«No podemos seguir toda una vida igual, cuando de ayer a hoy nuestras vidas dan giros de 360º»
Comenzar, darse a conocer, vencer, es complicado. Los bilbainos Enkore han pasado por parte de ese proceso, a veces largo, ocasionalmente amargo y, en ocasiones, dulce. Y en ese punto de caramelo se encuentra el cuarteto del barrio de Errekaldeberri, que lanza en estos días «E», un disco de cambio sin perder del todo las raíces. Rock bailable que les posiciona en la primera línea.

Enkore y jarkore se llevaban bien incluso desde la rima, pero el cuarteto bilbaino no ha querido quedarse demasiado tiempo enjaulado en su propios esquemas, de tal modo que con “E” (Baga Biga), se produce un cambio que puede entenderse desde lo brusco a la pendiente moderada hacia otro tipo de emociones. Siguen con su capacidad melódica, el estribillo inspirado, los acordes rockeros, pero Enkore derivan en su tercer disco hacia sonidos rock-dance, pop-rock rítmico y con los teclados y sintes (qué bien suenan las imparables “Zerua” o “Gure gaua”, la rockera envolvente “Ortzadarra”, la desenfada y bailonga destroyer “V” o el tiempo medio y ambiental que supone “Hegan”, muy rasposa, sentida y fluida) podría entenderse un acercamiento hacia la electrónica. Giran, evolucionan y no suena a pastiche. El cambio no es sencillo, pero lo han completado con tanta delicadeza, pegada y sentido común que todo parece cabalmente natural. Es el inicio de un tiempo nuevo, pero no empiezan desde cero, la temperatura es mucho más alta. De alguna forma, nos recuerda al cambio de otra banda nacida en el mismo barrio, Zea Mays.
La vida lleva en su interior el propósito del cambio, no apalancarse y el cambio de «E» les funciona muy bien.
El cambio musical es algo inevitable cuando cuatro músicos de “veinti-algunos” se encuentran en pleno cambio como personas. Hace poco leí una tesis doctoral sico-sociológica que defendía la hipótesis de que la crisis económica había afectado a los conceptos de madurez, estabilidad etc. que se le presuponían a una persona de nuestra edad. La tardía o inexistente inmersión laborar, el ansia de emancipación económica… hacen que nos hayamos convertido en eternos adolescentes y que la estabilidad sea como los reyes magos: los padres. No podemos seguir toda una vida igual cuando de ayer a hoy nuestras vidas dan giros de 360º.
«Bihotz ezkutua» se inicia con un cierto toque blues camuflado por melodía vocal con cierto tono brit-pop y un vago recuerdo del jarkore melódico de tiempos atrás. El deseo de despojarse de la mochila, no obstante, llega con «Zerua», donde la textura general y el uso de teclados tan dinámicos lo trastoca todo.
Somos una banda inmersa en un continuo proceso de aprendizaje. En el último año, más que nunca, hemos sabido apreciar y valorar los inicios del rock. Quizá hayamos buceado hasta los 50 para comprender por qué bandas como la nuestra flotan a día de hoy. “Bihotz ezkutua” es, posiblemente, el reflejo de todo ese mar. Hemos querido sacar a flote esos moldes bluseros de antaño y vestirlos adecuadamente para una cena de gala en cubierta, en pleno 2016. Somos ahora porque fueron 70 años antes. Con el sonido pasa algo parecido: hemos jugado con amplificadores viejos, experimentando mucho con las sonoridades que usaban los pioneros en esto del rock; pero, asímismo, tampoco hemos querido despojarnos de los medios actuales. “Zerua” es una pieza muy distinta. Surge de una idea, un concepto, que me daba vueltas cuando regresaba de Magdalenas. Había pasado el día en Elantxobe y la noche en Bermeo, con mis amigos. Parecía que ahí estaba el sentido de nuestra felicidad, en las noches locas de fiesta. Pero amaneció en el puerto y me di cuenta de que ese cielo algo quería contarme: la felicidad solo sería una ilusión que nos seguirían vendiendo embriagada en kalimotxo mientras no luchásemos por la felicidad en sí, esa que tienes cuando eres libre. Este tema había que bailarlo, ahí reside el sarcasmo, la reflexión, la lucha… legué al local de ensayo con la idea, después de madurarla durante meses, y conectamos los sintetizadores.
