V.E.
POWER RANGERS

El nulo poder de transformación del tiempo

P or si a estas alturas todavía quedaban dudas respecto al poder de la nostalgia en nuestros tiempos, va Hollywood y se saca de la chistera el enésimo reinicio de “Power Rangers”. Recordemos que dicha franquicia vio la luz en 1993, y que desde entonces ha conocido más de veinte series/películas/cortometrajes/especiales de navidad que han tomado prestado su nombre y concepto.

Con este nuevo film, el propósito principal vuelve a ser el de estimular aquella parte del cerebro donde habitan las memorias. Reactivar esos recuerdos acumulados desde hará más de, precisamente, veinte años. El director Dean Israelite, después de su –discreto– éxito low-cost “Project Almanac”, sigue con lo mismo, buceando en un material que parece hecho a su medida. La historia nos habla de unos teenagers (más o menos inadaptados al ecosistema de su instituto) cuya vida da un vuelco cuando misteriosas fuerzas alienígenas les concedan superpoderes para convertirles en los defensores de la Tierra. Y como si no pasara el tiempo, ante nosotros, dos horas de aventuras tontorronas, ruidosas y visualmente desconcertantes. Tan cutres e irritantes como –algunos– las recordábamos.