Víctor ESQUIROL
CRÍTICA «Fences»

La última voluntad de August Wilson

C uando Hollywood contactó con el reputado dramaturgo August Wilson para llevar a la gran pantalla una de sus obras de teatro más populares (hablamos de “Fences”, quinta parte de la decalogía “Century Cycle”), el hombre puso para ello una serie de condiciones, siendo la más llamativa la prohibición de que dicho proyecto recayera en manos de cualquier director blanco. «No lo hago por motivos raciales», dijo en su día el propio Wilson, «sino por temas culturales. Un cineasta blanco no está cualificado para este trabajo. Solo un director negro puede compartir aquellos detalles específicos de la cultura afroamericana, algo imprescindible para entender mi obra». Pues bien, más de una década después de su muerte, se cumplieron los deseos del autor. Quizás por aquello de ahorrarse más polémicas sobre la blancura en las producciones “de prestigio” de la meca del cine... quizás para asegurar el buen funcionamiento de una apuesta que, en cierto modo, estaba obligada a rendir a alto nivel. Es por esto que Denzel Washington se presentaba como el hombre ideal para dicha tarea. Ya había dirigido dos películas y, aún más importante, él mismo había interpretado el papel principal de dicha obra en Broadway.

Dicho y hecho: todo en su sitio. Washington factura una buena mezcla de formatos, evitando caer en el error del “teatro filmado”. Si bien queda lejos de referentes cercanos (véase la magnífica “La duda”, de John Patrick Shanley), sí que muestra la inteligencia suficiente para poner todos los medios fílmicos al servicio de lo más importante. Primero, un texto soberbio sobre las tensiones raciales y del patriarcado. Segundo, unas interpretaciones igualmente inspiradas, la de él mismo y la de una Viola Davis colosal, de Óscar. Por cierto, la Academia se ha acordado de quien lo iniciara todo. Diecisiete años después de su muerte, August Wilson podría llevarse la estatuilla al Mejor Guion Adaptado.