Pablo CABEZA
BILBO

«IV», el disco con el que Santana recupera el sonido afro-rock de su inicio

El próximo 15 de abril se pone a la venta el nuevo álbum de Santana. Su líder, Carlos Santana, ha decidido llamarlo «IV» por ser, según sus propias palabras «la continuación del sonido de sus tres primeros discos», así como la reunión con Gregg Rolie, Neal Schon, Mike Carabello and Michael Shrieve, nombres familiares para los miles de aficionados que siguieron a la banda de San Francisco, creada hace cincuenta años.

Medio siglo ha transcurrido desde que Carlos Santana forma Santana en la bulliciosa y jipi San Francisco. Original banda que mezclaba percusiones y coros africanos con el blues y el rock, logrando una sonoridad, también ocasionalmente con cierto aire latino, desconocida hasta el momento.

En 1971 se publica “Santana “III” y cuarenta y cinco años después el quinteto base se reúne de nuevo para recobrar la sonoridad de aquellos días con un trabajo que titula “IV”, porque el cuatro es la prolongación natural sonora de los álbumes anteriores, “Santana”, “Abraxas” y “III”, un trío impresionante.

“Santana” se publica en octubre de 1969. Se ha pasado el tiempo del amor y las flores, pero San Francisco continúa siendo jipi, muy jipi. El disco se aparta de los vuelos de la sicodelia y propone un rock latino que sorprende. Canciones como “Jingo”, todavía una obra maestra, o “Evil ways”, son parte esencial de los sesenta, como la envolvente “Soul sacrifice”. Es el año del festival “Woodstock”, del que la banda sale fortalecida. El disco ha sido reeditado en dos ocasiones con diversos añadidos en directo o tomas alternativas.

“Abraxas” se publica un año después y confirma la explosividad del grupo. Recrea el “Black magic woman” de Peter Green (Fleetwood Mac) y el “Oye como va” de Tito Puente. Es el Santana más latino. Destacan asimismo los instrumentales “Samba pa ti”, impecable, y la más atrevida “Incident at Neshabur”.

En la década de los sesenta grabar un disco al año, o incluso dos, resulta algo habitual, así que para julio de 1971 la banda tiene en la calle “III”, otro disco con fuerte peso en la percusión y con toques salseros. Tito Puente sigue presente con “Para los rumberos”, “Guajira” es otro de los temas fuertes, como el single “No one to depend on”.

La historia de Santana se inicia en México. Su mentor es de Autlán de Navarro, Jalisco, un tiempo en el que pasar la frontera no resulta muy complicado. En Jalisco aprende a tocar el violín, toca en las calles con su padre para turistas, hasta que descubre el blues de los músicos afroamericanos y comienza a tocar la guitarra. Ya en San Francisco reúne una banda singular junto al teclista Gregg Rolie.

Cuando Carlos Santana cumple 50 años (ahora tiene 68), recuerda en una entrevista una visita que realizó a Autlan en 1983: «El pueblo es aún el mismo, no hay vallas, no hay carreteras asfaltadas y la mayoría de las casas no tienen luz eléctrica. Todavía es un lugar de otro siglo. Una tierra muy bella y sin contaminar, algo grandioso».

Con “Caravanserai” Santana inicia una larga etapa cargada de espiritualidad, por momentos casi extrema. Mantiene el éxito, pero la carrera torna irregular al tiempo que se adentra en el jazz. “IV” le devuelve a Frisco, su alma musical.

Más de una hora de sonido afroamericano y blues rock

“IV” es un álbum que consigue el propósito de situar con fidelidad a Santana entre el final de los sesenta y primeros setenta. Las percusiones salpican los vúmeter, los teclados rellenan los poros y la guitarra de Santana se libera de todo prejuicio con inflexiones, solos, su famoso sustainer de nota y el uso intensivo del de wah wah. El primer desmadre llega con “Shake it”, salvaje y de atormentada guitarra. La calma le sigue con “Anywhere you want to go”, que se inicia como si fuese “Oye como va”, quizá un homenaje, pues no es el único guiño hacia el pasado. El corte pronto deriva hacia su pegajosa melodía, por lo que no extraña que sea su primer single. Siguiendo con los guiños Santana le dedica el cuarto tema al emblemático Filmore East. Es un corte vaporoso. “Blues magic” parece querer saludar a “Black magic woman”, un blues desgarrador e íntimo. “Choo choo” comienza como si pudiera llegar “Jingo”, pero pronto, y de nuevo, toma otra ruta con la pegajosa melodía vocal de Ronald Isley. “All aboard” es un festival de percusiones y guitarra señalando en todas las direcciones. “Sueños” podría ser la réplica a “Europa”. “Caminando” es un blues fuerte con wah wah. “Forgiveness” es delicada, siete minutos de niebla. “IV”, sí, nos deja una de las mejores versiones de Santana.P.C.