Koldo LANDALUZE
CRÍTICA «Rings»

Sustos advertidos

Partiendo de la base de lo innecsario que resultaba un reboot del filme orginal de Hideo Nakata, asumimos que “Rings” se limta a explotar una fórmula ya agotada y que se esfuerza en algo imposible, readecuar al estilo occidental la tradición fantasmal de la cultura japonesa.

Otro elemento que cabe rescatar de este festival de terror de consumo rápido se concentra en la iconográfica figura del espectro, una criatura sumamente inquietante y que surge de un minimalismo tan aterrador como efectivo, tan solo un cabello largo que cubre un rostro se transforma en una visión imposible de olvidar.

En cuanto a lo que ofrece la película, todo se resume en un agotador intento por dotar de sentido cada una de las acciones y sobresaltos que habitan en el original literario de Koji Suzuki que inspiró el primer filme y que en su posterior traslado a Hollywood se convirtió en  un cansino refrito de secuencias de cierto impacto visual pero eternamente deudoras de una idea que no requería de tanta formulación dramática. El cineasta F. Javier Gutiérrez se esfuerza en contadas ocasiones en dotar al conjunto de cierto empaque e intenta recurrir a un estilo autoril que ya se pudo vislumbrar en su nada desdeñable “Tres días”. Ello se resume en varias secuencias: uno en concreto se asoma como una clara alusión-homenaje a la referencial “Vértigo” de Hitchcock. Dejando a un lado esos leves ramalazos en los que el cineasta intenta dejar cierta impronta en este típico encargo elaborado en los laboratorios comerciales de Hoywoood, el metraje se arrastra con lentitud y a través de unas sobreactuaciones que no ayudan en su cometido de asustar a un público ya advertido de los sustos que asoman tímidamente detrás de cada uno de los rincones ya vistados con anterioridad.