De la intención previa al suceso final
Paco Azorín firma la “versión”, la escenografía y la dirección de “Escuadra hacia la muerte” de Alfonso Sastre. Existe una clara distancia entre el texto original y lo que se ofreció en el estreno de esta puesta en escena que busca una hibridación que no acaba de funcionar. La intención que se intuye es traer este texto escrito a principios de los años cincuenta del siglo pasado a nuestros días, dotarle de una imagen más acorde con esa supuesta tercera guerra mundial en la que Sastre coloca la acción, pero lo hace de una manera superficial, formal, sin un trabajo de acomodación dramatúrgica solvente.La propia escenografía impide que se desarrollen las acciones de los soldados de manera fluida, obliga a que transcurra en un subterráneo y deben relacionarse con el exterior a través de imágenes pregrabadas, incorporando música en directo que no acaba de funcionar, alterando la situaciones más nihilistas del texto original e incrustando poemas de Bertolt Brecht que no encajan, que crean otro plano de discurso, que lo condicionan y le cambian la intención del texto original, rico, pletórico, que se diluye con tantos añadidos y postizos. Esto hace que los intérpretes deban fundamentar su actuación con personajes no del todo desarrollados por los cortes y omisiones, en un espacio nada útil y con una nueva estructura que fragmenta y desvía la atención, por lo que se quedan en tipos, cuando originalmente son personajes complejos. De todo ello se colige que estamos ante una propuesta a la contra del texto del que parte que no alcanza sus objetivos ya que las intenciones no se sustancian en un nuevo suceso teatral más importante.

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