Tres ultrafondistas vascos, ante otro reto mayúsculo
Asier Cuevas, Ibon Esparza y Xabier Alonso son los guipuzcoanos que compiten el domingo en el Mundial.

Xabier Alonso, a las 16.15 desde la histórica estación de tren de Irun (inaugurada en 1863); Ibon Esparza, a las 16.33 desde la no menos trascendente terminal de Atotxa en Donostia (1864); y Asier Cuevas, a las 17.22 con el entrenador Santi Pérez desde la significativa estación de Zumarraga (1864). Hay trenes que no hay que dejar escapar en la vida, y este ferrocarril, que partió el miércoles con dirección a Murcia y escala en Madrid, era uno de esos para los tres osados y, para muchos, locos atletas guipuzcoanos, que el domingo estarán entre los 140 participantes el Mundial de 100 kilómetros que se disputa en la localidad costera de Los Alcázares.
Son los tres únicos atletas vascos que disputarán esta prueba de ultrafondo, organizada por la Asociación Internacional de Ultrafondo (IAU, por sus siglas en inglés) y reconocida por la Federación Internacional de Atletismo (IAAF) desde el año 1992.
Siguiendo un orden lógico, el de veteranía o experiencia, o ser «el más viejo» como bromea Cuevas (43 años), el eibartarra es uno de los ultrafondistas con más recorrido en Euskal Herria. Es el vigente subcampeón del mundo, solo superado por el sueco Jonas Buud –también está inscrito–, y por su carisma tendrá un objetivo antes de que se inicie la larga carrera de los 100.
Si bien conoce a la perfección a Ibon Esparza, del que incluso asegura saber cómo respira, a Xabier Alonso «no lo conozco tanto», por lo que su primer reto será «hacer piña» entre los tres porque «me gusta que haya buen ambiente», comenzando en el trayecto en tren, siguiendo en Madrid y concluyendo al día siguiente en Murcia, hasta el mismo inicio de la prueba, porque una vez que comience «yo saldré más rápido que ellos».
Cuevas, ¿ante su último reto?
Asier Cuevas es una persona, como lo define Esparza, «normal, un gran amigo y con una filosofía extraña», siempre pensando en el grupo. Es más, al contrario que un gran número de atletas que solo vive del deporte que practican, Cuevas, Esparza y Alonso se ganan la vida trabajando fuera del mundo deportivo. «Es la vida que he elegido. Prefiero tener un trabajo, que además me gusta, que me dé seguridad», reconoce Cuevas.
Esparza y Alonso, además, trabajan a pocos metros de distancia en Errenteria, por lo que el contacto ha sido fácil a la hora de ultimar los preparativos de cara al Mundial, así como organizarse para tomar la fotografía que acompaña a estas líneas.
Como una prueba de estas características requiere, «mucho más dura que el maratón o los 50 kilómetros marcha –una de las pocas pruebas que Cuevas no ha probado–», la preparación ha sido larga para los tres, aproximadamente de 32 semanas, con sesiones de 180-200 kilómetros a la semana en algunos casos.
Esparza explica que los entrenamientos son parecidos a los del maratón, aunque «si en esa distancia haces tiradas de 34 kilómetros, para la prueba de los 100 son de 54. Esa es la mayor diferencia». Xabi Alonso incluso ha llegado a hacer una salida de 60 kilómetros, «la más larga» de su plan de preparación.
Por lo tanto, el trabajo ya está hecho antes de comenzar el duro reto. Y exigente, tanto que para todo un veterano como Cuevas –esta podría ser su última carrera seria– le sigue creando nervios y hasta miedo. «Llego bien, aunque sí que es verdad que he tenido una semana un poco rara. Me suelo poner nervioso un par de días antes o el día anterior. Sueles estar con mal genio, que no te pregunten cosas...», explica. Pero en el fondo está deseando de que llegue el día: «Tengo ganas de correr porque veo que estoy bien».
Esparza, momento de resarcirse
Ibon Esparza también sentirá nervios a medida que llegue la carrera, aunque admite que la excitación será más pausada tras haber aprendido de lecciones anteriores. Gracias a Cuevas le llegó al atleta del Goierri Garaia esta oportunidad, «o tontería» –señala bromeando–, de probar la distancia –el eibartarra admite que tanto él como el donostiarra tienen un tipo de fisonomía que se adapta bien a los 100 kilómetros–. «En un primer momento comencé ayudándole; iba con él al Mundial a verlo y me decía que yo también tenía que estar. ‘¡Tú estás loco!’, le respondía yo. Al final probé y parece que se me da bastante bien», explica Esparza.