Todo el disco apunta hacia donde queréis ir sin complejos, por lo que no es solo «Zerua», «Gure gaua» es otro eje liberando sintes, bajos, «Nomada» insiste en el pop bailable siguiendo ese deseo de mirar hacia fuera… Skasti dejaron atrás todo su repertorio ska en poco más de un año para pasarse al pop-dance-melódico, rítmico… «Nada de ska», dijeron. ¿Cómo queda vuestro repertorio, cómo se acopla el pasado y el presente?
Nosotros al contrario que muchas bandas, incluyendo a Skasti, no renegamos de nuestros años anteriores. Si no hubiese habido un “Faktore komunak! y un “Kanala”, no existiría “E”. Somos una banda actual, que hacemos lo que nos gusta y dentro de lo que nos gusta están las canciones de los discos anteriores, de las cuales nos enorgullecemos cada vez que las tocamos en directo. Si que es verdad que algunos temas más viejos quedarían un poco fuera de lugar dentro de un setlist en el que presentamos el nuevo disco. Los hemos adaptado para que el directo de la gira ETour tenga un sentido y una redondez que nosotros también agradecemos sobre las tablas. Entendemos el concierto como un todo, no como 20 canciones.
¿“E” es una reafirmación, un nuevo tatuaje “e”lástico? Con Zea Mays, también más pop-rock ahora, aunque con matices, suele sonar al final de sus conciertos la canción de Eskorbuto con el mensaje de «Cuidado, cuidado, somos los mismos que cuando empezamos». Quizá por si alguien siente la tentación de insinuarles algo similar a traición.
Esa es la idea. Somos Enkore, somos cuatro niños de barrio. Al final de nuestros conciertos suena House Of Pain o Beastie Boys, creo que es más o menos lo mismo que pasa con Zea Mays, pero con 15 años de diferencia. Por otra parte que alguien nos insinúe traición nos importa más bien poco, somos fieles a nosotros mismos.
Retomo el excelente «Gure gaua». Les coloca en la senda de propuestas como Grises, Rural Zombies, Skasti y algunos más. No obstante, me da la impresión de que el cambio general aún podría haber sido más radical, que ha habido una cierta prudencia no sé si consciente o de retención natural.
No ha habido prudencia alguna, no de forma consciente por lo menos. Los grupos que nombras parten todos de un mismo productor (Eñaut Gaztañaga), que tiene un sentido de hacer sonar a las bandas muy personal. Nosotros hemos trabajado con José Lastra y Urtzi Iza, que, posiblemente, miran a la música desde otra perspectiva. Supongo que las influencias musicales de esos grupos también son más cerradas que las nuestras, aunque si que es cierto que seguramente todos compartamos pasión por unos Foals, por ejemplo.
Las ideas de los temas originales se fueron abriendo más y más con el repaso de estos y las ocurrencias del estudio. Jose lastra las coge todas al vuelo y sabe lo que es dar la vuelta a un estilo. Desconozco el histórico de Urtzi Iza…
Yo soy muy cabezón con las canciones. Las pienso y sé lo que quiero transmitir, pero a veces se torna harto complicado explicarle a alguien qué es ese eso que tiene que sonar. José Lastra ha hecho un magnífico trabajo, le estaremos toda la vida agradecidos. Ha pasado tardes enteras en nuestro local de ensayo mientras dábamos forma a los temas. Tiene una experiencia que hace que hasta yo confiara en él a ciegas (no siempre). Urtzi Iza es el guitarrista de la banda, él ha sido un poco quien ha sabido plasmar el sentimiento y lo que buscábamos como grupo, él es el productor que mejor me entiende sin ninguna duda. Ha sido la figura del tira y afloja cuando Lastra proponía hacer cosas que no las veíamos para nosotros. Síguele de cerca, porque Urtzi tiene un futuro increíble en la producción. Síguele la pista.

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