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SKOPJE-ATENAS

Macedonia deporta a Grecia a los refugiados que cruzaron el río

Macedonia aseguró haber deportado a Grecia a más de un millar de refugiados que entraron en su territorio cruzando el río Suva Reka, aunque Atenas negó tener información sobre esas devoluciones y pidió a los demandantes de asilo que desistan de cruzar los Balcanes.

Los alrededor de 1.500 refugiados que el lunes cruzaron la frontera entre Grecia y Macedonia, cerrada desde hace una semana, fueron enviados ayer de vuelta al país heleno, según dijeron las autoridades de Skopje, mientras Atenas, sorprendida, dijo no haber recibido ninguna solicitud oficial para esas devoluciones que se efectuaron por «cruces no legales». Los refugiados bordearon la valla fronteriza y atravesaron el río Suva Reka –donde murieron al menos tres afganos–, cerca de Moin, después de semanas bloqueados en el campamento de Idomeni en condiciones lamentables, pero fueron detenidos.

«Todos los inmigrantes han sido llevados de vuelta a Grecia. También todos los que cruzaron ilegalmente la frontera, incluidos los periodistas», confirmó a Efe el portavoz del Ministerio del Interior, Toni Angelovski. «Abandonaron el territorio de Macedonia hacia Grecia desde el mismo punto por donde entraron, es decir, por el río. Cruzaron el río de nuevo», señaló el portavoz del Ejército Macedonio, Toni Janevski.

Uno de ellos es el iraquí Hassan Omar, que tardó cuatro horas en llegar en silla de ruedas desde Idomeni hasta territorio de Macedonia, pero cuando apenas había pasado la frontera fue interceptado por militares, que se mostraron «muy duros», y devuelto junto a varios cientos de refugiados más, en lo que describió como en una «máquina de muerte». Omar lo consiguió gracias a la solidaridad de extraños que empujaron su silla durante ocho kilómetros de terreno escarpado y fangoso, pero un día después estaba en el mismo lugar del que intentó huir.

Actitud «criminal»

El primer ministro griego, Alexis Tsipras, denunció la actitud «criminal» de los organizadores del intento de entrada a la fuerza en Macedonia y pidió a los refugiados que abandonen esta ruta hacia el norte de Europa, ya que la frontera permanecerá cerrada, tal y como insistió Skopje.

«Ayer vivimos una situación inaceptable» en Idomeni, donde unas 12.000 personas permanecen bloqueadas. «Esta gente que desde hace días vive en condiciones miserables fue víctima de una desinformación por parte de personas que se hacen llamar voluntarias», señaló Tsipras en alusión al folleto, escrito en árabe, que fue repartido en el campamento para alentar a los refugiados a entrar por la fuerza en Macedonia «arriesgando su vida». El folleto mostraba un mapa con el punto en el que termina la valla fronteriza y donde el cauce del río forma la línea limítrofe, y se decía que la frontera no abriría y que Atenas tiene previsto desalojar el campamento, detener a los refugiados y enviarlos de vuelta a Turquía.

Tsipras emplazó a los refugiados a dejar que su Gobierno los traslade desde Idomeni a centros de acogida organizados –no están cerca de la frontera para no transformar la crisis de los refugiados en una crisis diplomática, explicó– y subrayó que la frontera hacia los Balcanes «está cerrada» y «no hay posibilidad de que los que cortaron esa ruta la vayan a reabrir».

Desde Idomeni, el comisario europeo de Interior e Inmigración, Dimitris Avramopoulos, instó a cumplir de «inmediato» con la reubicación de los solicitantes de asilo, trasladando cada semana a 6.000, mientras Acnur pidió a la comunidad internacional que ofrezca al menos 480.000 plazas para reubicar a sirios que huyeron de la guerra.

Mañana y el viernes se celebra otra cumbre en Bruselas en la para intentar cerrar el acuerdo UE-Turquía.

La alcaldesa de Lampedusa ve una «declaración de guerra» de la UE

Guiseppina Nicolini, alcaldesa de Lampedusa, la pequeña isla italiana que acoge demandantes de asilo desde hace veinte años, considera que la UE ha declarado la guerra a los refugiados que llegan desde países en guerra, por su política de cierre de fronteras.

Nicolini, que ayer estuvo en Barcelona para recoger el XXXVI Premio por la Paz, que otorga la Asociación de Naciones Unidas en el Estado español, con el apoyo de la Diputación de Barcelona, opinó que la política europea de no afrontar la llegada de cientos de miles de refugiados supone «el hundimiento de la gran familia europea, aunque la sociedad civil está por encima de la política y toma la acción», como los armadores que ceden barcos para que se puedan rescatar personas en el Mediterráneo.

Citando al papa Francisco, Nicolini coincidió con él en que se ha iniciado ya la tercera guerra mundial por parte de los estados europeos, pero esta vez contra las personas más pobres y débiles.

Expresó su voluntad de que el premio sea «el inicio y la oportunidad para continuar trabajando todos juntos». «El mar Mediterráneo está lleno de Lampedusas, pequeñas islas y territorios, también en Grecia, que dan lecciones de concreción y ayuda en favor de los refugiados», argumentó.

«La situación debe ser aceptada, afrontada y resuelta, para que el Mediterráneo no sea solo un cementerio, sino que vuelva a ser la fuente de belleza, cultura y vida que siempre ha sido», subrayó.GARA