2016/02/22

Investigadores pretenden estudiar la «genética violenta» de militantes de ETA

Investigadores de la Universidad de Maryland pretenden llevar a cabo un estudio sobre el rol que juega la genética en las acciones de violencia política, y para ello han escogido a Euskal Herria. Buscan hacer entrevistas y tomar muestras de ADN a ciudadanos vascos, hayan sido militantes de ETA o no, y presentar conclusiones el año que viene.

Mañel LARENA
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Según ha podido saber este periódico, investigadores estadounidenses de la Universidad de Maryland se disponen a realizar un estudio que tiene como objetivo analizar si la variación genética juega un rol en los actos de violencia política. Y para ello han tomado como referencia dos poblaciones diferentes y separadas, la de los vascos, –en general, y muy concretamente, la de aquellos que han participado en ciertas organizaciones que han ejercido la violencia– y la de la juventud de EEUU.

En concreto, además de analizar el contexto sociopolítico, la represión y otros factores vitales traumáticos, se disponen a medir la relación de estos con el factor genético y qué peso tiene cada uno en la opción de dar respuestas violentas.

Los promotores del trabajo estarían especialmente interesados en la genética del comportamiento, en las variaciones de la monoaminooxidasa A (MAO-A), una enzima que regula la degradación metabólica de la serotonina y noradrenalina en el sistema nervioso, así como en el gen 5-HTT, responsable del transporte de la seronina.

Ambos estarían relacionados con las respuestas que cada persona da ante situaciones adversas y de estrés, como el enfado o en última instancia la utilización de la violencia.

Literatura, pero no evidencias

Esta investigación pretende realizar las entrevistas y la toma de muestras de ADN de vascos, hayan sido militantes de ETA o no, durante todo este año 2016. Y tras estudiarlos en laboratorios de EEUU creen estar en disposición de presentar algunas primeras conclusiones a principios de 2017.

Aunque existe mucha literatura seudocientífica en torno a la existencia de un componente genético, del involucramiento del metabolismo de neurotransmisores y la participación de estructuras cerebrales corticales como vía interpretativa para la comprensión de las razones del uso de la violencia, lo cierto es que esa línea de investigación va perdiendo fuerza y adeptos. Utilizar la genética como un indicativo de tendencias «criminales» y hacer del análisis de los genes la prueba del algodón que determina cómo va a responder una persona constituye una vía que carece de credibilidad científica, llegando a resultados que resultan considerados generalizadamente como erróneos o sesgados.

Cierto es que varias investigaciones reconocen alguna influencia genética en la opción por el uso de la violencia, pero son solo eso, líneas de investigación. Hasta la fecha no se ha conseguido generar un patrón genético específico vinculado directamente a conductas o decisiones concretas.

No es lo mismo, pero rima

El estudio que se disponen a realizar estos investigadores de la Universidad de Maryland, aunque no es lo mismo, sí rima con diferentes tentativas sistemáticas de poner la genética y la psiquiatría al servicio de una ideología, con la aplicación de cierto racismo de matriz «científica» en la lucha política.

Basta recordar que los nazis, Franco, Pinochet o la Junta Militar argentina intentaron la erradicación del enemigo –los «rojos», judíos o separatistas– como un acto de «limpieza biológica o étnica».

Intentar explicar el conflicto vasco desde la genética, haciendo conjeturas con el «cerebro violento» de los voluntarios de ETA, es una barbaridad que no se sostiene. Pero la tentación todavía pervive en instancias como este grupo de investigadores de Maryland.

 

Siguiendo las huellas de Cesare Lombroso e investigadores nazis

No pueden calificarse, de ninguna manera, como innovadores los impulsores del estudio que pretende llevar adelante la Universidad de Maryland. Ya el considerado precursor de la criminología, Cesare Lombroso, que a finales del siglo XIX defendía que el delito era resultado de tendencias innatas y observables de orden genético, afirmó haber descubierto «científicamente», junto al «criminal nato», el tipo físico y psicológico del anarquista.

Los nazis desarrollaron su terrible teoría a escala industrial en los campos de concentración. En cuanto a los franquistas, el inefable Antonio Vallejo Nájera, jefe de los Servicios Psiquiátricos Militares, investigó el «biopsiquismo del fanatismo marxista». Para ello contaba, además del aplauso y apoyo del mismísimo Franco, según sus propias palabras, «con la enorme cantidad de prisioneros de guerra» y ello «permitía efectuar estudios en masa, en favorabilísimas circunstancias que quizás no hayan a darse en la historia del mundo».

Con las «cariñosas facilidades» dadas al joven científico del Inspector de los Campos de Concentración, –pone los pelos en punta imaginarse cuáles fueron esas facilidades–, Vallejo Nájera inició sus investigaciones en serie sobre «las cualidades biopsíquicas del sujeto y el fanatismo político democrático-comunista». La psiquiatría y la criminología dieron por buena la categoría del «delincuente patológico», idea, por desagracia, todavía presente en las legislaciones de excepción.M.L.