Iraia OIARZABAL

MUCHAS MANOS EN UNA ORGANIZACIÓN PERFECTA

Aparte de los observadores en los zulos, en Baiona hubo cientos de discretos responsables de que el día transcurriera con éxito. La organización resultó brillante. Manos no faltaron.

S on las 07.40 cuando llegamos a Baiona, apenas ha amanecido pero al aproximarnos a Baiona Ttipia ya se percibe movimiento. Decenas de personas ataviadas con sus petos y credenciales de «bakegileak» o «peacemaker» trabajan desde primera hora, de hecho llevan semanas en ello, para que que todo salga bien en la que quedará marcada como jornada histórica. «Es importante estar aquí hoy», comentan Miren y Alice, dos jóvenes llegadas de Ortzaize.

La organización de la jornada designada para llevar a cabo el desarme de ETA ha sido una labor que ha requerido de imaginación, como bien describió Anita Lopepe durante la mañana, y también empeño y voluntad. «Esto no hubiera sido posible sin vosotros», manifestó Anaiz Funosas en el acto final. Y ciertamente fueron cientos los voluntarios que se embarcaron en diferentes labores para que nada faltara. Marie Mad De Lataulade, una mujer de 78 años residente en Tarnose, aunque procedente de una localidad cercana a Burdeos, explicaba desde una pequeña carpa y rodeada de papeles y listados de voluntarios la razón por la que ella y otros tantos estaban ayer en Baiona: «Teníamos que participar en este acto a favor de la paz. Esto define perfectamente los valores de Euskal Herria».

Junto a ella, Daniele Unhassobiscay y Maite Larrasa se encargan de repartir y organizar las tareas asignadas a cada voluntario: encargarse de la seguridad durante los diferentes actos, repartir información y las manos que caracterizaron el acto de las 15.00, controlar el tráfico en la zona, atender a las personas que intentaban ubicarse en ese área céntrica, acreditar y dotar de dossieres a los más de 200 periodistas que acudieron a la capital de Baiona, realizar labores de traducción (castellano, euskara, francés e inglés), montaje y desmontaje... «Aquí estamos personas de diferentes procedencias e ideologías. Me sumé a está iniciativa porque me parecía necesario», declaraba Unhassobiscay.

Conseguir que el objetivo fijado para ayer se cumpliera era lo que motivó a ellas y otras tantas personas a implicarse. Y la disposición a trabajar de esta red surgida casi de la nada y en tiempo récord permanece, mirando también a lo que aún queda por resolver: «Tenemos que traer a los presos y esperamos que esto, esta unión y esta diversidad, sirva también para ello».