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El Partido Pirata, al asalto del poder en las legislativas de Islandia

Los sondeos de las elecciones legislativas celebradas ayer en Islandia otorgaban a la actual coalición gobernante de derechas un apoyo insuficiente para seguir en el poder y abrían la puerta a una inédita alianza liderada por el Partido Pirata.

Si, como anticipaban los sondeos, la coalición de gobierno de derechas es derrotada en las elecciones legislativas celebradas ayer en Islandia, se abrirá la oportunidad de una coalición inédita liderada por el Partido Pirata, formación de inspiración libertaria y hostil al sistema tradicional. Sería el tercer cambio político en el poder desde 2009.

La crisis financiera de 2008 y el escándalo de los Papeles de Panamá pueden pasar factura al actual gobierno de la isla.

Desde la proclamación de la República islandesa en 1944, solo un paréntesis entre 2009 y 2013 interrumpe la continuidad de gobiernos de derecha.

Los sondeos daban la victoria al Partido de la Independencia, tradicional fuerza conservadora dominadora, con una ventaja de entre dos y nueve puntos sobre el Partido Pirata, que podría pasar a ser la segunda más votada en menos de cuatro años de existencia.

Si los dos socios de la coalición saliente (Partido de la Independencia y Partido del Progreso) no alcanzaran la mayoría absoluta, el jefe del Estado podría sondear directamente la coalición anunciada por los piratas. El actual primer ministro, Sigurdur Johannsson, presidente del Partido del Progreso, se declaró optimista a pesar de que su formación podría perder la mitad de sus diputados y quedarse en un 10%.

Alianza de gobierno

Los piratas, a los que los sondeos daban un 20% de la intención de voto por delante de Izquierda Verde, podrían tener la llave para negociar la constitución del Ejecutivo. Liderado por una militante de WikiLeaks, Brigitta Jonsdottir, el Partido Pirata ya ha sellado un acuerdo con tres partidos de oposición (Izquierda Verde, socialdemócratas y el centrista Futuro Brillante) para gobernar juntos, lo que ya hacen en la capital desde 2014.

El texto señala como áreas centrales la garantización de la sanidad pública, una política climática responsable, aumentar los impuestos a quienes explotan recursos naturales –que deben ser considerados un bien público perpetuo y no privado– y una nueva Constitución.

La condición de política más popular del país de la líder rojiverde, la exministra Katrin Jakobsdóttir, podrían llevar a esta a la jefatura de gobierno. La Izquierda Verde sufrió un duro castigo electoral por formar parte del primer gobierno de izquierda de Islandia, nacido tras la crisis de 2008, que acabó siendo muy impopular por impulsar una dura política de recortes sociales.

Peor le ha ido a la Alianza Socialdemócrata: de ganar en 2009 con casi el 30 % y colocar a Jóhanna Sigurdardóttir de primera ministra, pasó cuatro años después a menos de la mitad y los sondeos la situaban ahora como una fuerza residual.

El propio Partido Pirata ha visto su crédito reducirse a la mitad –hace seis meses los sondeos le otorgaban un 43%– por «repetidos conflictos internos».

La isla de 332.000 habitantes ha regresado a un crecimiento económico del 4% gracias al turismo y a un sistema financiero rediseñado, pero los ciudadanos, sobre todo los más jóvenes, desconfían de la élite. Tras la crisis financiera de 2008 que evidenció la gestión de banqueros y políticos, el escándalo de los papeles de Panamá –con más de 600 islandeses con cuentas en paraísos fiscales, entre ellos el primer ministro– ha llevado la indignación a su máximo nivel.