Mikel CHAMIZO
DONOSTIA

El Bach más desconocido fue revelado en San Telmo

John Eliot Gardiner es bien conocido como director de orquesta y pionero en la recuperación del repertorio de la música antigua. Pero hace tres años mostró al mundo otra faceta menos conocida, la de un escritor con gran habilidad para trasladar la música a las palabras. Su biografía sobre Johann Sebastian Bach es uno de los libros sobre música más vendidos de los últimos años y ayer estuvo hablando sobre él, y sobre Bach, en el Museo San Telmo.

Ayer por la mañana, horas antes de que “La Pasión según San Mateo” sonará en el Kursaal en las voces del Coro Monteverdi y los English Baroque Soloists, el fundador de ambos conjuntos, John Eliot Gardiner, se dejó caer por San Telmo para hablar de Johann Sebastian Bach. Porque para el director británico no es un compositor cualquiera: su vida ha estado misteriosamente ligada a él desde que era un niño. Tal y como reveló al comienzo de su charla con el crítico Luis Gago, el famoso retrato de Bach que todo conocemos –firmado por Elias Haussmann, en el que se ve al compositor con una peluca y una pequeña partitura en la mano– lo custodiaron sus padres durante la Segunda Guerra Mundial y él, hasta que cumplió los doce años, lo vió colgado en casa cada día. Su destino quedo así unido irremisiblemente a ese músico genial de cuya vida personal sabemos tan poco.

Gardiner lleva medio siglo interpretando las cantatas y pasiones de Bach y se le reconoce como uno de sus mejores intérpretes, pero el mayor fruto de su adoración por el compositor vio la luz hace tan solo tres años, en el 2013, con la publicación de una inmensa monografía dedicaba a Bach. “La música en el castillo del cielo. Un retrato de Johann Sebastian Bach” resume los conocimientos que Gardiner ha acumulado durante toda una vida estudiando su música y los contrasta con los nuevos datos biográficos que han arrojado las investigaciones más recientes sobre el compositor. El ensayo, primorosamente escrito, pronto se convirtió en un best seller dentro de los libros dedicados a la música clásica, traduciéndose a numerosos idiomas, entre ellos el castellano (editorial Acantilado, 2015).

 

El genio desconocido

«Bach quedó huérfano con ocho años y tuvo que ir desarrollando su talento por sí solo», explicó Gardiner. «Estaba solo en el mundo y en desventaja, porque no podía permitirse ir a la universidad. Cuando intentó trabajar en Leipzig le dieron el puesto tras proponérselo antes a media docena de otros candidatos. Esto hoy nos parece inexplicable, pero en vida a Bach siempre le trataron como un extranjero sin educación». Por esa razón, en 1735 Bach redactó un memorando en el que repasaba la genealogía musical de su familia. «Este documento establecía sus credenciales como miembro de un clan, le otorgaba una legitimidad que necesitaba. Parece extraño, cuando escuchamos la música de Bach, que suena tan confiada, que su autor pudiese albergar dudas. Dudas que estaban vinculadas a su falta de educación y a sus origenes humildes, y que definitivamente están presentes y se pueden escuchar en su música. Es fascinante cómo alguien que parece ser la encarnación de la ortodoxia luterana es la misma persona que, en ocasiones, se quita la máscara y nos muestra su vulnerabilidad. Cuando se convierte en mensajero de Dios –o de Martín Lutero– y escribe una cantata para cada domingo, tratando cada aspecto de la teología cristiana, lo hace con certeza y lucidez pero también con cierta duda, como si dijese: ‘¿Sabéis? Yo también he tenido dudas en mi vida sobre mi cristiandad, pero quisiera compartir mi fragilidad con toda la congregación’. Esto es algo que aumenta su estatura como ser humano».