Tanto, que también le llegó la oportunidad de disputar un Mundial, el del año pasado en Winschoten (Holanda), gracias a su victoria en Seregno (Italia) con un magnífico registro de 6h47:55. No obstante, tuvo que abandonar en el kilómetro 60 por una lesión en los isquiotibiales. «Correr dos carreras de este tipo en un mismo año es demasiado agresivo», señala.
Ahora tiene una bonita oportunidad de resarcirse. «La verdad es que sí. Hay que cambiar el chip. En el Mundial del año pasado me metí demasiada presión a mí mismo para hacerlo bien. Este año, en cambio, voy más tranquilo, sabiendo lo que hay y a disfrutar», explica.
En abril de 2014 comenzó a ir a un dietista. «Me di cuenta de que no comía bien. Me alimentaba de mucha pasta y carne. Ahora como más legumbres y verduras, y he dejado de lado la pasta», relata. El resultado es obvio: «He perdido 7 u 8 kilos desde que voy al dietista, aunque tampoco es una dieta estricta».
Muchos se pueden preguntar si para correr 100 kilómetros de tacada hay que estar loco. Más que loco, Asier Cuevas cree que hay que estar «motivado». Esparza, por su parte, lo deja claro: «Todos nos dicen que estamos bastante locos porque se creen que corremos 60 o 80 kilómetros cada vez que vamos a entrenar, y eso no es así».
Los 100 kilómetros dan para pensar mucho. Cuevas y Esparza coinciden en señalar que las primeras vueltas al circuito suelen servir para analizar el trazado, memorizarlo y regular el ritmo. No es hasta cumplidos, mínimo, los 60 kilómetros cuando se comienza a pensar realmente en la carrera y cuando se ponen objetivos a corto plazo, siempre y cuando se supere el denominado «muro». En este momento «tienes que engañar a la mente», recalca Esparza. Para ello, al donostiarra le ayuda pensar que está entrenando un día normal.
Xabi Alonso, de la bici al asfalto
De los tres, Xabi Alonso es quizás el más desconocido. «Me siento un poco desubicado al lado de Cuevas y Esparza» por sus trayectorias, admite él mismo. Pero no por ello es menos valorado. El irundarra es un gran ejemplo de superación personal, de buscar retos mayores. Su primera participación mundialista llega después de pasarse de la bicicleta al asfalto –cosa que alterna todavía para «descargar las piernas», por lo que no se considera «tan metódico»– y de ser subcampeón de España con una marca de 7h38:43, cita en la que se quedó sin medalla por un error de inscripción, aunque admite que llegó a solucionarlo.
Ante este reto –ha corrido incluso distancias más largas–, reconoce que en Irun «todo el mundo me conoce de verme todos los días corriendo para arriba y para abajo. Para la familia es un orgullo y tengo ganas de que las cosas salgan bien».
Xabi Alonso agradece la predisposición de Cuevas y Esparza, quienes «me han echado un cable con los billetes de tren y el alojamiento», porque recalca que desde la Federación Española de Atletismo «nadie» se ha puesto en contacto con él, únicamente desde la presidencia de la Guipuzcoana para ofrecerle su ayuda en caso de necesitarlo.
Peros al margen, en Los Alcázares no busca un puesto en concreto, porque «no depende de mí –menciona como favoritos a los japoneses, con marcas de 6h40–», sino «dar un salto de calidad»: llegar a los 7h20.
En el fondo, los tres vascos saben que no van a disfrutar mucho, pero que no les quepa duda de que trasladarán de Euskal Herria al mundo la pureza del atletismo: correr por correr.
«No llevo ninguna lata de Coca-Cola para echármela por la cabeza»
Ibon Esparza deja entrever que Asier Cuevas podría enfrentarse mañana a la última carrera seria de una extensa trayectoria deportiva repleta de sacrificio, éxitos y hasta anécdotas. El eibartarra ha llegado a echarse Coca-Cola por la cabeza pensando que era agua durante una carrera. «Ahora no me llevo ninguna lata (ríe). Eso me pasó una vez. Iba tan jodido y con tantas ganas de echarme algo por encima que me confundí y me eché un vaso de Coca-Cola», relata el atleta del New Balance pocos días antes de partir hacia Murcia sobre una bebida que «normalmente» no bebe.
