Mikel CHAMIZO
BILBO
Elkarrizketa
GABRIEL ERKOREKA
COMPOSITOR

«Más que para percusión, ‘Zuhaitz’ es un concierto para Kalakan y orquesta»

La Orquesta Nacional de España estrena este viernes en Madrid la última obra del compositor bilbaino Gabriel Erkoreka, un concierto para txalaparta y orquesta titulado «Zuhaitz» que Erkoreka ha escrito pensando específicamente en las cualidades musicales del trío Kalakan. El estreno estará dirigido por otro prestigioso músico bilbaino de la generación de Erkoreka, el director de orquesta Juanjo Mena.

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El bilbaino Gabriel Erkoreka es un compositor que siempre se ha sentido atraído por las combinaciones instrumentales inusuales. Además de en numerosas piezas de música de cámara, podemos rastrear este interés de Erkoreka en algunas de las obras más importantes de su catálogo, como “Kantak”, “Akorda” o “Afrika”, conciertos protagonizados poir instrumentos solistas tan poco comunes como el flautín, el acordeón o la marimba, respectivamente. En su último experimento, finalizado hace escasas semanas, Erkoreka ha vuelto a involucrarse con una combinación instrumental sorprendente: la unión de la txalaparta con la orquesta sinfónica. “Zuhaitz”, que así se llama la creación, será estrenada este viernes en el Auditorio Nacional de Madrid, en el marco de la temporada de abono de la Orquesta Nacional de España, con el trío Kalakan interpretando la txalaparta y también cantando y tocando otros instrumentos folclóricos vascos como la alboka, la xirula o la adarra. 

 

¿Cómo surgió este encargo tan inusual de reunir la txalaparta de Kalakan con la Orquesta Nacional de España?

Fue la propia orquesta la que me propuso componer una obra en la que los miembros del trío Kalakan actuaran como solistas. Me pareció una idea sorprendente y también arriesgada desde el punto de vista musical, pero lo cierto es que acepté el encargo sin pensármelo dos veces.

 

¿Por qué ese título, «Zuhaitz»?

La obra gira principalmente en torno a los instrumentos construidos con madera, con la txalaparta como motor principal, pero también otros como la marimba, el xilófono, wood-blocks y tablas de madera de distintos tamaños tienen un papel destacado. Me pareció que el título podría reflejar de una manera simbólica el que un árbol volviera a la vida a traves de los sonidos que emanan de estos instrumentos. Desde luego, la obra tiene un fuerte trasfondo ecologista y podría decirse que es un canto, o mejor, un grito en defensa de la naturaleza. ¡De hecho incluye hasta un irrintzi!

 

¿Cómo se aborda la tarea de reunir sobre el escenario dos prácticas musicales tan distintas: la improvisatoria y sin partitura de la txalaparta, con los instrumentos clásicos de la orquesta? ¿Qué tipo de discurso propone el concierto?

Sin duda, se trata de un reto para todos, ya que combinamos dos mundos muy distintos. Por un lado los músicos de Kalakan, que vienen de la tradición oral, y por otro lado la orquesta sinfónica que, como bien apuntas, lee de la partitura escrita hasta el último detalle. Mi propuesta consiste en ofrecer a los solistas una serie de pautas que van modificandose en función de unas señales acústicas que aparecen en la orquesta. De esta forma consigo que se orienten, estando atentos a la música que les rodea y reaccionando con ella, pero que a la vez sean capaces de improvisar con cierto grado de libertad.  

 

¿Qué son los principales problemas técnicos, de equilibrio, compositivos, que ha habido que superar en esta reunión de la txalaparta con la orquesta?

La obra está planteada como un concierto, y si bien hay secciones en las que el balance entre los instumentos podría plantear problemas de equilibrio, hay espacio para que puedan oirse tanto juntos como por separado. La intención ha sido buscar diferentes tipos de toque en la txalaparta para que pueda ofrecer una gran variedad de recursos rítmicos, que en cierto modo son casi permanentes o perennes. Mientras tanto, tenemos a una orquesta sinfónica en constante evolución, que a veces funciona como una caja de resonancia y otras se ramifica en diversas direcciones, pero siempre dando la sensación de avance, haciéndonos más conscientes del paso del tiempo. 

