GARA

DETECTADAS LAS ONDAS QUE REVELAN UNA NUEVA FORMA DE MIRAR EL UNIVERSO

«He visto cosas que no creeríais, agujeros negros fusionarse y ondas que deforman el espacio y el tiempo a su paso», podrían citar los científicos del laboratorio LIGO, que ayer confirmaron un hallazgo que cambiará la forma de descubrir el universo.

A más de 1.300 millones de años luz, dos agujeros negros que orbitaban entre sí colisionaron formando uno aún más masivo. El choque, uno de lo sucesos más violentos que pueden suceder en el cosmos, deformó el espacio-tiempo a su alrededor provocando «ondulaciones» que se propagaron por todo el universo y que, a su paso por la Tierra, los científicos del observatorio estadounidense de inteferometría láser (LIGO) detectaron el pasado 14 de setiembre. Ayer, cien años después de que Albert Einstein predijera su existencia, anunciaron el descubrimiento.

«Señoras y señores, hemos detectado ondas gravitacionales. Lo hemos conseguido», anunció el director ejecutivo del laboratorio, David Reitze, confirmando en una multitudinaria rueda de prensa lo que los rumores venían anticipando días antes.

Los científicos del LIGO pasaron más de cuatro meses comprobando que los datos provenían del cosmos y no de una fuente en la tierra o de un fallo instrumental, como ocurrió con una falsa alarma en 2014.

Los efectos de estas ondas son tan pequeños que se ha necesitado una nueva generación de instrumentos para detectarlos. Se trata de dos enormes tubos de vacío, de cuatro kilómetros de longitud, orientados en diferentes direcciones y que en su interior cuentan con un láser que mide en todo momento su estado.

Así, cuando una onda gravitacional pasa por la Tierra, el láser detecta que uno de los tubos reduce su tamaño mientras el otro se hace más largo. La onda ha deformado el espacio-tiempo, si bien en una medida tan pequeña que ha costado detectar su efecto más de cien años desde que se sabe que están ahí. Porque su descubrimiento completa la Teoría de la Relatividad General elaborada por Albert Einstein en 1915 y que había predicho sus existencia.

Pero esta durante décadas o fue puesta en duda o ignorada. El propio Einstein tenía sus reticencias y, de hecho, en 1936, intentó publicar un artículo en el que negaba la existencia de las ondas gravitacionales, pero fue refutado y al poco tiempo volvió a aceptarla, aunque dudó de que algún día pudiera demostrarse.

«Oír» el cosmos

El descubrimiento de los púlsares –estrellas de neutrones que emiten radiación a intervalos regulares– llevó a la primera evidencia indirecta de su existencia y en los últimos años se ha desarrollado una red de detectores que, finalmente, ha tenido éxito.

El hito anunciado ayer es doble, ya que se trata también de la primera vez que se detecta la colisión de dos agujeros negros. Cada uno de ellos era entre 29 y 36 veces más masivos que el Sol, con un diámetro de solo 150 kilómetros.

«Gracias a este descubrimiento, la humanidad se embarca en la maravillosa exploración de los lugares más extremos del Universo, donde se forman objetos y fenómenos por la deformación del espacio-tiempo», añadió Kip Thorne, profesor de Física Teórica en Caltech.

Colisiones de agujeros negros, explosiones de supernovas o estallidos de rayos gama podrán ahora ser «observados». La radiación electromagnética con la que se ha venido estudiando el universo no permitía llegar donde sí lo hacen las ondas gravitacionales, que lo atraviesan todo. Es como «oír» los que ocurre en el otro extremo del universo, en lugar de ver.

El potencial del Nobel

France Cordova, directora de la National Science Foundation, que financia el laboratorio LIGO, explicó que esta observación «marca el nacimiento de un dominio enteramente nuevo de la astrofísica, comparable al momento en que Galileo apuntó por primera vez su telescopio hacia el cielo», en el siglo XVII. «Es un hecho histórico que se haya podido detectar por primera vez el efecto sobre la Tierra de estas ondas gravitacionales y abre, por primera vez, una nueva era de la astronomía, la de la astronomía gravitacional, porque ahora tenemos una herramienta más para observar el universo», añadió.

La Agencia Espacial Europea (ESA) se mostró «emocionada» tras el anuncio y se manifestó deseosa de empezar, previsiblemente en marzo, su propia misión en este campo (denominada LISA), con tecnologías que, en este caso, lo harán desde el espacio.

El científico Stephen Hawking celebró también la observación de las ondas gravitacionales y explicó que, gracias a este avance, se podrá ver algunas «reliquias del Universo muy temprano, justo después del Big Bang».

El director del Instituto Max Planck de Física de Hannover, Karsten Danzmann, considera que el descubrimiento de las ondas gravitatorias es algo que merece el Premio Nobel. «Tiene potencial de Nobel, no hay duda de eso», dijo Danzmann en declaraciones a la BBC.