EDITORIALA

El falso vínculo entre crecimiento e igualdad

El Foro Económico Mundial, que anualmente reúne en Davos (Suiza) a líderes políticos y económicos del planeta, es el fiel reflejo del desconcierto global, en el que nada es como fue y poco parece lo que es. Así lo muestra la jornada de ayer, con el presidente chino defendiendo con pasión el libre comercio y con un asesor de Trump intentando suavizar los mensajes proteccionistas del próximo presidente de EEUU. De fondo, el llamado del Foro a reformar el mercado capitalista, lo que podría llegar a entenderse como un mea culpa discreto y parcial.

Las reuniones de Davos sirven para tomar la temperatura a las preocupaciones de las élites, que son muchas, diversas e inabarcables en un texto de estas dimensiones. Llama la atención, sin embargo, el discreto espacio que dedican a la desigualdad en el reparto de la riqueza, fenómeno que siempre abordan de forma secundaria, siempre como causa de inestabilidad social y muy pocas veces como consecuencia de las políticas económicas propagadas precisamente desde foros como el de Davos. Y eso pese a que, cada año, el informe que Oxfam presenta a las puertas del Foro pone la piel de gallina. El dato de este año: las ocho personas más ricas acumulan una fortuna equivalente a la de las 3.600 millones más pobres.

La lucha contra la desigualdad siempre queda supeditada al crecimiento económico, pese a haber quedado ya acreditado que no son procesos paralelos, ni mucho menos. Son muchos los trabajos que apuntan a que la desigualdad solo empezó a decrecer a finales del siglo XIX, coincidiendo con la eclosión del movimiento obrero. Un camino hacia la igualdad que, globalmente, concluyó en los años 70, década desde la que la desigualdad no ha hecho más que crecer de forma inversamente proporcional a la pérdida de influencia de sindicatos y movimientos de izquierda –hablamos de la tendencia global–. La crisis de la última década no ha hecho sino rematar un largo proceso al que difícilmente se pondrá fin si la prioridad sigue siendo, simplemente, crecer económicamente.