Koldo LANDALUZE
CRÍTICA «Kung Fu Panda 3»

Fantasía oriental de última generación

A millones de kilómetros de distancia creativa de la factoría Pixar, DreamWorks  perseverá en su empeño por mantener su puesto secundario dentro del campo de la animación prolongando la aventura iniciática protagonziada por el simpático oso panda Po en una tercera entrega que no traiciona en momento alguno los elementos que le han otorgado un plus de popularidad entre el siempre selecto e inteligente público infantil. A falta de un guion ingenioso o por completo renovado, el filme incide en una excusa argumental que le reporta buenos resultados, el encuentro entre Po y su padre biológico. Esta situación exprime al máximo las posibilidades de la trama gracias al perfil divertido del padre y el rol que ahora le corresponde al padre adoptivo del protagonista el cual siempre se mostrará un tanto receloso y espectante ante este encuentro. Agotado el caudal de la originalidad, a esta franquicia tan solo le queda darlo todo en su vertiente técnica e incidir en los gags y situaciones que nunca fallan por mucho que estas pequen en exceso de poca valentía dramática. En cuanto al apartado técnico, la tercera entrega de “Kung Fu Panda” incluye un buen puñado de secuencias vibrantes y de gran impacto visual que permiten disfrutar de la esencia infantil del wuxia. Todo ello aderezado con una escenografía colorista que, en cuanto accedemos al pueblo perdido de los Panda,  nos  recuerda a aquellas entrañables y añejas  fantasías orientales que fueron concebidas en cartón piedra. Otro elemento muy a tener en cuenta es la inteligente utilización de la alternancia entre el 3D y 2D  la cual no apabulla al espectador para quien está dirigida y que, por el contrario, anima la velada mediante espectaculares profundidades de campo. Fantasía y humor siguen siendo las claves de este producto disfutable que al menos no fracasa en su empeño de entretener al respetable lo cual posibilitará una cuarta entrega que podría determinar el futuro de la saga.