Gala Goya
Una gala es una gala, una gala es una gala, una gala es. Una gala más, con un tono muy comedido, como si Antonio Resines, el actual presidente de la Academia de Cine hubiera sugerido a todos cabalgar sobre su estilo entre campechano y solidario. No hay gala lenta, ni rápida, las galas, todas las galas, son rituales en los que el componente del tiempo se debe utilizar como una estructura flexible que no puede ser condensada ni siquiera con esas músicas que propiciaron el corte de algunas intervenciones y que Ricardo Darín cuestionó al recoger su premio, con buen criterio, ya que curiosamente sucedieron en los momentos donde los intervinientes anunciaban algo reivindicativo, político en el sentido noble del término.
Y es que estaban los cuatro políticos en celo con sus disfraces en la sala, la alcaldesa de Madrid, un ministro de alta alcurnia militar y un presentador, Dani Rovira, que es muy bueno en estos menesteres, que su larga trayectoria en el monólogo lo convierte en un conductor ideal porque sabe estar, sabe regular, sabe colocar las pullas y los comentarios políticos de actualidad y las vindicaciones profesionales con mucha suavidad y probablemente mayor eficacia.
Los premios Goya repartidos por los académicos dibujan una tendencia, se proclama a Truman como película del año, deja regueros de decepción, se visualizan nuevas actrices de fuste, actores de siempre que consolidan su primacía, directoras que llegan hasta la puerta del cielo y una cuestión mediática de absoluto tacticismo, la presencia de Mario Vargas Llosa y su compañera actual, Isabel Preysler. Los comentarios posteriores sobre vestuario y elegancia forman parte de la desidia cultural de los medios de comunicación. La Gala Goya tuvo una audiencia respetable. La simbiosis entre cine y televisión es imprescindible.

«Xeberri eta biok hiru kantaldi egun berean egitera iritsi ginen»

Israel exhibe su impunidad en los escombros de la Unrwa en Jerusalén

Piden cuentas por la contratación pública de dos directivos de Solaria

El PNV cesa a tres ediles de Getxo imputados por el derribo del palacete
