Jaime IGLESIAS
MADRID
Elkarrizketa
OLIVER HIRSCHBIEGEL
DIRECTOR DE CINE

«El nazismo no me genera conciencia de culpa, sino un malestar profundo»

Nacido en Hamburgo en 1957 se dio a conocer internacionalmente con «El experimento» (2001). Tres años después recibiría una nominación al Oscar con «El hundimiento», donde recreaba los últimos días de Adolf Hitler. Tras probarse, con poca fortuna, en el cine de Hollywood, su última película, «13 minutos para matar a Hitler» (que acaba de estrenarse entre nosotros), marca su regreso a Alemania.

¿Hasta qué punto puede llegar el aguante de un hombre cuando siente que su libertad individual es restringida por un sistema político represivo? Esa es la pregunta que Hirschbiegel intenta responder en “13 minutos para matar a Hitler”, película centrada en la figura de Georg Elser, un carpintero que en 1938 preparó un atentado que bien pudo cambiar el curso de la Historia si el Führer y la cúpula del Reich no hubieran abandonado antes de lo previsto la cervecería muniquesa donde el partido nazi celebraba su mitín conmemorativo anual.

¿Cómo llega usted a la figura de Georg Elser?

No me resultaba alguien ajeno, ya que conocía su historia desde mi juventud y, de hecho, mientras recababa información para “El hundimiento”, tropecé con su nombre en varias ocasiones. Aun así nunca me había planteado rodar un filme sobre él y menos después de “El hundimiento”, tras aquella película juré que no volvería a hacer nada relacionado con el Tercer Reich. Pero los productores de “13 minutos para matar a Hitler” llevaban algunos años detrás de mí para que me hiciera cargo de esta historia y, pese a mis reticencias iniciales, al final me presentaron un guion tan interesante y bien estructurado que pensé ‘¿por qué no?’.

¿Qué fue lo que le atrajo del guion?

Principalmente que no utiliza el atentado para generar tensión dramática, lo cual tampoco habría tenido mucho sentido porque todos sabemos que fue una acción que fracasó,. Nuestra historia arranca con el atentado y a partir de ahí se desencadenan una serie de flashbacks que nos llevan a conocer más en profundidad a Elser y sus circunstancias y también el contexto histórico. Para mí, tanto en “El hundimiento” como en esta película, siempre fue muy importante que los nazis no apareciesen como unos villanos de opereta sino como seres humanos, como perfiles creíbles, y por eso mismo, más temibles.

¿Y esa humanización del monstruo no plantea un escenario de riesgo?

¿Te refieres a la posibilidad de que el espectador empatice con el nazismo? No, no creo que, en ese sentido, mis películas conlleven semejante riesgo porque el mal aparece muy definido en ellas. Pero, al mismo tiempo, procuro que los nazis sean personajes interesantes para el público, porque solo desde ese interés el espectador puede confrontarse con la perversidad en su estado más complejo, aquel que posibilitó la aniquilación de seis millones de personas por acción u omisión.

En un momento de su película, cuando está siendo interrogado Elser comenta «actué solo, no tuve colaboradores, aunque hubiera querido nunca les habría tenido». ¿Tan fuertemente alienada estaba la sociedad alemana de entonces?

En 1938, año en el que tuvo lugar el atentado de Elser, la sociedad alemana estaba o bien entregada al nazismo o bien paralizada por el miedo, pero no engañada, como después se dijo. Cabe recordar que en las elecciones del 33 el partido nazi sacó casi la mitad de los sufragios y para esa época Hitler ya había publicado “Mi lucha”, o sea que su proyecto político era público y notorio. Por si quedaba alguna duda al respecto, la abolición de la Constitución y la eliminación sistemática de cualquier adversario político, terminaron por despejarlas. Pero el drama estuvo precisamente ahí, en que los principales focos de oposición al nazismo habían sido desarticulados y sus responsables asesinados, encarcelados o forzados a exiliarse. Todo quedó allanado para la instauración de un sistema donde el Estado ejercía un control total sobre el individuo y fue contra eso contra lo que reaccionó Elser porque él no era un activista como tal. Cuando la voluntad colectiva se haya secuestrada, únicamente cabe confiar en la iniciativa individual.

