Ofensas
Siempre que se hace lo mismo acostumbra a pasar lo de siempre. Encargar el acto inaugural de una capitalidad europea a quien lleva más de treinta años viviendo del mismo cuento es ponerse en manos de un ejecutivo especializado en hacer lo mismo siempre que sea para aumentar su cuenta de resultados, hacer trabajar a los voluntarios convertidos en actores de figuración gratis, con un simple certificado de participación, para repetir hasta la saciedad el mismo esquema, la misma liturgia, las mismas simplezas que calor a su traficante le parece única y lo vende como pensado y diseñado para esa ciudad. Todo acto creativo puede resultar fallido. Es una de las probabilidades, pero en este caso la respuesta de la población, de los dirigentes políticos, de los medios y del tal Hansel son el relato de una mala gestión, de un dislate que no deja buenas sensaciones para un año que debería ser aprovechado no solamente para atraer turismo y resaltar el tópico del marco incomparable, sino para inyectar criterios culturales a una ciudad que debe renovarse.
Esta acción inaugural fue un acto comercial, previsible, despersonalizado, ajeno y excluyente. Y todos se han sentido ofendidos, y el señor Cereza muestra su ofensa desde una soberbia y desprecio a los donostiarras y a todos, memorable. Lo previsible con estos individuos. La próxima vez, consulten, que hay mejores soluciones y más equilibradas de presupuesto y calidad.

«Xeberri eta biok hiru kantaldi egun berean egitera iritsi ginen»

Israel exhibe su impunidad en los escombros de la Unrwa en Jerusalén

Piden cuentas por la contratación pública de dos directivos de Solaria

El PNV cesa a tres ediles de Getxo imputados por el derribo del palacete
