Curro VELÁZQUEZ-GAZTELU
IRUÑEA
Elkarrizketa
FARRUQUITO
BAILAOR

«Hay que evolucionar sin perder la raíz, la tradición, los cánones que te marca el propio flamenco»

Juan Manuel Fernández Montoya, «Farruquito» (Sevilla, 1982), es uno de los bailaores más solicitados por todo el mundo. Su baile y el de su familia llevaN el sello inconfundible de su abuelo y gran maestro «Farruco». Es el ejemplo vivo del flamenco más visceral y arcaico, donde la familia es el epicentro. Llevó una propuesta a Flamenco On Fire difícil de repetirse, ya que compartieron escenario con gran parte de su familia: Sus primos «El Barullo», «El Negro», «África» y sus hermanos «Farru» y «Carpeta».

Hoy en día crear nuevos lenguajes en el arte y en concreto en el baile flamenco no está al alcance de todos. ¿Es consciente de que usted ha creado un estilo en el que hoy en día se inspiran muchos bailaores?

Todos hemos aprendido de alguien. Es bonito que en el arte cada uno tenga su estilo. Pero no me paro a pensar si yo estoy creando un estilo o no. Yo aún trato de buscar mi forma de bailar y aún estoy definiendo mi estilo, ya que consiste en evolucionar con el tiempo. La verdad que no me gusta esa responsabilidad de saber que me siguen, ya que no me siento libre. Cuando doy clases siempre digo que la personalidad es importante y que cada uno debe de tener su estilo sin imitar a nadie.

Vemos en el caso de su familia como el baile masculino está más «desarrollado» que el baile de la mujer, con su madre «La Farruca» y su tía, la recientemente desaparecida «Faraona» como buque insignia. ¿Ve la necesidad de que hoy en día surjan más mujeres en su familia con ese sello «Farruco»?

Es curioso, en mi familia hubo un momento que había mujeres, las antes nombradas, mi prima Saray y Pastora, pero en el camino se fueron quedando y solo quedaron mi madre y mi tía. Ahora está la hija de mi tía “La Faraona”, “África”, que viene con este espectáculo que hemos presentado en Flamenco On Fire. Siempre hemos querido tirar de las mujeres de nuestra familia, para que sean las propuestas más completas y ricas.

¿Cuánto de importante es para usted la Escuela Natural del flamenco, o sea, esa Escuela aprendida en las alcobas de la familia, en los brazos de la madre?

Para mí es lo más importante, porque para mí el flamenco es eso, expresarse tal como uno es. Eso no quiere decir que no se tenga una técnica. Pero eso sí, la técnica no lo es todo y con ella solamente no se va a ningún lado. El arte flamenco está más cerca del sentimiento que de la razón. Al final con el baile flamenco estás contando quién eres.

No se puede ir a la academia a aprender flamenco dos días a la semana y el resto de días no pensar o involucrarte en el flamenco. La afición lo es todo. En el equilibrio está la sabiduría.

¿Cree que el flamenco más racial no llega a entender del todo al flamenco más contemporáneo?

No creo que sea así. Voy a hablar de mí en este caso. Yo me considero un gran aficionado al flamenco y desde los cinco años el tiempo que he vivido en Londres y Nueva York he visto muchos espectáculos de contemporáneo, de clásica, musicales, etc. Yo me empapaba de todo ello para enriquecerme a nivel personal. Eso no quiere decir que yo no entienda una propuesta nueva y arriesgada, yo admiro cualquier trabajo bien hecho, porque sé que ese proceso, hasta mostrarlo en el escenario, es un duro trabajo.

Lo que pasa que a mí me gusta llamarle a cada cosa por su nombre. En este caso estas nuevas propuestas que hablamos la llamaríamos “Flamenco y Contemporáneo” y no “Flamenco-Contemporáneo”, ya que yo soy flamenco contemporáneo porque lo que hago, lo hago en el presente. En fin, llamarlo cada cosa por su nombre.

Otra cosa que no entiendo es por qué en el conservatorio de danza, antes de aprender flamenco te meten el clásico. ¿Lo veríamos del mismo modo si para aprender clásico antes nos impartieran flamenco?

Es una pena que hoy en día haya espectáculos de esta disciplina en circuitos flamencos que tengan más del contemporáneo que de flamenco. Y es que hay que evolucionar sin perder la raíz, la tradición, los cánones que te marca el propio flamenco.

Ahora que eres padre y que has sido hijo y nieto, ¿cómo se inculca a un niño la afición al flamenco o a cualquiera otra disciplina artística desde su más temprana edad?

Dejándolo libre, no inculcándole nada, como hicieron conmigo. Yo me enamoré del flamenco de forma natural, ya que era lo que teníamos en casa las veinticuatro horas. El forzar no vale. La verdad y el amor no puede ser forzado, porque deja de ser eso precisamente.

¿Apunta maneras en el baile su hijo «El Moreno»?

A él le gusta, ya baila un poquito por Bulerías y con cuatro años ya diferencia la Soleá, la Seguiriya. Es que en nuestra casa todos los niños jugábamos a eso, a bailar flamenco, a observar a los mayores y a seguir sus pasos. Yo no le digo nada a mi hijo. ¡Qué pasa! ¿Que porque sea mi hijo ya tiene que bailar a la fuerza?. Nosotros, en nuestra familia nunca hemos dicho que íbamos a ser bailaores profesionales. Simplemente que nos gusta y además celebramos todas las cosas buenas que nos pasan en la vida bailando, tocando y cantando flamenco, porque eso es lo que se ha hecho en mi familia desde que hace 500 años recalamos en la baja Andalucía de nuestra persecución por el mundo por ser gitanos. Esa es nuestra forma de expresión natural. Además de llevarlo, es nuestra profesión: ¡Pues gloria bendita!