Tras el naufragio del Obamacare, Trump se centra en la reforma fiscal
La política económica de la nueva Administración estadounidense aún es balbuceante, por lo que más allá de las promesas electorales de Donald Trump se abre un océano de indefinición. Los detalles de la reforma fiscal deberían ser presentados pronto, pero es posible que la Casa Blanca no cuente con los apoyos necesarios para sacarla adelante.

Después de la dolorosa derrota cosechada por su propuesta para la reforma del seguro médico, con la que pretendía anular el sistema instaurado por su predecesor en el Despacho Oval, la Administración Trump ha desplazado su atención de forma prioritaria hacia la reforma fiscal, cuestión en la que espera debates menos ásperos en el seno de la mayoría republicana del Congreso que los que terminaron por dividirla en torno al Obamacare.
«La del seguro médico es una cuestión muy, muy complicada. En cierto sentido, la reforma fiscal es mucho más simple». Eso es lo que afirmó hace unos días Steven Mnuchin, el secretario del Tesoro de EEUU. Por su parte, el vicepresidente, Mike Pence, confirmó la pasada semana que los detalles de esta reforma serán presentados pronto a los parlamentarios, pero todavía no se ha fijado una fecha.
¿Puede ser «divertida»?
Unos días antes del revés sufrido en el Capitolio, donde la reforma sanitaria ni siquiera se votó ante la falta de los apoyos necesarios, Donald Trump llegó a prometer, hablando en un tono que reflejaba bastante ligereza por su parte, que esta remodelación, que anuncia como «la más grande reducción de impuestos desde Ronald Reagan», va a ser «divertida».
Pero revisar el conjunto del código fiscal, lo que no se ha hecho desde 1986, ha sido uno de los retos que más presidentes, tanto republicanos como demócratas, no han logrado superar ante los numerosos obstáculos de procedimiento y los delicados compromisos necesarios.
Además, la derrota de la reforma sanitaria también ha «creado dudas en los mercados sobre la viabilidad del ambicioso plan de estímulo presupuestario del presidente Trump», comenta para AFP Christopher Vecchio, del portal de análisis DailyFX.
Hay que tener en cuenta que Trump preveía economizar a costa del Obamacare para compensar en parte la rebaja de impuestos y la consiguiente caída de ingresos por ese motivo en el presupuesto federal. En el mismo sentido, los líderes republicanos insisten en que la reforma fiscal debe ser «neutra», es decir, que no incida sobre los recursos presupuestarios. Y el propio Paul Ryan, presidente de la Cámara de Representantes, ha reconocido que lo sucedido con la reforma sanitaria «pone más difícil la reforma fiscal».
Impuesto fronterizo
De entrada, la Administración Trump pretende reducir el impuesto de sociedades con el objetivo de favorecer la actividad económica y atraer a las multinacionales estadounidenses para que regresen al país y creen nuevos empleos aquí.
Trump prometió durante la campaña electoral disminuir la tasa de imposición a las empresas del 35% al 15%, un “suelo” que el secretario del Tesoro no confirmó la pasada semana, limitándose a hablar de «una tasa mucho más baja» que el 35%.
Para compensar esta bajada de ingresos para el Estado está el proyecto, apoyado por Paul Ryan, de establecer un «impuesto de ajuste fronterizo» (border adjustment tax, BAT). Esta medida, de la que se espera que proporcione cerca de un billón de dólares, fijaría una tasa de un 20% sobre ciertas importaciones como forma de controlar el déficit comercial y de animar a las filiales de empresas estadounidenses a repatriar sus unidades de producción.
Pero esta propuesta es muy controvertida, especialmente por las grandes compañías de la distribución y por electos republicanos que temen un alza de los precios que repercutirá sobre los consumidores. Y cabe recordar que, históricamente,el Partido Republicano, ha sido partidario del libre cambio.
Ricos, pobres y clase media
En cuanto al impuesto sobre la renta, la prioridad es reducir las tasas que se aplican a la clase media y dejar en tres (10%, 20%, 25%) los siete tramos actuales.
El secretario del Tesoro, que hasta ahora había asegurado que no habría recortes para los más ricos –toda reducción para los ingresos más altos estaría compensada por la desaparición de deducciones fiscales–, se mostró menos determinado durante una entrevista con el medio digital Axios. «No hay que tomárselo al pie de la letra, pero es la dirección en la que miramos», declaró Mnuchin.
Si las reducciones fiscales «tienen como objetivo a la clase media y a los pobres (...), podríamos trabajar con ellos, pero tengo la impresión de que no van en ese sentido», comentó el jefe de la minoría demócrata en el Senado, Charles Schumer.
Una de las claves para el éxito del plan de Trump reside en la idea –conocida bajo el controvertido principio de “dynamic scoring”– de que las rebajas de impuestos se financiarán por sí mismas al alimentar el consumo y, por tanto, el crecimiento económico.
La Administración Trump también prevé elevar la expansión económica hasta el 3% del PIB, incluso hasta el 3,5%, el próximo año en lugar del moderado crecimiento del 2% que se registra desde 2010.

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