Pepe LASO

Manel Comas, el triunfo de un optimista por encima de todo

No estará Manel Comas entre nosotros, y sin embargo, su importancia en el título de Recopa –Copa de Europa– del Taugrés Baskonia en 1996 es algo que nadie puede negar.

Manel ha sido algo más que un muy buen entrenador. Junto con Dusko Ivanovic, me atrevería a decir que es el entrenador más importante de la historia de este club, que ha casado perfectamente con el carácter del mismo. Clarividente para convencer a Ramón Rivas de que podía liderar a aquel Baskonia a la consecución de aquel título frente al Paok de Salónica; con un punto de atrevimiento a la hora de sentar en el banquillo a Nicola y Perasovic y otorgar confianza en sus posibilidades a jóvenes como Millera, Carlos Cazorla o Jorge Garbajosa. Sobre todo, un optimista por encima de todo.

Cuando la final empieza torcida y decide sentar a Nicola y Perasovic porque estaban sufriendo ante los Prelevic, Stojakovic o Rentzias, Manel sigue confiando en ellos. Pese a su sobrenombre de «sheriff», Manel es un entrenador de mirada limpia, y que aplica la justicia igual con un Garbajosa de 18 años o con Perasovic. Es exigente, pero trata a sus jugadores con cariño y respeto. Solo así consigue contagiar ese optimismo, que quizá nadie más tuviera antes de aquella final.

Manel gana aquella Recopa tras dos finales perdidas con el Taugrés y otra más con el CAI Zaragoza. Por mucho que se diga, en el deporte no existe el desquite, pero sí la maduración, la corteza que hace al equipo aguantar lo que no pudo en las anteriores finales. Él hace regresar y rendir a Nicola y Perasovic en el momento decisivo del partido, hacer que rompan el partido.

El Baskonia conquistaba su primer título europeo y se le abrían las puertas de la élite europea; una Scala de Milán en el que ha llegado hasta el palco. Gracias a Manel Comas.