Ghost-washing
C on “Ghost in the Shell” (gran apuesta hollywoodiense para este año) estampándose en la taquilla estadounidense, no son pocos los críticos y analistas que intentan encontrar respuestas a esta inesperada (?) situación. Hay quienes atribuyen el fracaso al poco respeto con el que se ha tratado el material original del manga-anime de Masamune Shirow-Mamoru Oshii; hay quienes hablan de lo verde que llegaba al compromiso Rupert Sanders, director de la cinta. Hay explicaciones para todos los gustos... nunca mejor dicho, porque cómo no, algún iluminado ha vuelto a sacar la lacra del “whitewashing”.
Por dicho anglicismo se conoce al modus operandi histórico de la “meca del cine” cada vez que ha tenido que hacerse cargo de la producción de una película con roles protagonistas no-blancos. Dicha tesitura suele resolverse con un actor blanco pasando por la sala de maquillaje. Véase a Charlton Heston haciendo de mexicano en “Sed de mal”. También a Scarlett Johansson haciendo de japonesa en la mencionada “Ghost in the Shell”.
Solo que aquí no hay “whitewashing”, puesto que el personaje que encarna la Johansson en realidad es un androide. De marcadas facciones occidentales. Mamoru Oshii, por cierto, ha dado el visto bueno al casting. Está bien denunciar actitudes culturalmente racistas, pero tampoco hay que caer en la fantasmada del “ghostwashing”.

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