Carlos GIL
TEATRO

La condición humana

La obra sucede en una de esas infames cárceles camufladas con el nombre paliativo de Centro de Internamiento de Extranjeros, que nos traen siempre noticias de la deshumanización con la que se trata al otro, al diferente, al llegado de otros lugares. Palabras que forman una nomenclatura perversa que convierte a personas en indocumentados, ilegales, sin papeles y a los que se trata como delincuentes sin ninguna garantía jurídica. 

Con este bagaje y la obra de Cervantes “Trato de Argel” como inspiración, Ernesto Caballero traza una propuesta preñada de sensaciones, ternura hacia los protagonistas, sin dejar de mostrar el rigor administrativo kafkiano y sus excesos.

Se nos antojan mucho más efectivas cuando no requieren del aval cervantino, cuando la historia que nos cuenta, sacada de hechos reales, fluye de forma directa, dentro de lo contemporáneo, lo actual. Es ahí cuando la sentimos más concienciadora, más reveladora, más oportuna, es cuando la obra raspa, toca, hiere, revela, conmueve, altera la percepción de nuestra sociedad.

Planteada la puesta en escena con un escenario central y con los públicos a ambos lados enfrentados, la propuesta escenográfica, sobria, corpórea, provoca unas dificultades espaciales en la interpretación. Se aprecia que para dotarle de autenticidad en el reparto tiene unas desigualdades manifiestas de calidad interpretativa, pero en su conjunto, debido al ambiente general que los arropa, al hálito de solidaridad que producen los testimonios que se nos narran adquiere una fuerza comunicativa más allá de una valoración exclusivamente artística. Y eso logra unos momentos especiales donde se funde la razón y el sentimiento. Es el punto donde se cruzan la ocasión de contarlo y la necesidad de conocerlo, porque justamente nos muestra la condición humana en estado excepcional.