Raimundo Fitero
DE REOJO

Película

Así va la cosa: un presidente de una gran República formada por varios estados unidos, México, manda un tuit con intención global con un mensaje militar: «misión cumplida». Y a partir de ahí comienza la película mediática. La misión que acababan de cumplir anunciada por López Peña era la detención de Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo”. Todo lo que autoridades, periodistas, especialistas en cárteles de narcotraficantes, tertulianos y columnistas cuenten o contemos debe mantenerse en cuarentena porque es pura ficción contaminada. Una película que se va escribiendo en lugares ignotos.

Hace seis meses “El Chapo” se escapó de la misma cárcel de máxima seguridad a la que ahora le van a destinar. Sale la Fiscal General de México y nos cuenta que se le detuvo debido a que estaba intentando rodar en su finca de un pueblo de Sinaloa una película sobre su vida. O sea, según la señora Arely Gómez, se dedicó a contactar con actores, actrices, productores, guionistas y por ahí se les siguió la pista. Lo que coloca a toda la profesión artística en el disparadero. Alguien se ha ido de la lengua, toda la nómina queda señalada y bajo el albedrío violento de la organización dedicada al negocio del tráfico de drogas que seguirá funcionando con “El Chapo” en la cárcel con la misma intensidad y crueldad o más que estando fuera.

Una película institucional, con un detenido que no muestra mucha angustia en las imágenes mostradas, quizás fruto de su necesidad de notoriedad meidática y ambición cinematorgráfica. Un capítulo más de su biografía. Las dos detenciones anteriores acabaron en fugas de película. Miren, yo estoy leyendo el libro titulado “El cártel” de Don Wislow. Y ahí se encuentran muchas claves y bastante más verdad sobre el asunto que en los mil noticiarios que abren sus ediciones con este avance promocional de la película final. Sigan atentos que vienen muchos episodios violentos en cadena.