2017/03/31

Germán García Marroquín y Dani Gutiérrez Porset
Miembros de la Plataforma Ongi Etorri Errefuxiatuak
Quizá algún día te lo pregunten

«Sabíamos que quienes no morían pasaban frío y hambre, sufrían enfermedades y el desprecio de mucha gente en distintos países, pero ¿qué podíamos hacer nosotros?»

Sabía usted que han desaparecido 10.000 menores que llegaron a Europa en busca de asilo? 10.000 niñas y niños que, en algún momento de su viaje, se separaron de sus familiares o que ya estaban solos desde el momento de su salida, y no encontraron quien se hiciera cargo de ellos. Niñas y niños que llevan por ahí perdidos un año. (Europol, enero 2016).

Hace ya doce meses que la tragedia de las personas que dejan sus países, buscando en Europa una tierra donde acogerse, llama a nuestra puerta diariamente.

Quizá sea usted una de esas personas que en el último año no ha hecho nada en favor de las personas que buscan acogerse entre nosotros. En ese caso podría pasar el resto de su vida sin sentir la necesidad de tomar partido por unos semejantes que abandonan sus casas porque temen por su vida o para intentar tener una vida digna de llamarse así. Pero también puede ocurrir que, al leer estas líneas, piense que algún día su nieta –volviendo de ver una película sobre estos hechos– podría preguntarle si usted hizo algo en favor de aquellos semejantes, contemporáneos suyos, que morían por miles intentando cruzar el mar en unos botes de goma abarrotados hasta no dejar un solo hueco.

Quizá tenga que responder «sí algo sabíamos, sabíamos que muchos morían, que muchos más lograban llegar a nuestra puerta y trataban de deportarlos, que muchísimos más eran frenados por unas vallas de púas que nuestros gobiernos colocaban para dificultar su llegada. Sabíamos que quienes no morían pasaban frío y hambre, sufrían enfermedades y el desprecio de mucha gente en distintos países, pero ¿qué podíamos hacer nosotros?»

Y quizá su nieta, cuando le hace la pregunta, haya visto en esa película que también entonces –ahora para usted– había mucha gente que se movilizaba contra sus gobiernos para exigir el respeto a los Derechos Humanos y la apertura de las fronteras. Mucha gente que hacía campañas en sus pueblos para explicar que estas personas que solicitaban asilo no eran un peligro para quienes estábamos aquí. Llegaban empobrecidas pero eran una riqueza de vitalidad, como habían demostrado en su viaje, necesaria para reavivar nuestras envejecidas sociedades. Que había por toda Europa mucha gente trabajando temporadas como voluntaria en los campos de refugiados, que colaboraba en campañas para atender las necesidades básicas de las personas que se iban acumulando al otro lado de las vallas, que organizaba charlas y exposiciones, proyectaba películas, para explicar la situación de las personas refugiadas y el porqué de su existencia en tan gran número.

Porque usted debe saber ya que, si Turquía, Pakistán y Líbano acogen al 30% de personas refugiadas del mundo, bien puede pensarse que los países del G-20 podrían acoger sin traumas a todas las personas frenadas hoy en las vallas.

Y seguramente sabe tan bien como yo que las personas en busca de asilo dejan sus países a causa de la guerra, la violencia cotidiana, la persecución por razones de religión, orientación sexual, negación total de libertad para las mujeres por ejemplo, pero no solo, pobreza extrema provocada por el expolio secular de sus recursos y su medio ambiente que ha destruido sus medios de vida. Y sabe tan bien como yo que todos los países poderosos, con capacidad de veto en la ONU, están detrás de cada uno de estos males.

En fin que usted verá cómo explicar a su nieta que, mientras todo eso tenía lugar, usted no encontraba el momento de poner una bandera amarilla en su ventana, para hacer saber a su vecindad que, no es por usted que todo esto ocurre. Que usted estaría a favor de que se retiraran esas vallas, se facilitase pasaje seguro y pasaportes humanitarios, que se desmantelasen progresivamente esos campos de personas refugiadas carentes de todo lo necesario para una vida digna. Una bandera amarilla sirve también para exigir a la Unión Europea que deje de comprar la colaboración de gobiernos autoritarios y criminales (Marruecos, Turquía, Libia etc.) para crear dos fronteras, una para pobres –lejos, donde no les veamos y no se permite cruzar– y otra –en los aeropuertos– para turistas ricos. La participación en el evento Ongi Etorri Errefuxiatuak Gernika 2017 el día 29 de abril es una buena oportunidad para expresar su apoyo a las personas refugiadas. Al menos dejará claro que esto no se hizo en su nombre.