V.E.
ÚLTIMOS DÍAS EN LA HABANA

Esta (agónica) revolución es eterna

E n uno de los planos de apertura del magnífico documental “Buena Vista Social Club”, de Wim Wenders, la cámara se detenía unos segundos en un graffiti que rezaba lo siguiente: “Esta revolución es eterna”. Sonaba de fondo el “Chan Chan” de los Súper Abuelos, y la –perfecta– unión entre imagen y sonido nos hablaba de algo tan profundo y conmovedor que solo podía expresarse en términos cinematográficos. Si tuviéramos que poner palabras a dicho momento, lo suyo sería hablar del profundo agotamiento de una nación que, a pesar de todo, sigue. Respirando, bailando, haciendo el amor, pasando hambre... en definitiva, (mal)viviendo.

Alrededor de este concepto gira la nueva película de Fernando Pérez, uno de los mejores retratistas de la realidad cubana que nos puede ofrecer ahora mismo el cine. Lo demuestra de nuevo filmando una agonía que se alarga durante años... en tiempo fílmico, poco más de hora y media. La primera mitad del metraje se contagia demasiado de la apatía de su protagonista, pero en la segunda, cuando el relato se vuelve coral, el conjunto gana en color, en puntos de vista... en vida. Bendita ironía, testigo ilustrativo, a más no poder, de esa revolución eterna en su proceso de morir.