Kruijswijk no deja de sorprender
El holandés se afianzó en el liderato en una jornada de media montaña en la que solo le aguantaron Valverde, el ganador, y Zakarin.

En la previa de esta semana final del Giro decíamos que las dos etapas duras que restaban hasta Turín eran las del viernes y la del sábado, y que la de ayer era un entremés que pondría a prueba a los favoritos, más que nada porque siempre hay alguien que paga el esfuerzo después de un día de descanso. Lo que no esperábamos era la valiente acometida del líder, el holandés Steven Kruijswijk (Lotto Jumbo), que con su estrategia dejó fuera de juego a su más inmediato perseguidor, Esteban Chaves (Orica) y al favorito italiano, Vincenzo Nibali (Astana). Aguantaron Alejandro Valverde (Movistar), que volvió a estar muy fino y tiró de galones y zorrería en la llegada, e Ilnur Zakarin, que cada día es mejor corredor, pero están ya a 3.23 y 4.50 de Kruijswijk en la general. Vistas las fuerzas que exhibió ayer, mucho se tiene que torcer el rodador del Lotto Jumbo para que se le escape la victoria final.
La etapa, entre Bressanone y Andalo, de 132 kilómetros, no parecía que iba a marcar muchas diferencias a pesar de tener dos cotas de Segunda y otra de Tercera, salvo que a alguien se le pegaran las sábanas por la jornada de parón de la víspera. Sin embargo, su trazado era corto y eso siempre altera a los corredores, a los discretos porque ven que puede ser su día y se aventuran, y a los de arriba porque si alguno está fuerte trata de cargarse al que se ha presentado a la carrera con legañas.
Ritmo desenfrenado
Dicen los entendidos que la dureza de una etapa la decide no tanto el perfil de la misma –que también– como el ritmo que pongan los corredores. Así, dos puertos de Segunda y una tachuela de Tercera, como el caso que nos ocupa, puede producir más víctimas que un Tourmalet subido a ritmo de globero.
Así, el rápido tren impuesto ayer por quienes se sienten más fuertes –el sorprendente líder de la carrera y el maquiavélico equipo Movistar que capitanean los navarros Eusebio Unzue, Txente García Acosta y José Luis Jaimerena– dinamitó la etapa.
Al costarricense Esteban Chaves (Orica) le llevaron media etapa con el gancho, casi como al polaco Rafal Majka (Tinkoff), pero quien se pegó la costalada del día fue Nibali. El líder de Astana amagó con saltos en los primeros kilómetros, pero no encontró el ritmo de pedalada en ningún momento. El remate le llegó en la ascensión al segundo puerto, donde Kruijswijk, principalmente, Valverde y Zakarin decidieron acelerar el paso para ver si la cara de Nibali, un poema, era una pose o reflejaba realmente su fatiga. Fue la segunda y el italiano, tras aguantar algunos kilómetros haciendo la goma, terminó cediendo casi dos minutos, lo que le lleva a casi cinco del líder. Mucho mejor que Nibali estuvo ayer David López (Sky), que aguantó entre los mejores hasta el final y se clasificó sexto.
Siempre Valverde
A la altura del líder estuvo Valverde. Es el corredor más espabilado del pelotón y si, como ayer, le acompañan las fuerzas, no tiene rival en las llegadas. Dio relevos al holandés y al ruso –que no es poco– hasta que quiso y a falta de 3 kilómetros dejó que fueran Kruijswijk y Zakarin los que llevaran la voz cantante. No podía ser de otra forma, en los últimos 500 metros sacó a lucir su golpe de pedal y volvió a ganar. A sus 36 años, es el Aritz Aduriz del ciclismo y ya se ha metido en el podio del Giro.
Tras la paliza de ayer, llega hoy la decimoséptima etapa, entre Molveno y Cassano D'adda, sobre 196 kms llanos.
«Una situación ideal para la maglia rosa»
Ejemplo del excelente nivel al que se encuentra Steven Kruijswijk es que al llegar a meta lo primero que hizo fue lamentar no haber ganado la etapa. «Es la segunda vez que intento dar a mi equipo una victoria y no lo consigo», declaró, si bien reconoció que «al menos, hemos conseguido una situación ideal para la maglia rosa con tres minutos por delante de Chaves». Reconoció también que se sintió muy bien «en una etapa muy dura, en la que no esperaba tanto movimiento al día siguiente del descanso».
Por su parte, Esteban Chaves (Orica), la otra cara, confesó que «probablemente» cometió el error de «subestimar los ataques en la primera subida, aunque gracias a mis compañeros de equipo pude salvar el día. Estoy muy agradecido por su trabajo y por ello estamos dispuestos a seguir luchando», señaló optimista.GARA

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