Ambición y sufrimiento, ingredientes del pase a la final
El Glorioso no se cansa de hacer historia. Si hace diez años empezaron sus peores momentos, bien puede decir que con la clasificación a la final de la Copa está recuperando su verdadera esencia. Los de Pellegrino supieron sufrir, supieron medir los tiempos del partido y Edgar Méndez se vistió de héroe marcando el gol que le da el pase a la final.

ALAVÉS 1
CELTA 0
Para lograr cualquier objetivo hay que sufrir. Nada está construido en un camino de rosas. Y el Alavés lo sabe, porque desde aquella semifinal de 2004 ha padecido de todo. Largos caminos por Segunda B y Segunda para ahora volver a disfrutar de la máxima categoría y de la emoción de la Copa hasta el mismísimo último suspiro.
El Glorioso lo intentó desde el minuto inicial. «Concentración» y «se va a decidir en detalles» fueron las arengas favoritas del vestuario albiazul, mientras Mauricio Pellegrino pedía que defendiesen hasta el final. Un mosaico albiazul le dio la bienvenida al campo y el equipo respondió mediante centros de los dos jugadores de banda, Ibai Gómez y Gaizka Toquero, que no fueron del todo precisos.
Al Celta le costó diez minutos calmar el juego del cuadro local, pero cuando lo hizo se manejó con peligro. Iago Aspas se reencontró con Pacheco una tarde-noche más. El guardameta extremeño rozó el balón para despejar a córner el disparo a bocajarro del gallego. Al Alavés le costó sacarse de encima ese control vigués y una falta al borde del área fue lo mejor para coger aire, aunque el disparo de Ibai saliese rozando el larguero de la portería de Álvarez.
También cerca del larguero pasó la vaselina de Iago Aspas –¿de quién sino?–, al aprovechar la peinada de Theo Hernández. En esa ida y vuelta, Deyverson se convirtió en el mejor aliado de los albiazules. Su control en el juego aéreo le dio vida al Alavés, para que seguidamente pudiesen entrar en juego tanto Camarasa como los dos extremos, y el público agradeció el esfuerzo con el cántico «Alavés, te quiero».
Méndez, héroe en 14 minutos
Ambos equipos debían marcar para llegar a la ansiada final y llegaron a un momento de incertidumbre. Tampoco convenía arriesgar tanto y dejar espacios en defensa. En ese hilo se movieron ambos equipos, con un Alavés más ambicioso y con un Celta más cauto que trataba de sorprender a la contra. Los de Pellegrino pudieron golpear primero, en jugadas elaboradas así como a balón parado. Deyverson y Camarasa se movieron como pez en el agua en la zona de tres cuartos, robando y construyendo jugadas. Ibai y Deyverson, con sendos disparos lejanos, pudieron adelantar al Glorioso pero si en el primero de ellos lo evitó Álvarez, en el segundo el brasileño llegó con síntomas de fatiga. El guardameta gallego estuvo atento en todo momento para atajar cualquier centro, fuese aéreo o raso y así evitar cualquier remate.
Tras el primer cambio de Berizzo –Sisto sustituyó a Bongonda–, el Celta consiguió frenar el ritmo del Alavés y tener más control. Así, Wass tuvo en su cabeza la mejor ocasión de su equipo con un remate a centro de Radoja. Lo atajó Pacheco porque, por suerte, el cabezazo fue centrado. Pellegrino, por su parte, tardó en hacer el primer cambio y casualidades o no, le dio resultado. Un fatigado Toquero dejó su sitio para el que se iba a convertir en el héroe de la semifinal: Edgar Méndez. Camarasa peinó el esférico, lo controló el tinerfeño, ze zafó de dos defensores y se plantó solo ante Sergio Álvarez para marcar el histórico gol. Euforia, saltos de alegría, abrazos... Antes de volver a sufrir y volver a empujar a su equipo en tareas defensivas.
Restaban algo más de diez minutos –sumando el tiempo añadido de seis minutos– y el Celta aún estaba a un gol de clasificarse para la final. Tocaba remar todos juntos para evitar cualquier susto, aunque al final el verdadero susto dio el protagonista del partido, Méndez, que se tuvo que retirar lesionado por un problema muscular.
Camarasa pudo acompañar en el papel de protagonista a Méndez en un mano a mano con Álvarez, pero falló y permitió soñar a un Celta que se agarró a su último lanzamiento de falta. No acertaron los vigueses y estalló la fiesta en el estadio gasteiztarra de Mendizorrotza.
«Gure garaia da», decía el eslogan del Alavés, que se planta en su primera final de Copa en sus 96 años de existencia.
Ambiente festivo entre los aficionados
Alrededor de 200 aficionados se citaron en los alrededores de Mendizorrotza para recibir a los jugadores babazorros, que llegaron uno a uno al campo y recibieron una calurosa bienvenida. Antes del partido se mostró el escudo del Alavés formado por las huellas de los aficionados y, al inicio del partido, la grada del estadio se ambientó con un mosaico albiazul.
El sábado a las 16.15 recibe al FC Barcelona
El próximo compromiso del Alavés será el FC Barcelona en la jornada 22ª de la competición liguera, precisamente el rival con el que se verá las caras en la final de Copa. Los jugadores albiazules ya sorprendieron al conjunto culé en el Camp Nou (1-2), con los goles de Deyverson y de Ibai Gómez, y el sábado a partir de las 16.15 intentarán repetir la machada en Mendizorrotza.

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