Gloria
Hija de modista y conserje y menor de ocho hermanos, sobrellevaba su juventud de barrio cuando le pilló la guerra. Su novio Manolo fue voluntario y no volvió, más tarde Gloria le dedicaría “Carta de la eme”, un poema cuyas palabras comienzan todas por “m”. Luego le salió una oficina, y otra… veinte años de oficinas “donde trabajaba como si fuera tonta”.
Escribió en revistas infantiles como “Maravillas” o “Chicas”, pero ya iba en vespa por su Madrid en los 50, y bebía whisky, y fumaba, ¡y vestía como un hombre! A pesar de sus pantalones creó el grupo Versos con faldas y leía sus poemas en bares y cafés. Escribió poesía social porque «todo asusta» y «miedo da a veces coger la pluma y ponerse a escribir»; y también participó en el Postismo, ese grupo extemporáneo de raros y extraordinarios poetas, y en él aceró ese amor por las palabras y sus sugerentes sonoridades, y quiso a Carlos Edmundo de Ory. Suicidándose un poco cada noche, sudando tinta y padeciendo sed, se fue haciendo poeta de pelo en pecho, siempre de guardia. El amor de su vida fue otra mujer, la hispanista americana Phyllis Turnbull; la relación duró de 1954 a 1970 –estuvo varios años enseñando en universidades de EEUU–. Luego escribió su poemario “Pecábamos como ángeles”: «Me nombraron patrona de los amores prohibidos», escribe. En los 70 la tele y la fama. “Los Chiripitifláuticos” –era amiga de Valentina–, “Un globo, dos globos, tres globos”… y también las crueles parodias de “Martes y Trece” que la convirtieron en caricatura, cuando Gloria Fuertes era una poeta incandescente y audaz, y mucho más tigre que gatito. Celebren este centenario de su nacimiento leyéndola.

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