Seúl asegura que China advierte a Corea del Norte con más sanciones
El Gobierno de Corea del Sur aseguró que China coincide en apoyar más sanciones contra Corea del Norte en caso de que Pyongyang lleve a cabo otra prueba nuclear. Seúl teme un nuevo ensayo de este tipo coincidiendo con fechas políticas claves este mes, a la vez que le preocupa las consecuencias de una respuesta unilateral estadounidense.

El Gobierno de Corea del Sur afirmó ayer que China se muestra de acuerdo en la necesidad de tomar nuevas medidas contra Corea del Norte si lleva a cabo otra prueba nuclear. «Acordamos que debería haber duras medidas adicionales, basadas en las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU, si el Norte sigue adelante con un ensayo nuclear o el lanzamiento de un misil balístico intercontinental, a pesar de las advertencias de la comunidad internacional», declaró Kim Hong-kyun, enviado de Seúl para cuestiones nucleares, tras reunirse con el enviado especial de China para la península de Corea, Wu Dawei.
Según Kim Hong-kyun, Pyongyang podría estar planeando «una provocación estratégica» para marcar fechas políticas claves. En concreto, Seúl teme otra prueba nuclear coincidiendo con el 105 aniversario del nacimiento del fundador del régimen, Kim Il-sung, el 15 de abril, o bien con el 85 aniversario de la fundación del Ejército Popular de Corea, el día 25.
En ese contexto, el ministro surcoreano consideró que la visita del alto diplomático chino envía «un fuerte aviso» al régimen norcoreano, aunque Wu no habló con la prensa tras el encuentro.
China único aliado y apoyo económico de Corea del Norte, suspendió en febrero todas sus importaciones de carbón norcoreano por la última prueba de un misil de Pyongyang.
El presidente estadounidense, Donald Trump, ha pedido a sus asesores «un abanico completo de opciones» contra el programa nuclear de Pyongyang. Y lo hizo después del bombardeo contra una base militar siria, interpretado también como un mensaje para Corea del Norte. Fue precisamente durante la primera cumbre entre Trump y su homólogo chino, Xi Jinping, cuando el presidente estadounidense exhortó a Pekín a hacer más para frenar las ambiciones nucleares de Corea del Norte.
«Estamos preparados para trazar nuestra propia estrategia si China no puede coordinar esto con nosotros», declaró el secretario de Estado estadounidense, Rex Tillerson, tras la reunión entre Trump y Xi.
Para reforzar el mensaje, el propio Trump comunicó a Xi, tras la cena que mantuvo con el presidente chino, que EEUU acababa de bombardear Siria.
El régimen de Kim Jong-un, que quiere que sus cabezas nucleares puedan alcanzar el territorio continental de EEUU, ha acelerado mucho sus programas atómico y balístico en los últimos tiempos, realizando sus cuarto y quinto ensayos nucleares desde principios de 2016.
Seúl minimiza la amenaza
Pero, pese a la hostilidad hacia su vecino del norte, Corea del Sur se muestra cauta sobre un ataque estadounidense en la que podría resultar perjudicada. El ministro surcoreano de Unificación, Hong Yong-pyo, opinó que las repercusiones podrían ser preocupantes. «Unos ataques preventivos quizás busquen resolver el problema nuclear norcoreano, pero nosotros tenemos que pensar en la seguridad de la población», afirmó.
Con ese deseo, Seúl trata de restar importancia a las amenazas de Washington y minimizó la posibilidad de que ataque de manera preventiva a Corea del Norte. «No hace falta preocuparse. EEUU ha dicho que apoya las políticas de Corea del Sur con respecto al Norte, y nuestro Gobierno pretende solventar todos los problemas de manera pacífica», aseguró el portavoz del Ministerio de Unificación surcoreano, Lee Duck-hang.
Trump presentó en Siria su política exterior
La amenaza de EEUU contra Corea del Norte parecía aún más creíble desde que el jueves lanzó 59 misiles de crucero Tomahawk contra una base aérea siria. De hecho, el ataque se ha interpretado como una señal hacia Pyongyang y Pekín –y de paso a Rusia– para mostrar un cambio de estrategia geopolítica de Washington. El equipo de Trump lo ha traducido en una postura clara –y fiel a la ortodoxia estadounidense– en política exterior frente a quienes pensaban que llevaría adelante una política no intervencionista. Si antes la salida de Bashar al-Assad del poder en Siria no era una prioridad para Washington, ahora la estima «inevitable», según el portavoz de la Casa Blanca, Sean Spicer, que aseguró que «el presidente mantiene abierta la posibilidad de futuras acciones», y que el principio que las guiará será «proteger el interés nacional de EEUU». A su vez, el secretario de Estado, Rex Tillerson, insistió en que su país pedirá «responsabilidades a aquellos que causen daños a inocentes en cualquier parte del mundo». GARA

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