Joseba VIVANCO
Athletic

Iraizoz, última parada

Josu Urrutia confirma que el guardameta navarro no seguirá en el club, en el que habrá defendido su portería durante diez temporadas.

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«No concibo el fútbol sin el Athletic. Es mi familia». Palabras sentidas, pupilas rasgadas por la emoción, lágrimas aflorando, un corpachón de 1,91 de altura a merced de sus sentimientos. Era marzo de 2013. Apenas un mes antes, parte de la grada de la vieja Catedral, la del señorío, la del tan cacareado ‘caso único en el fútbol mundial’ no solo pitó, sino peor aún, se mofó de su portero, el que defendía a su equipo, su portería, sus colores. Fue ante el Espanyol, su otro equipo, y el ‘grandote‘ navarro reconocía que aquel día sintió «mucha pena y mucho dolor». Es más, el que ‘uno de los nuestros’ pronunciase en voz alta que «me sentí muy solo», allá, supuestamente arropado por 35.000 apoyos, es revelador de que de las miserias humanas no escapa ni siquiera el mismísimo Athletic, el del ‘Gure estiloa’.

Pero el fútbol siempre da segundas oportunidades para redimirse. Y hasta más. Gorka Iraizoz dice adiós. Seguramente lo haga él mismo la semana que viene, ante la prensa, acompañado del presidente Josu Urrutia, que ayer confirmó lo que era una evidencia. El arquero navarro no renovará su contrato que expira el próximo 30 de junio. La noticia no por esperada deja de tener ese halo nostálgico de una época rojiblanca que va tocando a su fin: Iraola, Gurpegi, Iraizoz... Y de la misma manera que nadie se acuerda ni acordará de aquel sonrojante 0-4 del Espanyol en La Catedral y sí del escarnio que sufrió, nadie rememorará en un futuro el resultado del próximo encuentro ante el Leganés en casa, pero sí que el candado de la meta bilbaina los últimos diez años tuviese la despedida merecida, de corto, bajo palos, a la altura de los grandes porteros que ha dado el club. Se lo merece. ‘Gure estiloa’.

«Hace dos meses le dije que el año que viene no continuaría con nosotros y le agradecí el comportamiento tanto en el campo como fuera de él, sobre todo en estos años que ha estado de capitán», reveló el presidente rojiblanco en su comparecencia ante los medios, quien reveló que entonces el guardameta desconocía cuál sería su futuro, si seguir en activo o colgar los guantes a sus 36 años. Una incógnita que quizá el propio protagonista desvele la próxima semana cuando comparezca para despedirse ante la prensa y asistir a otro de esos capítulos íntimos y entrañables, y a la vez tan inexorables como la hoja de un calendario.

Dice adiós dieciocho años después de arribar a Lezama, de tener que ganarse las lentejas lejos de la zona de confort –«¿Otra vez ropa con barro? Ya sabes cómo lavarla», le había aleccionado bien su madre–, para cuando el Athletic le volvió llamar, como la canción, dejarlo todo. Con lágrimas en los ojos –un niño en cuerpo de hombre– se despidió del Espanyol, donde era ídolo tras aquella mano que le sacó a Nuno Gomes y dio el billete a la final europea a unos ‘pericos’ que entrenaba un tal Txingurri. «Me voy al Athletic, el club en el que he querido jugar desde que era niño», confesó entonces. Era 2007. Desde que su aita Vicente le llevaba de crío al fútbol, desde que su tío le apuntó a un equipo de fútbol sala, desde sus primeras paradas en la Txantrea. Llegó al Baskonia y José Luis Mendilibar, entonces técnico de los de Basauri, le dio el billete de ida. Gernika, Eibar, Espanyol, y en cada parada, como le decía su aitite, «sé paciente y fíjate en los buenos». Como en Andoni Zubizarreta, su ídolo. Hoy, él es referente para otros.

Diez temporadas practicamente como titular, 392 partidos con la camiseta de su Athletic –si juega uno más igualará a Gurpegi–, se quedará a apenas una decena de encuentros del gran Carmelo Cedrún, aunque compartiendo jerarquía con él y el inalcanzable ‘Chopo’. Pero más allá de sus números está también su personalidad, compromiso, su peso en el vestuario, incluso sus lágrimas, las de alegría pero también las de tristeza. Sus aciertos y errores, la serenidad del portero, que diría el novelista Henry de Montherlant, «como la de un enamorado que espera y espera durante noventa minutos para subsanar los errores de otros», o cavar los suyos propios. Es su condena.

Iraizoz nunca ha sido elevado a la categoría de héroe popular por la parroquia bilbaina. Nunca lo ha tenido fácil, ni una gran parada suya le ha garantizado el siguiente aplauso. El arco de San Mamés pesa tanto... Y la sombra de Iribar, como la de Zubizarreta, es tan alargada... Pero ahí ha permanecido, diez temporadas, frente a goles y silbidos, recabando también elogios y cariño, suscitando debates inacabables, dejando huella, haciendo historia. Última parada para Gorka.

 

No hay «plan B» para Valverde, salvo Ziganda

El presidente rojiblanco, Josu Urrutia, sostuvo ayer que «estamos tranquilos y no tenemos ninguna prisa» en el club ante el incierto futuro de Ernesto Valverde, aunque «nadie es insustituible y lo importante es el equipo»; niega tener un ‘plan B’ o que hayan tanteado a otros técnicos y reta a quien diga lo contrario; deja claro que la mejor opción para el banquillo rojiblanco «a día de hoy» es Txingurri, aunque matiza que «mañana, veremos»; y deja entrever que Cuco Ziganda sería, en caso de tomar las riendas del primer equipo, una prolongación de la labor iniciada por Bielsa y continuada por Valverde, con «un estilo parecido, un criterio definido» el del navarro del filial. Resumen de la comparecencia periódica ante la prensa del mandatario rojiblanco, en la que no dio mayores pistas sobre el horizonte del banquillo bilbaino, a expensas todavía, insistió, de ese diálogo más profundo que el «espacio abierto de conversación» que han mantenido hasta ahora. Urrutia insistió en dar tiempo al tiempo, como en su día con Bielsa o el propio Valverde cuando anunció su renovación solo una semana antes de la última final de Copa. Urrutia también salió en defensa de Amorrortu al que achacó su cuota de responsabilidad en los éxitos de Lezama y primer equipo. J.V.