurmendi cercano a los católicos alaveses. El ya obispo emérito, que ejercerá como administrador apostólico hasta la consagración episcopal de Elizalde en el plazo máximo de tres meses, ha mantenido en sus veinte años al frente de la diócesis una línea conservadora, criticada por aquellos que le reclamaron con insistencia un «desarrollo participativo» de la Iglesia.

Antes de que Rouco Varela situara a Mario Iceta y a José Ignacio Munilla en Bilbo y Donostia, en Gasteiz –entre 2004 y 2007– se fue preparando la frustrada Asamblea del Clero, promovida por sus miembros, que planteó con profundidad y largo trabajo los problemas diocesanos tanto entre sacerdotes y con el obispo, como en el campo pastoral, pero las presiones y obstáculos dieron al traste con este intento generando frustración. En las filas restauracionistas tampoco ha cosechado el salesiano muchas simpatías, por su falta de iniciativa y por no secundarles.

El obispo electo trataría de agitar la diócesis y atraer a jóvenes como se le atribuye. Ayer, en su primer saludo a los católicos alaveses, Juan Carlos Elizalde destacaba que toda su vida sacerdotal «ha estado vinculada al mundo estudiantil universitario», en referencia a los 17 años como profesor de Teología y responsable de Pastoral de la UPNA. En ese mensaje dijo que le gustaría «seguir saliendo hacia las periferias que nos señala el Papa Francisco: los más pobres, la gente golpeada por la violencia, la increencia deshumanizadora y la desunión entre nosotros».

De nada parece haber servido esa relación «fluida» de algunos con Omella, miembro de la Congregación para los Obispos, la institución de la Curia vaticana donde se selecciona a los nuevos prelados antes de la aprobación papal. La terna final la formaban Aznárez, Garciandía y Elizalde, el elegido, que por cierto no es euskaldun.

Gasteiz es una pieza más de un puzzle donde la Iglesia vasca se diluye en los planes vaticanos para la española. Tras Barcelona, las piezas van cayendo con la mirada puesta en Granada, de donde la Santa Sede saca a Javier Martínez del arzo- bispado para situarlo en Roma como secretario de la Congregación para las Iglesias Orientales después de que los jueces sentenciasen su responsabilidad civil en los abusos de curas a menores, conocido como «caso Romanones».

Para esa plaza se apunta la candidatura de los arzobispos castrense y de Iruñea, Juan del Río y Francisco Pérez, y el obispo de Almería, Adolfo González Montes; también se habló hace un tiempo de su homólogo de Bilbo por su conocimiento de la «realidad andaluza» tras su paso por Córdoba. En ese movimiento se baraja la posibilidad del traslado de José Ignacio Munilla a la capital navarra –en su día se le situó como arzobispo castrense– mientras a través de Donostia podría alcanzar el episcopado Mikel Garciandía Goñi. El de Etxarri Aranatz, de 51 años, es un cura que ha crecido a la sombra del cardenal emérito Fernando Sebastián y se le considera, en fuentes eclesiásticas, como «más conservador aún que Elizalde, el candidato de Munilla». Al final, la diócesis alavesa es otro paso más en la renovación de la Iglesia española, olvidándose de la opinión de los católicos vascos y aupando a nuevos valores conservadores.