Koldo LANDALUZE
CRÍTICA «El renacido»

Balada de horror y venganza en las Rocosas (II)

En el transcurso de las noches en las que Jack “El destripador” cimentó su trágica leyenda, el Londres victoriano disfrutaba de una representación teatral de “El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde” que causaba furor gracias a su protagonista, un actor que según las crónicas de la época, era capaz de transformar su físico sobre el escenario y sin ayuda de maquillaje alguno. Todo ello podría ser aplicado al actor Tom Hardy, un actor versátil y camaleónico como pocos que no requiere ser sepultado bajo toneladas de maquillaje para demostrarnos su prodigiosa facultad de alterar sus registros dramáticos y su propia apariencia física. El efecto resulta completo y desconcertante si se disfruta de su igual de versatil registro de voces en versión original. ¿A qué viene recordar a Hardy cuando el protagonista es Leonardo DiCaprio? La respuesta se resume en que, sin desmerecer la interpretación sobre todo física realizada por DiCaprio, quien de verdad aporta empaque interpretativo a “El renacido” es un Tom Hardy que le “regala” a DiCaprio la réplica que requería un personaje de su magnitud y con el que aspira a lograr, por fin, su ansiado Óscar.

Subrayado el mérito del actor británico, cabe añadir que el californiano logra su interpretación más poderosa gracias a un papel que no requiere de excesivos diálogos y sí mucha mirada. Buen ejemplo de ello es el encadenado de secuencias en las que, malherido tras el ataque de la osa, asiste en obligado silencio a los pasajes trágicos que espolearán su venganza y que le llevarán a iniciar una ruta salpicada de miedos, dolor, hambre y respiraciones agitadas. Alejandro González Iñarritu ha plasmado en la pantalla un filme poderoso y de gran empaque visual y en el que sorprende la sobresaliente utilización de los efectos digitales pero, sobre todo, la oportuna fotografía de tonos gélidos que ha desarrollado para la ocasión el maestro Emmanuel Lubezki.