Mikel INSAUSTI
TARDE PARA LA IRA

La ópera prima del actor Raúl Arévalo se presentó en la sección Orizzonti de Venecia

La Mostra de Venecia dispensó, en su sección Orizzonti, una muy buena acogida con dos minutos de aplausos a “Tarde para la ira”, ópera prima como director del actor Raúl Arévalo. Ahora la presenta en el influyente festival de Toronto, y los rumores ya apuntan a unas más que seguras candidaturas para los premios Goya en diferentes categorías. El impacto obtenido ha sido fuerte de entrada, pero es que el debutante ha estado madurando su primer largometraje durante siete años, mientras trabajaba en otros rodajes delante de la cámara. No le ha sido fácil encontrar producción, debido a que le exigían como protagonistas a jóvenes intérpretes televisivos, cuando tenía muy claro que su historia necesitaba a gente más dura y curtida, para lo que ha confiado en sus compañeros de oficio y amigos Antonio de la Torre y Luis Callejo.

En Venecia se le han buscado influencias cinematográficas a “Tarde para la ira”, que es lo que simpre se hace con un debutante, pero da la impresión de que no han dado en el blanco. Lo único cierto es que el título está inspirado en “Un día de furia” (1993), y ahí acaban las coincidencias. Ni hay nada de “Drive” (2011), ni tampoco de “Uno de los nuestros” (1990). Ha sido el propio Arévalo el que ha tenido que poner las cosas en su sitio apuntando hacia el cine de Carlos Saura en “Los golfos” (1959), “La caza” (1965) o “Deprisa, deprisa” (1980).

No en vano se trata de una obra muy personal, pensada a partir de recuerdos de la niñez sobre determinados ambientes de barrio o de pueblo, como el bar que tenía su padre. Por eso ha rodado las localizaciones urbanas en Vallecas, Entrevías y Usera; mientras que las rurales han tenido lugar en la provincia de Segovia, en Martín Muñoz de las Posadas. Busca la tensión en partidas de mus en bares, en gimnasios, o a las puertas de la cárcel. Sitios propicios para fraguar una venganza violenta.