 

¿Ha podido trabajar en conjunto con los miembros de Kalakan? ¿Qué ha surgido de ese trabajo en común?

Antes de empezar la composición me reuní con Jamixel, Xan y Thierry, y me mostraron todos los instrumentos que suelen utilizar. A raíz de este encuentro decidí que la txalaparta tendría un papel central pero que también iría acompañada de otros instrumentos del folklore vasco como la alboka, la xirula, un adarra (cuerno), así como otros instrumentos de percusión y, por supuesto, la voz. Así que en realidad mi obra, más que un concierto para percusión, es una obra para Kalakan y orquesta, ya que he pretendido que se amolde a ellos como un guante. Sus voces aparecerán a veces de una forma velada, y otras ya directamente entonando una canción popular con acompañamiento de bordones de las cuerdas graves de la orquesta.

 

Existe un concierto previo para txalaparta y orquesta, llamado «Txalaparta» y escrito por Ivan Fedele, que se ha interpretado varias veces en Euskal Herria. ¿Qué diferencias de concepto podemos encontrar entre «Zuhaitz» y aquel?

Creo que la principal diferencia de planteamiento viene dada por la duración. La obra de Fedele era parte del proyecto “Tesela”, un proyecto interesantísimo que llevó a cabo la Orquesta Sinfónica de Euskadi que consistía en encargos de obras breves. En mi caso, la duración total de “Zuhaitz” ronda los 25 minutos. Aparte, y como ya he comentado antes, en mi obra aparecen diversos instrumentos autóctonos. Aún así, creo que la diferencia fundamental entre las dos obras, en cuanto al uso de la txalaparta se refiere, es el diferente espacio para la improvisación que se les da a los solistas.

 

El folklore, y en particular el vasco, jugó un papel importante en sus obras de los noventa y primeros años del dos mil, pero luego su música fue centrándose en otras preocupaciones. ¿Cómo ha sido este retorno, casi forzado por el contexto instrumental, al folklore diez años después? ¿Ha cambiado su perspectiva del mismo?

Así es. En 1996 compuse “Kantak” para piccolo y conjunto de cámara, en la que la instrumentación aparecía polarizada en torno a la la sonoridad del txistu y el tamboril. A esa obra le siguieron unas cuantas, especialmente “Bizitza” para mezzosoprano y ensemble, en la que utilicé cuatro poemas de Bernardo Atxaga. Esto me llevó a interesarme por el folklore procedente de diferentes rincones del mundo (Australia, Armenia, China, etcétera) en otras composiciones, pero siempre utilizando estos materiales como pretexto para la experimentación. En este caso, la gran diferencia consiste en la utilización directa de los instrumentos tradicionales, en oposición a sus versiones más estilizadas dentro de los instrumentos de la propia orquesta. Creo que esa convivencia puede dar lugar a que afloren otro tipo de planteamientos compositivos, pero creo que estos vendrán más bien de la superposición de músicas casi-improvisadas con la música escrita, que de la propia instrumentación.

 

¿Cómo cree que recibirá el público madrileño el concierto? Muchos de ellos será la primera vez que escuchen y vean una txalaparta.

Espero que el público, si no lo conoce ya, descubra este instrumento ancestral, maravilloso y casi hipnótico que es la txalaparta, pero también sorprenderles con la inclusión de más elementos, que quizás no conviene desvelar demasiado. Me gustaría que notaran como un ‘aroma’ a madera les envuelve y captura su imaginación, y ya puestos, conmoverles también.

 

Resulta sorprendente que una obra como esta se estrene en Madrid. ¿Será posible escucharla en Euskal Herrie en un futuro cercano?

Tanto los miembros de Kalakan como yo estaríamos encantados de que este “Zuhaitz” pueda tener vida más allá de su estreno en Madrid. Por supuesto, sería ideal que se interpetara la obra aquí y de la mano de alguna de las orquestas de Euskal Herria.

 

Tras esta primera experiencia con la txalaparta, ¿volverá a emplearla en obras venideras?

De momento no me lo he planteado, todo está muy reciente y el estreno en manos de Juanjo Mena está, de hecho, aún por llegar. Pero intuyo que sí, es probable que vuelva a utilizarla.