Baltasar Gallardo, el musher que no surgió del frío
El navarro quedó primero corriendo con huskies en la Femundlopet, una prueba de 600 kilómetros.

A diferencia del espía inventado por la pluma de John Le Carré, Baltasar Gallardo no es un musher que haya surgido del frío. Más bien al contrario, su residencia se encuentra a muchos grados latitud sur de las nieves perpetuas donde los inuit comenzaron a utilizar a sus perros como animales de tiro hace cientos de años. Aunque se considera de Barañain, su centro de operaciones se localiza en Mutiloa, localidad cercana a Iruñea, desde donde se las apaña hace casi ya un cuarto de siglo para entrenar y codearse con los mejores del mundo.
Su reciente triunfo en Femundlopet, una carrera de 600 kilómetros por la zona central de Noruega con solo tres paradas obligatorias, así lo atestigua. Una victoria, en todo caso, un tanto agridulce por la caprichosa aplicación del reglamento de la IFSS, siglas en inglés de la Federación Internacional de Perros de Trineo. Hasta el último Mundial, dicho organismo diferenciaba por categorías en función de la raza de los animales empleados.
Gallardo venció en la clase de nórdicos, compitiendo con huskies siberianos, una raza de considerable menor envergadura que los alaskanos, utilizados habitualmente por su mayor resistencia y velocidad por los mejores profesionales del mushing. En esta ocasión, la IFSS no quiso reconocer el mérito del navarro, lo que generó la redacción de un manifiesto de protesta suscrito por muchos de los participantes y la queja formal de la federación alemana.
Decisiones subjetivas al margen, ello no empaña el gran papel del musher navarro, cuyo puesto tiene todavía más valor si cabe, al tratarse de su primera participación en esta carrera. «Fue una gran satisfacción, porque hubo rivales que ya estaban entrenando por las pistas de la prueba desde mediados de noviembre y nosotros solo pudimos hacerlo quince días antes del comienzo», describe.
Durante esos entrenamientos de aclimatación –pasó del templado invierno navarro a los 30 grados bajo cero de allí– las sensaciones no fueron buenas. «Sufrimos mucho frío y algunos perros tuvieron lesiones, por lo que las expectativas no eran muy halagüeñas en los días previos. Sin embargo, cuando llegó la hora de la verdad se comportaron como unos jabatos», reconoce Gallardo.
Y eso que tuvieron que soportar penurias que rozan el límite de lo humano y animal. A las ya de por sí pronunciadas pendientes –algunas entre un 20 y un 25%– de un recorrido en forma de tobogán, musher y perros tuvieron que hacer frente a una inesperada tormenta cuando habían superado el ecuador de la carrera. «Las previsiones meteorológicas no la habían vaticinado, nos pilló de lleno y nos obligó a parar. Fue bastante dantesco, no podíamos avanzar ni un metro y los perros estaban bastante asustados», relata.
Osos y lagos helados
Claro que no es la primera vez que Gallardo pasa por una situación extrema. En su colección de «anecdótas», también hay rugidos de osos «a poco más de cien metros» o pasos de intrincado peligro, como lagos helados, en algunas partes con capas demasiado finas como para soportar el peso del grupo. En la misma Femundlopet, «los perros se empeñaron en uno de esos tramos en ir directamente a un agujero que estaba deshelado, afortunadamente conseguimos hacerles cambiar de opinión», recuerda.
Apoyado por su mujer, Carmen Galán, que hace las funciones de handler –asistente que realiza labores de apoyo e infraestructura–, Gallardo todavía no se ha planteado su siguiente objetivo, aunque le tiene ganas a la Finnmarkslopet, de 1.150 kilómetros de recorrido. «Supone multiplicar los esfuerzos todavía más. Por ejemplo, serían necesarios bastantes más perros de los que tengo y una preparación más exigente y concienzuda. El gasto también se dispararía», apunta. Sin ir más lejos, mantener su camada de canes –veinticuatro ahora mismo, alguno de ellos «jubilados»– le cuesta 20.000 euros anuales.
El coste no es solo económico, sino que el sacrificio también es personal en el día a día. «En agosto, cuando el resto de la gente está disfrutando en la playa de sus vacaciones, nosotros tenemos que madrugar y entrenar antes de que salga el sol para evitar las altas temperaturas. Los mushers que viven en otros países más al norte nos dicen que estamos un poco locos». Locura o pasión, el mérito es indiscutible.
Todo comenzó un buen día en Irati
Aficionado a la pesca y a la bici de montaña, sin saberlo su pasión por el mushing se inició un buen día que Gallardo se daba un paseo sobre dos ruedas por la Selva de Irati. Allí vio cómo otro ciclista era llevado en volandas por un perro de tiro y la idea de interactuar con dicho animal le pareció algo atractivo. Dicho y hecho. Corría 1992 y adquirió su primer husky –Ikatz– con el que, ni corto ni perezoso, se presentó al año siguiente a su primera carrera, disputada en Orereta.
El destino quiso que su estreno fuese victorioso y ello no hizo sino ampliar todavía más el gusanillo de la competición. A partir de ahí, el musher navarro comenzó a meterse de lleno en un mundillo que ya es parte importante de su vida. «Me enganchó la complicidad que hay entre el perro y el guía», indica con entusiasmo.
Doce veces campeón estatal, además de otra a nivel continental hace diez años en Eslovaquia, ganador de la prueba más antigua que se disputa en Suiza en dos ocasiones –con 20.000 espectadores en el recorrido–, vencedor en 2000 del Trofeo Saboya y tres participaciones en Pirena son el palmarés más sobresaliente de alguien que ha sabido sacarle rendimiento deportivo a su pasión.
Una modalidad que en Euskal Herria sigue haciéndose un hueco, pese a las dificultades que encuentra por su coste económico y por la falta de espacios donde poder entrenar con nieve. «Ahora se ha puesto de moda el cani cross –atletas corriendo con su perro atado– y en nuestra zona hay un grupo de deportistas que están compitiendo a muy buen nivel», explica Gallardo respecto a esta alternativa practicable por estas latitudes.N..M.

Iban Apaolaza presoa hilik aurkitu dute Aiako Harrian

«Están naciendo niños cuyo abuelo está en la cárcel, esto no es normal»

El robo del año no ha tenido lugar en el Louvre, sino en Spotify

Xabi Iraola proposatu dute Sorturen koordinatzaile orokor izateko
