V.E.
EMPATÍA

Confesiones de un animal escéptico

D urante la preparación de su nuevo documental, sobre la relación entre hombres y animales, Ed Antoja choca con dos datos que podrían poner los pelos de punta. El primero: “En Catalunya hay más cerdos que personas” (no malpiensen, por favor). El segundo: “A cada segundo que pasa, se sacrifican 3000 animales para el consumo humano”. El tipo, por cierto, recibe tanto una información como la otra degustando una hamburguesa gigantesca. Con huevo frito. Y con queso. Y con bacon. Lo que acaba de descubrir le interesa, pero considera que no por ello debería perder el apetito. “Empatía”, que así se titula la película que nos ocupa, busca precisamente esto, una conexión emocional entre espectador y tema de estudio, sin la cual el documental en cuestión no tendría ningún sentido. Es este, al fin y al cabo, uno de los objetivos primordiales de la no-ficción: concienciar al público sobre sujetos de vital importancia. En este caso, la atención la focaliza la –destructiva– superioridad que el hombre ha impuesto a los pájaros, mamíferos, reptiles, peces... de los que puede echar mano. Todo esto contado desde la distancia del escéptico... y la cercanía de quien quiere aprender.