Joseba VIVANCO
Elkarrizketa
AFONSO CELSO GARCIA REIS «AFONSINHO»
JUGADOR BRASILEñO DE LA DÉCADA DE LOS 70

«Nos trataban como objetos y yo me enfrenté»

Antes que el «doctor» Sócrates y su Democracia Corinthiana, en el fútbol brasileño alzó la voz allá por la década de los setenta otra figura emblemática que ha visitado Bilbo invitado por la Fundación Athletic. «Afonsinho» (1947), el primer futbolista en levantarse contra la dictadura del fútbol en su país y por extensión la militar. El melenudo y hoy médico que consiguió ser un jugador libre.

Melena larga y barba tupida, estudiante de Medicina. Y futbolista. Los ingredientes para ser clasificado por el Régimen militar brasileño como un comunista de carterinha. El legendario Edson Arantes do Nascimento Pelé, con quien compartió vestuario en el Santos, dijo una vez que «sólo conozco a un hombre libre en el fútbol: Afonsinho». Y añadió: «Él puede decir sin miedo que gritó ‘independencia o muerte’». Hablaba de él, Afonso Celso Garcia Reis, precursor con dos décadas de antelación del crucial paso que después daría Jean-Marc Bosman y que revolucionó por completo las relaciones de trabajo dentro del mundo del fútbol. Hoy, más de cuarenta años después de aquel paso al frente en solitario, enfrentado a su club el Botafogo y a una Dictadura que hacía del futebol el opio del pueblo en puertas de su exitoso Mundial México´70, Afonsinho ha estado en Bilbo, invitado por la Fundación Athletic, para recibir el pre- mio en metálico del pasado Festival Thinking Football, que destinará a un proyecto solidario que lidera en su país.

Afable, peina tiernas canas en pelo y barba, irrenunciables símbolos que ni siquiera su club logró que se cortara y por lo que fue castigado sin jugar ni entrenar, sus hipnotizadoras pupilas azules rodeadas de entrañables arrugas le confieren un aire hogareño, el de un abuelo junto a las brasas de la chimenea, rememorando una vez más su historia. La del primer futbolista libre, que dijo Pelé, la de un hombre que hizo tan solo lo que su conciencia le dictaba, se confiesa mientras charlamos en uno de los palcos VIP de San Mamés. La de ese «prezado amigo Afonsinho», popular estrofa que le dedicara Gilberto Gil en 1973 animándole a no rendirse.

Era el ‘8’ del Botafogo, el club cuyo estadio llegó a servir de campo de reclusión de la dictadura militar instalada en Brasil entre 1964 y 1985. Su compromiso social y político escorado a la izquierda no casaba con una práctica marcial que había ensuciado también al deporte rey. «En mi trabajo como futbolista enfrenté una situación problemática en un momento difícil, una dictadura que empezó a penetrar en todos los sectores de la vida y especialmente en el fútbol, un campo para que se divulguen las cosas. Nosotros veníamos de aprender con la generación mas grande del fútbol brasileño, la que perdió una Copa en su casa y pasó a ser el fútbol más artístico. A nosotros nos tocó crecer viendo a esos grandes hombres, me fue imposible seguir aceptando aquellas cosas, aquella interferencia política. Eso es lo que pasó», cuenta con sencillez. «Me tocó a mí», añade. «Estudiar era un problema, pensar, decir, había censura, cada sector buscaba salir de aquella opresión, como hice yo con la discusión del ‘pase libre’, pero también la música, el cine, la prensa chica», prosigue.

Fue apartado de su club, castigado, el Santos de Pelé le quiso pero «a los jugadores nos trataban como objetos», y fue entonces cuando «en un momento de mi vida me tocó enfrentarme a esa situación». Reclamar su libertad para irse. El ‘pase libre’. Romper con el yugo que sojuzgaba al fútbol. Podía haber agachado la cabeza, seguir con su carrera de Medicina y no cambiar el curso de su historia. Pero no lo hizo. Recurrió a la Justicia y logró su libertad. El único «hombre libre», que decía Pelé, quien muchos años después, como ministro de Deportes, aprobaría la conocida ‘Ley Pelé’ para otorgar más autonomía a los futbolistas. Era 1998. ¿O Rei? «Casi un extraterrestre», responde sobre si el ‘10’ era tan bueno como decían.

En 1971, Afonsinho se cortó la melena y la barba, porque quiso, y se presentó en el Santos. Y jugó en el Flamengo, y el Atlético Mineiro, y en el Fluminense hasta su adiós en 1982, el año en que Brasil jugó como nunca en el Mundial de España y perdió como no volvería a hacerlo. Jamás vistió la verdeamarela. Hay quien dice que Mario Zagalo, el seleccionador adicto al Régimen, le vetó. «Yo no tengo ese sentimiento, difícilmente podría estar allí con las figuras que había», quita hierro a su no presencia en México´70, aunque sí cree que pudo formar parte de la Canarinha en Alemania´74 y ahí una mano negra se cirnió sobre él. Hoy, mira atrás y se reafirma. En su lucha. En su melena. En su barba. Como le cantara Gilberto Gil, «hacer gol en este partido no es fácil, hermano». No, no es fácil, pero él, Afonsinho, lo marcó. ¡Y vaya golazo!

«Se es un ser social antes que futbolista»

Vivimos un tiempo maravilloso de tecnología pero terrible en las relaciones de trabajo, personales, con ese neoliberalismo que se hace notar en todos los tipos de relaciones... Aunque la esperanza es la luz más fuerte». Afonsinho sigue siendo un comprometido, sigue teniendo ‘pase libre’ para opinar y lo hace. Y desde esa atalaya que le confiere la valentía que un día tuvo, hoy, sigue reivindicando que los futbolistas, los profesionales de la pelota, no pueden ser solo eso. Que el mundo del fútbol no alzara más allá de algunos versos sueltos la voz en aquella dictadura en Brasil, pero tampoco durante el Mundial de Argentina, o en Chile con Pinochet, pero tampoco se pronuncie hoy ante los conflictos e injusticias sociales que vivimos, lo interpreta dentro de una «complejidad de factores que rodean a la corta carrera de un futbolista, un camino duro, además de que el fútbol se ha tornado en un gran negocio donde es más difícil la interrelación entre los jugadores». Sin embargo, defiende que «si uno tiene conciencia debe actuar como piensa. La plata –ha descubierto en esta estancia el término ‘pesetero’,– no puede servir para comprar valores de solidaridad y fraternidad». Los Messi, Ronaldo, Neymar, deberían alzar sus voces. «Es un tema para discutir en profundidad, pero sus carreras no sirven para disculpar no ser un ser social antes de todo. Nadie es sólo futbolista, es imposible. Hay que mirar a los ojos de la gente».J.V.