Miguel FERNÁNDEZ IBÁÑEZ
Nicosia

ELAM: MIEDO AL ASCENSO DE LA ULTRADERECHA CHIPRIOTA

Las elecciones parlamentarias que se celebran este domingo podrían arrojar un nuevo éxito para la extrema derecha europea, que en el caso de Chipre está condicionada por el conflicto que mantiene la isla mediterránea, dividida desde el año 1974.

En Chipre, la esfera política ha estado dominada por AKEL –izquierda– y DISY –derecha–, dos partidos que se han puesto de acuerdo para doblar el corte electoral parlamentario, pasando del 2% al 3,6%. Lo justifican con el miedo al ELAM (Ethniko Laiko Mepoto), el partido de la ultraderecha chipriota que, el domingo, podría entrar en el Parlamento.

«Estamos muy contentos porque reconocen ante la sociedad que estamos en alza. Es una medida que refleja cómo nos trata la democracia aquí. Pero no nos podrán detener. El 22 de mayo podríamos ser como Amanecer Dorado y llegar al 5% o 6%», avisa Christos Christou, el líder de ELAM.

En 2011, ELAM obtuvo el 1,08% de los votos y en las europeas de 2014, el 2,69%. Sus votantes, en muchos casos jóvenes asqueados con los partidos tradicionales, son fieles y, en unas elecciones en las que se prevé una alta abstención, podrían cincelar el sueño de ELAM. Las encuestas, en cambio, niegan esta posibilidad, y vaticinan un apoyo de entre el 2% y el 3,3%. «Nos silencian en los medios y no cubren nuestros actos», critica Christou.

En la entrada de la sede del partido, decenas de bolsas llenas de patatas y naranjas están amontonadas. Un joven las carga en un camión que ayudará a los más necesitados. Al igual que en la izquierda, su programa es contrario a las privatizaciones y favorable a las ayudas sociales. En otras causas, como el rechazo a los inmigrantes o el poder del aparato de seguridad, son antagónicos.

Christou explica el ascenso de su partido por la crisis económica, con un 30% de los jóvenes parados, el rechazo a los inmigrantes y, sobre todo, la causa chipriota.

El conflicto, que mantiene la isla partida en dos desde 1974, ha marcado la vida de este trozo de tierra entre Oriente y Occidente. Es el caso de Christou, quien nació en el seno de una familia nacionalista, sus antepasados formaron parte de EOKA, el movimiento que luchó por la independencia durante la década de los años 50, y su padre perteneció a EOKA II, la organización paramilitar que se enfrentó a los turcochipriotas y deseaba unir la isla a Grecia. Cursó estudios universitarios en Grecia. Allí contactó con Amanecer Dorado y años más tarde abrió la filial chipriota. En 2004, tras el rechazo en referéndum a la reunificación de la isla conocido como Plan Annan, Christou se lanzó a reavivar el ideario de EOKA II. En 2008, aprovechando la crisis económica, nació ELAM, un partido en el que el líder de EOKA, el coronel Grivas, es héroe nacional.

Acusado de colaborador con el nazismo, la idolatría por Grivas, unida al calco con la ideología de Amanecer Dorado y la fraternidad con grupos como Pegida, Falange o Forza Nuova, invitan a definir a ELAM como xenófobo, islamófobo y filonazi. Christou lo rechaza: «Somos nacionalistas y patrióticos, y no llevamos símbolos fascistas», rechaza.

El politólogo Yiannos Katsourides señala que «con su retórica que excluye a parte de la población son por definición antidemocráticos. No es como la ultraderecha tradicional, es un partido nazi, el hermano pequeño de Amanecer Dorado. Lo especial de ELAM es el problema chipriota, que condiciona al resto de partidos», explica.

El nacionalismo chipriota

ELAM promueve el concepto enosis, la unión a Grecia. Esta idea prácticamente desapareció de la esfera política tras 1974. La partición de la isla fue vista por algunos como una consecuencia del extremismo EOKA II. Cuatro décadas después, enosis salió de la sombra de la mano de ELAM. «Chipre es parte del helenismo y nuestros ancestros lucharon por enosis. Pero hoy, con los nuevos gobiernos, no es posible. Solo lo sería con un Gobierno griego de Amanecer Dorado», comenta Christou.

Katsourides señala que «los jóvenes no cargan con los recuerdos de 1974 y por eso pueden llegar a votar a ELAM, mientras los más mayores aún viven con el dolor de aquella época. Si bien la derecha grecochipriota está a favor de mantener la isla dividida, el concepto enosis ha perdido popularidad. Es el gran problema de ELAM».

Las ideas de ELAM sirven como termómetro para un país que tras 56 años de independencia ha sido incapaz de crear una identidad propia. Parece el reflejo de un espejo cóncavo, con nacionalistas apoyando a un país que no es el suyo. Aquí la mayoría se define como grecochipriotas. Las banderas izadas en los edificios gubernamentales son la griega y la chipriota; en las catedrales, la griega, y en la sede de ELAM, las dos banderas que flanquean a Christou son griegas.

¿Existe un nacionalismo chipriota? «No puedo decir que exista. Aquí siempre se han definido a sí mismos como turcochipriotas o grecochipriotas. Algo está cambiando, sobre todo entre los turcochipriotas, con el componente de identidad civil por encima de cada una de las dos identidades nacionales», apunta Katsourides.

Christou lo tiene claro: «No existe la identidad chipriota. Desde hace 3.000 años somos una isla griega. Quienes dicen eso son los que dicen ser ciudadanos del mundo. En Chipre hay turcos y griegos, y la mayoría son de origen griego. Incluso si en la otra parte hay gente que lo promueve. Es pura manipulación turca. Ellos dicen que tienen la identidad chipriota pero quieren destruir la República de Chipre». El rechazo a Turquía es la gran baza electoral de ELAM. «Turquía quiere controlar esta isla. Mire Kosovo, históricamente era de mayoría serbia y ahora es albanés. Esto pasará en Chipre y acabaremos siendo minoría. Por eso apoyamos a kurdos, armenios, sirios... cualquier enemigo de Turquía es nuestro amigo».