Amaia U. LASAGABASTER

Los azulgranas se olvidaron de la palabra mágica

Intensidad. La palabra mágica, que no se olvidaban de subrayar Petar Vasiljevic y José Luis Mendilibar en la víspera del derbi. Lo hace siempre, en realidad, el zaldibartarra. Y sus jugadores le siguen siempre a pies juntillas. O casi siempre. El de ayer fue uno de esos «casis». Y lo más preocupante es que llega justo después de que frente al Real Madrid el Eibar dejara una sensación parecida.

La de un equipo al que le falta, no tanto intensidad como continuidad. Y eso le aleja de aquel Eibar que agobiaba a su rival, sin dejarle respirar, y que sumó buena parte de los puntos que le han permitido ilusionarse con Europa. Es lo que le faltó frente al Real Madrid para, por lo menos, incomodar a los merengues. Y es lo que le faltó para llevarse los puntos ante un Osasuna al que, viendo que podía hacer daño con poco, dejó revivir. Porque el Eibar fue superior durante casi todo el partido; tuvo el balón, llevó la iniciativa y disfrutó de las mejores –únicas durante una hora– ocasiones. Pero le faltó hambre y decisión, sobre todo en los últimos metros, para poder ajusticiar a su anfitrión. Si aún así sobrevivieron los navarros gracias a Sirigu, inspiradísimo en tres remates de Inui, qué no habría podido pasar con un Eibar más vehemente.

Nunca lo sabremos ya. Con el descanso empezó a cambiar el partido. Todavía aguantaron los armeros algunos minutos pero no tardaron en diluirse. Arbilla, el mejor hasta entonces, empezó a sufrir con Jaime Romero, la mayoría de sus compañeros dejó de dar señales de vida, Osasuna empezó a ilusionarse y, cosas del fútbol, justo entonces llegó el gol. Con cierta justicia poética porque Kike García, fuera del césped desde que en diciembre se lesionara en la visita copera a El Sadar, marcó el 0-1 cuando apenas llevaba un puñado de segundos sobre el césped. Lamentablemente, tampoco con el gol recuperó el instinto asesino el Eibar; y lo que es peor, la flojera se extendió a la retaguardia, dando alas a Osasuna. Hasta el punto de que Yoel acabó convirtiéndose en uno de los protagonistas de la noche, salvando a su equipo de la derrota.