El guipuzcoano se marca como objetivo «intentar hacerlo bien y terminar bien. Creo que puedo estar adelante, entre los diez primeros», aunque «será muy complicado». Respecto al registro, «es secundario. Yo creo que tengo margen para hacer mejor marca que la que hice para estar aquí en el Mundial, pero para eso tienes que arriesgar, y un campeonato no es para arriesgar, es para buscar el puesto», explica el experimentado corredor.
Al igual que a sus dos compañeros de fatigas en el Mundial de mañana, Cuevas fue preguntado por cómo le gustaría que fuese el titular de la crónica de la carrera una vez que concluya. Su respuesta, muy sincera: «Espero que no sea la crónica de una muerte anunciada (ríe). Estaría bien algo así: ‘Un sueño cumplido’. Porque a mí quién me iba a decir hace 20 años que iba a correr un Campeonato de Europa, del Mundo… Soy un tío que trabaja como otro más, que entrena como el que se dedica a ello».
«Esta vez la ikurriña no puede viajar conmigo»
El donostiarra tocó el cielo y dio la vuelta al mundo cuando el 22 de marzo de 2015 cruzó la línea de meta con la ikurriña como vencedor en la dura prueba de 100 kilómetros de Seregno (Italia), aventajando en 20 minutos al segundo con su mejor registro hasta la fecha (6h47:55). El corredor del Goierri Garaia suele llevar la tricolor en la mochila a todas las carreras, pero esta vez se tendrá que quedar en casa porque «en este tipo de pruebas está prohibida y puede ser motivo de descalificación», explica el propio Ibon Esparza. «No es como para andarse con tonterías. Aunque lo veo normal, porque si cada atleta hace lo mismo con su bandera, esto se convertiría en un cachondeo», añade.
En un circuito de Los Alcázares que puede estar «resbaladizo en el tramo del paseo marítimo por la mezcla de agua y arena», se marca como reto estar cerca de la marca lograda en Seregno. «Logrando eso, estaría contento, porque normalmente en este tipo de carreras, si vas en tu marca, el puesto llega solo».
El donostiarra sabe lo que es caerse y levantarse, como lo ha demostrado tras el Mundial de 2015 en el que tuvo que abandonar. «Solo queda echar para adelante y punto», señala optimista en la previa de una carrera que le gustaría «muchísimo» titular con un rotundo “Asier Cuevas, campeón del mundo”. «Es campeón de Europa, subcampeón del mundo... así que, en la que podría ser su última carrera, sería muy bonito», recalca.
«Es un reto y me gusta todo lo que rodea a las carreras»
El irundarra ha sido el último de los tres atletas en competir en el ultrafondo, que lo define «como una familia». Hasta 2008 corrió en bicicleta por el monte, participando en pruebas como la subida a Larun, pero en su afán de buscar «mayores retos», se propuso correr la Zegama-Aizkorri, y más tarde la Ehunmilak. Entonces conoció en Irun a Ricardo Toro, «precursor en esto del ultrafondo», que lo animó a correr los 100 kilómetros.
«Una vez que te introduces en este mundo, ves que cada vez hay retos superiores, más distancias… No es como el atletismo tradicional de pista, que vas buscando marcas. El ultrafondo, para mí, es un reto personal y me gusta todo lo que rodea a la carrera».
Una semana después de ser subcampeón de España de 100 km este mismo año, Alonso hizo la Luchon-Baiona de 320 kilómetros en bici. Los retos también le han llevado a correr la Milán-San Remo de 285 km y la heroica Spartathlon, de 256 km, en dos ocasiones, en la que «se rememora un hecho histórico de unas guerras. Cuando llegas a meta tienes que besar la estatua de Leónidas, que era el rey de los Espartanos; te ponen una corona de olivo en la cabeza. Todavía mantiene un poco la épica del atletismo. Se mantiene la pureza del atletismo, de correr por correr». La carrera de mañana le servirá de preparación para las 24 horas de Barcelona del 17 de diciembre. «En el ultrafondo, con la edad eres menos rápido pero más fondón. El cuerpo va asimilando los esfuerzos», explica. Por último, su titular para mañana: «Los tres guipuzcoanos triunfan en el Mundial de 100 kilómetros». Que así sea.

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