Nibali: el corazón de un campeón
El siciliano culminó en el Col de la Lombarda el trabajo de Astana. Chaves y Valverde conforman el podio. Taaramae se lleva la etapa.

Aunque Rudy Tomjanovich no tenga nada que ver con el ciclismo sino con el baloncesto, ya que conquistó dos anillos de la NBA entrenando a los Houston Rockets, una frase suya sirve para cualquier deportista. «Nunca subestimes el corazón de un campeón». Ese corazón de campeón será lo que impulse a Vincenzo Nibali a llevarse el segundo Giro de su palmarés, después de completar ayer la remontada que comenzara el viernes en el descenso del Agnello.
Y eso que de los escasos 134 kilómetros de la última etapa alpina, entre Guillestre y Sant'Anna di Vinadio, los principales favoritos se «fumaron» el ascenso de Col de Vars y el de la Bonette, dejando el desenlace en manos de lo que dictaran las rampas del Col de la Lombarda.
Lo cierto es que Astana se tuvo que mojar, tras observar que Movistar primero y Tinkoff después llevaban una marcha que no castigaba en exceso al gran grupo, allanando el camino de la escapada de la jornada, con un Mikel Nieve que se llevará la maglia azzurra, pero que no pudo sumar su segunda victoria parcial al fallarle las fuerzas el inicio de la Lombarda, ante el ímpetu de Brambilla (Etixx), Kangert (Astana), Visconti (Movistar), Foliforov (Gazprom), Denifl (IAM), Atapuma (BMC), Dombrowski (Cannondale), Rybalkin (Gazprom) y Taaramäe (Katusha), vencedor a la postre.
La costilla de Kruijswijk
Astana veía en el líder Chaves el rival a batir. El holandés Steven Kruijswijk, pese a demostrar a lo largo del Giro que ha sido el más fuerte del pelotón, se presentaba en la línea de salida con el diagnóstico de una fisura en una costilla, después de las radiografías que le realizaban el viernes por la tarde en el hospital de Briançon.
Así las cosas, mientras la fuga se hacía con los boletos de la victoria parcial, el pelotón se desperezaba de a poco, dejando pasar los kilómetros, mientras que Astana asumía la responsabilidad estratégica de la prueba. Cada vez que un Astana tomaba el relevo, el gran grupo se resentía, sobre todo cuando Scarponi empezaba la primera criba. A su rueda aguantaban bien todos los favoritos, pero a condición de no mover más el árbol. Mientras, en el grupo delantero, los ataques de Atapuma encontraban respuesta en Dombrowski y Visconti, aunque fue Taaramäe quien, a su estilo, menos explosivo pero más duradero, conseguía abrir brecha. Por otro lado, el miembro de Astana Kangert se descolgaba por orden de su equipo, ya que el intento de fuga de Nibali ya estaba a punto, a falta de que el Squalo probara la resistencia de sus rivales.
Chaves se viene abajo
Faltaban unos 15 kilómetros cuando Nibali desató su ataque. Valverde y Chaves aguantaron el primer tirón, mientras que Kruijswijk, Majka, Jungels o Urán no hacían ni ademán de seguir al siciliano.
Chaves, para su desgracia, acusó el esfuerzo y pronto perdía la rueda de Nibali, al igual que Valverde. Urán, compatriota de Chaves y excompañero de Valverde, tiraba adelante tratando de ayudar a Chaves, pero el líder iba cada vez más justo y la maglia rosa se le escapaba; más aún después de la mano que Kangert le echaba a Nibali.
Faltaba la última ascensión para dirimir el podio. Valverde apretaba y cerca se quedaba de echarle el guante a Nibali, que aseguraba su segunda victoria en el Giro tras la edición de 2013. Chaves sufría horrores, pero amarraba la segunda plaza, mientras que Valverde cerrará su primer Giro –una edición espactacular– con el tercer puesto.
Nibali: «Soy testarudo y nunca me rindo»
Vincenzo Nibali, virtual vencedor del Giro 2016, dijo tras enfundarse la maglia rosa en la cima de Sant'Anna di Vinadio que llegó a pensar que «todo estaba perdido», pero que no se rindió porque es «muy testarudo».
«Soy muy testarudo y nunca me rindo. El año pasado en el Tour tuve malos días, pero yo siempre trato de volver. Es cierto que llegué a pensar que todo estaba perdido, pero también que quedaban opciones. Ha sido un Giro loco, pero he dado un gran espectáculo, así que estoy feliz», declaraba como colofón el «tiburón de Mesina».
Mientras, Mikel Nieve lucía con alegría su maglia azzurra, pese a no poder lograr su segunda victoria parcial. «Tras la primera etapa en los Alpes vi que era posible ganar la montaña y la etapa se presentó de cara. Lo intenté y las cosas han salido bien; estoy muy contento», subrayó.GARA

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