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PARÍS

Polémica en torno a la remuneración del patrón de PSA, duplicada en 2015

Suma «indecente» en este período de crisis o justa «recompensa por el éxito». La remuneración del dirigente del grupo automovilístico PSA Peugeot Citroën, que casi se ha duplicado en 2015 hasta superar los cinco millones de euros, ha suscitado una viva polémica.

El presidente de la junta ejecutiva de PSA, Carlos Tavares, ganó el pasado año 5,24 millones de euros, según consta en documentos que fueron publicados el viernes. En 2014 recibió cerca de 2,75 millones. El Estado francés, accionista de PSA con un 13,68% de su capital, se opuso en vano a esa subida, que considera «perjudicial», según declaró ayer el ministro de Finanzas, Michel Sapin. «Estamos en un momento en el que es necesario hacer un esfuerzo y este debe ser compartido», comentó.

Y los sindicatos han puesto el grito en el cielo. Jean-Pierre Mercier (CGT) se mostró «sorprendido y disgustado» porque Tavares se ha «atrevido a duplicar sus ganancias» en 2015 para llegar a cobrar «14.500 euros por día, incluyendo sábados y domingos, mientras que los empleados han obtenido un aumento salarial general de 8 euros netos al mes» para 2016. «Este es el director general que durante años nos ha repetido el mismo discurso: que tenemos que apretarnos el cinturón, congelar nuestros salarios e, incluso, suprimir empleos».

De la quiebra al «éxito»

«Su remuneración puede parecer elevada para mucha gente, lo entiendo, pero no es totalmente desproporcionada» en relación a las de otros directivos, replicó el presidente del consejo supervisor de PSA, Louis Gallois. Esta cantidad deriva del «tremendo éxito de la recuperación de la empresa (...), mucho más rápida de lo que se esperaba», explicó a AFP.

En la misma línea se pronunció Pierre Gattaz, jefe de la gran patronal francesa, que calificó a los líderes empresariales de «héroes» que «asumen riesgos».

PSA –con sus marcas Peugeot, Citroën y DS– es el primer grupo automovilístico francés, con 2,97 millones de unidades producidas en 2015. Pero, golpeado por la crisis del automóvil europea, a principios de 2014 se encontraba al borde de la quiebra y solo pudo salvarse gracias a la intervención del Estado francés y de la compañía china Dongfeng; ambos entraron con cerca de un 14% del capital.

Tavares fue nombrado presidente de PSA con la misión de volver a poner a este buque insignia de la industria gala en la estela de la rentabilidad siguiendo un plan que dio lugar a la reducción de gastos, sobre todo a través del esfuerzo solicitado a los trabajadores y la simplificación de gamas en sus vehículos.

Esto ha permitido al grupo lograr un beneficio neto de 1.200 millones de euros en 2015, obteniendo un resultado positivo por primera vez desde 2010. En febrero, PSA anunció una prima de 2.000 euros de medida para cada empleado.