Carlos GIL
TEATRO

Juego de reinas

Personaje fundamental que puede ser interpretado históricamente desde muchos puntos de vista, Juana La Loca es como se estudia; quizás en una forma de reducir un problema político que nunca se resolvió, donde se cruza el amor, la infidelidad con las razones de Estado.

Hija y madre de reyes, Juana pasó su vida encarcelada en Tordesillas y ahora se nos presenta en escena en un texto muy poético de Ernesto Caballero que proporciona los datos coyunturales de índole geoestratégica de la época en los que esta reina padeció los avatares de un totalitarismo que se cebó en su figura.

Con una tendencia a hacer un personaje mucho más atractivo, más cautivador, más concienciado con todo lo que sucedía que lo que se podía conferir, pero sin alcanzar un tono discursivo rompedor, simplemente aquilatando los momentos del monólogo para que existan muchos afluentes hacia el río narrativo principal.

Texto a favor de personaje, actriz inconmensurable, entregada en cuerpo, voz y alma, plena de matices, siguiendo las directrices mecánicas y espaciales de una dirección a favor de texto y de actriz de Gerardo Vera que logra una suerte de gran estallido escénico en donde confluyen dos reinas, la evocada y la física, Juana y Concha, en una simbiosis realmente destacable. Como si fuera la misma providencia la que hubiera proporcionado la oportunidad de esta producción teatral que abarca el interés de la referencia histórica y el de la bondad interpretativa de una actriz que se deja el último aliento para dotar de verdad incontestable a esa Reina que no da otro signo de locura que su amor y su lucidez.