La vida de Bach fue dura desde la infancia. «Cuando murieron sus padres tenía nueve años, le expulsaron del colegio y le mandaron a vivir con su hermano mayor a Ohrdruf», narró Gardiner. «Su hermano tenía 25 y lo acogió como obligación familiar, pero Bach no era muy buen estudiante y se saltaba el colegio siempre que podía. No estamos seguros de las razones, pero en aquella época las condiciones escolares eran horribles, con muchos casos de acoso, niños que iban a la escuela con puñales, escasez de libros de texto, etcétera. Quizá sus padres le dijeron que aprendería más con ellos que yendo a la escuela. En cualquier caso, en Ohrdruf comenzó a sacar las mejores notas de la clase y le dieron una beca, pero al cumplir 15 se la retiraron. Fue un momento crítico para él y decidió irse con un amigo, caminando, hasta Lüneburg, en el norte de Alemania. Allí consiguió trabajo como asistente de un organista y se alejó de su hermano mayor, con quien no se llevabatan mal como el mito sugiere». Bach era una adicto al trabajo que tuvo que lidiar con la falta de reconocimiento y con la ineptitud de los políticos y músicos que le rodeaban. «Con 50 años tuvo una crisis, se sentía desilusionado», reveló Gardiner. «Había escrito dos ciclos completos de cantantas, las dos pasiones, pero no podía avanzar por la mala calidad de los músicos con los que trabajaba y porque no tenía apoyo del clero, del personal académico ni del ayuntamiento. Bach no era un tipo fácil, era contestatario y se granjeaba enemigos, pero nadie parecía comprender su valor. No ya como el mejor músico de la historia, simplemente como alguien que ofrecía lo mejor de sí al servicio de la Iglesia. La falta de interés era tal que no sabemos cómo fueron recibidas sus cantatas y pasiones, sencillamente porque no hay un solo documento que hable de ellas, ni positiva ni negativamente. Así que Bach se iba al café, donde tenía sus estudiantes privados, su grupo musical y donde nadie le decía lo que tenía que hacer, y con ellos hacía música secular con la que se lo pasaba bien».

 

Kantu Kontari y otras actividades infantiles

Fieles a la filosofía de crear afición hacía la música clásica desde la más temprana edad, las mañanas de los sábados de Quincena Musical estarán dedicadas a Kantu Kontari, una iniciativa que combina la literatura y la música, y que se desarrollará por primera vez este verano. Durante los cuatro sábados de agosto, a las 11.30 de la mañana, el Foyer del Kursaal será testigo de las fantásticas historias de dos narradoras y sus músicos acompañantes. Con la presencia de estos músicos, las niñas y los niños tendrán la oportunidad de conocer el sonido de diferentes instrumentos como el arpa, el violín, la guitarra, el acordeón o el piano.

Hoy mismo Saioa Aizpurua narrará una selección de cuentos dirigidos a niños de entre 4 y 8 años. Las tres historias (“Hiru minutu”, “Eeeeeeh!” y “Ziur haziko dela”) irán acompañadas del sonido del arpa de Ane Artetxe, en lo que será la primera cita de Kantu Kontari. El 13 de agosto, el violín de Elena Setién y la narración de Amaia Fernández protagonizarán otros tres cuentos (“Mailu zopa”, “Etxe-etxetxo, nor bizi da hor?” y “Gaueko liburutegia”) dirigidos a un público de entre 3 y 5 años. En la tercera cita, el 20 de agosto, Amaia Fernández en solitario narrará, tocará la guitarra y el acordeón en cuatro historias sobre enanos, brujas y el hombre del saco (“Zaku-gizona”, “Ipotx saltaria”, “Juantxo despistatua” y “Sorginaren sukaldea”) en una jornada ideada para niños de entre 5 y 8 años. Por último, y para finalizar con los cuentacuentos musicales, el 27 de agosto será el turno de acercarse al sonido del piano, interpretado por Gaizka Segi. En esta ocasión, Amaia Fernández ha seleccionado los cuentos “Izei txikia”, Izozkizko jauregia”, “Muxu bat landatu” y “Salto-saltoka”.

Todos los cuentos serán narrados en euskara y la actividad tiene un coste de 3 €. Las plazas son limitadas, por lo que es necesario realizar una inscripción previa en el 943 00 31 70. Esta actividad se enmarca dentro del apartado de la Quincena Infantil, que se completa con el taller “Sagu txiki, sagu maite” a cargo de la ilustradora Elena Odriozola (31 de agosto), “Joklabs”, un taller que aunará la electrónica con la música, puesto en marcha junto con Tabakalera (31 de agosto), el taller “El Arca de Noé” impartido por Maushaus (30 de agosto), así como las ya tradicionales “Musika Bai!” y la representación en el Victoria Eugenia. En esta ocasión se trata de el espectáculo “La casa flotante”, una adaptación del mito del Arca de Noé ideada por la compañía La Maquiné con marionetas, teatro gestual y proyecciones. Esta espectacular coproducción del Teatro del Liceu de Barcelona y el Festival de Granada subirá al escenario donostiarra el 30 de agosto. M.C.