Víctor ESQUIROL
FENCES

Cercas cercanas; “Oscars so White” lejanos

U ltimos días antes de la 89ª edición de los Premios de la Academia, es decir, de los Óscar. Últimos momentos para completar las porras con el último título nominado a Mejor Película que quedaba por llegar a nuestras salas. Y con este, de paso, debería quedar zanjada la polémica del año pasado, en que se acusó a los académicos de ningunear a la comunidad afroamericana en las categorías más importantes de dichos galardones. Así, hemos pasado de la blancura de la última gala (en que películas tan notables como “Straight Outta Compton” y “Creed. La leyenda de Rocky” quedaron incomprensiblemente relegadas a un ostracismo casi total) a un corte final donde el negro se impone gracias a “Figuras ocultas”, “Moonlight” y ahora “Fences”.

La tercera aventura de Denzel Washington como director no está exenta del protagonismo de este mismo delante de las cámaras, y podría definirse como una de esas clásicas apuestas seguras con las que Hollywood pretende marcar buenos números en taquilla sin renunciar por ello a lo estándares (mínimos) de calidad que marca su propia temporada de premios. El film es efectivamente académico, tanto en el mal como sobre todo en el buen sentido de la expresión. Prohibido sorprender al espectador porque, admitámoslo, este no va a buscar sorpresas... y porque así pueden amarrarse mejor las virtudes del producto, que haberlas haylas, no hay dudas al respecto.

A saber, y para no alargarnos en exceso, una nada deslumbrante pero por el contrario muy sólida teatralización del séptimo arte. En este drama-río familiar de época basado, precisamente, en la obra de August Wilson (interpretada en Broadway por el propio Denzel Washington), brillan los actores, afroamericanos todos ellos... y ellas. A destacar un nombre por encima de los demás: Viola Davis, quien esta vez sí, tiene el Óscar a tocar.