El tema de la alienación, tanto individual como colectiva, está muy presente en su filmografía, no solo en esta película sino también en «El experimento», «El hundimiento» o en el remake que hizo en Hollywood de «La invasión de los ladrones de cuerpos» («Invasión»)...

Siempre me ha fascinado el efecto que los sistemas represivos tienen sobre el ser humano y la respuesta que este es capaz de ofrecer cuando se halla sometido a unos dogmas de pensamiento que restringen su autonomía individual. En el caso de esta película, quise poner en valor la acción de Elser como la propia de un ser solitario sometido a una presión extrema. Él fue un espíritu libre que sintió como el nazismo le despojaba de su proyecto de vida, le dejaba sin presente y sin futuro. Desde este punto de vista, el atentado que perpetró más que una acción política cabe interpretarlo como un modo de poner fin drásticamente al conflicto que vivió este personaje en su interior al ser desposeído de lo que más amaba: su libertad.

Usted pertenece a la primera generación de alemanes que gestionó intelectualmente ese legado. ¿Cómo fue el despertar de su propia conciencia ante lo que había pasado?

Bueno, frente a la generación que me precedió, que vivió como un auténtico shock el descubrimiento de una realidad sobre la que sus padres habían guardado un escrupuloso silencio, a nosotros ese período de nuestra historia reciente ya nos fue explicado en la escuela.  Lo que ocurre es que aún imperaban muchos tabúes sobre el nazismo. Según nos lo explicaban, parecía como si el Tercer Reich hubiera sido obra de cuatro lunáticos pero lo que yo siempre me preguntaba es ¿cómo se sostuvo aquello?, ¿cómo honrados padres de familia participaron activamente de aquel horror?, ¿cómo fue posible llevar a cabo el más horrible crimen que la Humanidad ha conocido ante la pasividad de la población civil? Y para esas preguntas en la escuela no había respuestas, las tuvimos que ir encontrando luego por nuestra cuenta. A mí como alemán, los años del nazismo no me generan conciencia de culpa, sino un profundo malestar.

¿En qué medida la sociedad alemana sigue aún cargando con ese sentimiento de culpabilidad o malestar, según usted lo define?

Es difícil precisarlo, pero yo creo que las nuevas generaciones están un poco saturadas con el tema del nazismo. Lo sienten como si fuera un fenómeno del pasado completamente ajeno a ellos, algunos incluso te dicen ‘sí fue un horror, una mancha que siempre nos acompañará, pero nosotros no tuvimos ninguna responsabilidad y, por otra parte, ya hicimos el análisis pertinente, ahora lo que toca es mirar al futuro’. Y yo entiendo esta postura pero, a la vez, creo que ignorar la propia Historia es un error que puede traer consecuencias fatales. Además, tomemos el ejemplo de los norteamericanos, ellos nunca han dejado de mirar al futuro pero eso no quita para que Hollywood siga haciendo películas donde se analizan las tensiones raciales sobre las que se forjó el país y el exterminio de las culturas indígenas. Si EE.UU se hace eso ¿por qué nosotros no?

¿Cree que el cine alemán ha cambiado el enfoque desde el que se confronta con el pasado? Hasta fechas muy recientes abundaban las películas intimistas sobre las consecuencias que tenía en el individuo el peso del legado histórico pero películas que reconstruyesen abiertamente aquel período había muy pocas.

Sí, pero eso tiene que ver con lo que te comentaba antes acerca de la educación que recibimos. Como, según nos dijeron, el Tercer Reich fue obra de unos monstruos, había un miedo cerval a la hora de abordar su representación, de ponerles voz y rostro, porque eso, en el fondo, implicaba despojarles de su condición de demonios y conferirles rasgos humanos. En este sentido, y no es por vanagloriarme, creo sinceramente que “El hundimiento” abrió nuevas puertas en el cine alemán y hoy en día más allá del análisis del legado sobre el individuo, son muchos los directores  de mi país que se atreven a abordar, sin complejos, el fresco histórico sobre los años del nazismo.