2017/06/02

La recaída de Ibon Iparragirre confirma la alarma lanzada por 300 médicos

La hospitalización de Iparragirre sucede al duro informe hecho suyo por 300 médicos de todo tipo, que refleja el peligro de muerte y detalla efectos ya patentes: ceguera parcial, alteración del comportamiento...

Ramón SOLA|DONOSTIA
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La recaída sufrida por el preso Ibon Iparragirre se produce apenas dos semanas después de que en el Parlamento de Gasteiz profesionales médicos dieran la voz de alarma. Esti Gorostiaga y Nahia Aia acudieron allí, además de Sare, a presentar un informe hecho suyo por 300 profesionales –fundamentalmente de Osakidetza– entre los que hay médicos internistas y de familia, neurólogos, especialistas en enfermedades infecciosas, en cuidados paliativos…

Este estudio exhaustivo, que el Juzgado de Vigilancia Penitenciaria tiene desde noviembre y también ha llegado al Ararteko o la Organización Mundial contra la Tortura, resulta tan elocuente que hasta la representante del PP en la comisión parlamentaria, Juana Bengoechea, admitió quedarse muy preocupada. El riesgo de fallecimiento de Iparragirre se basa en datos como que tiene tan solo 66 CD4 o «células de defensa». Un adulto sano presenta normalmente un recuento de entre 500 y 1.450; por debajo de 500 el sistema inmunitario está dañado y si no llega a 200 ha contraído el sida. Frente a esas mínimas defensas, su cuerpo presenta «carga viral muy elevada: 144.000 virus», detalló Gorostiaga.

El preso ondarroarra, de 43 años, lleva 20 como portador de VIH. «El sida se clasifica según los síntomas, desde los más leves a los más graves, y según el grado de inmunidad o defensas –recordó esta médico–. Pues bien, este paciente presenta los síntomas más severos de la enfermedad y también la inmunodeficiencia más severa; es un C3. Esta fase final cumple criterios de terminalidad, según los principales organismos de referencia como son la OMS, la Sociedad Británica de Cuidados Paliativos o la Sociedad Española de Cuidados Paliativos».

Afecciones actuales

Si el cuadro a futuro resulta temible, las afecciones actuales ya son muy graves, según recoge este informe. Entre las secuelas figura un estatus epiléptico que en un episodio grave ya provocó el ingreso de Iparragirre en la UCI, por lo que toma tratamiento antiepiléptico diario. También presenta una lesión cerebral en la parte responsable de la visión, la occipital, que le genera una ceguera parcial, de modo que únicamente tiene medio campo visual por cada ojo.

Capítulo aparte merece el daño cerebral que ha ido ocasionando el VIH y que según explican estos médicos «produce una atrofia visible en todas las pruebas de imagen, TAC y resonancias». Ello afecta a las principales funciones neurológicas: el movimiento, el conocimiento y el comportamiento.

Gorostiaga fue aquí especialmente clara. Con estas alteraciones habitualmente «se produce una demencia de forma progresiva e irreversible. En todos los informes médicos que hay sobre este paciente, tanto de Osakidetza como de la sanidad pública madrileña, se describe este deterioro neurológico bastante detalladamente, con síntomas como ‘falta de atención, dificultad de razonamiento lógico, dificultad para mantener una entrevista coherente, pensamiento acelerado, asociaciones laxas, discurso confabulativo y delirante…’». Iparragirre es definido como «paciente suspicaz», «verborreico», «con tendencia a divagar» y «con inquietud motora», entre otras cosas. Y esta descripción es clave para entender la cadena de altercados que Iparragirre viene sufriendo en prisión, donde ha sido agredido varias veces por otros presos y él mismo ha sido juzgado en Bilbo bajo la acusación de pegar a otro recluso.

Los médicos autores del informe han recogido además que en las últimas analíticas Ibon Iparragirre muestra «indicios de desnutrición» y advierten de que «esto tiene impacto directo sobre su inmunidad». De modo general, los pacientes con sida tienen tres veces mayor riesgo de contraer osteoporosis, cuatro veces más de desarrollar diabetes y un riesgo cardiovascular más elevado.

Cinco líneas a mano

Con todo ello, se le reconoce una discapacidad del 65%. Pero es aquí donde aparece otro elemento muy inquietante de esta alerta médica: la falta de asistencia sanitaria adecuada. En la comisión parlamentaria, Nahia Aia admitió su estupor por la falta de valoraciones neurológicas periódicas: «La verdad es que no nos lo podíamos creer. Y como el paciente tiene alterada la memoria, no sabíamos si teníamos información veraz al respecto, por lo que solicitamos formalmente el historial y seguimiento del neurólogo». Efectivamente, corroboraron que hay un único informe de seguimiento, hecho en Madrid, «con cinco líneas a mano».

También debería haber revisión periódica del estado inmunológico infeccioso y las funciones del metabolismo, pero «las analíticas han sido irregulares e incompletas», apuntó Aia.

Apenas dos semanas después de acudir al Parlamento, los temores de estos 300 profesionales se hacen realidad en esta recaída, que hace la situación de Iparragirre aún más dramática.

 

«Zergatik ikusi behar dugu Ibon hiltzen eta ez da ezer pasatzen?», galdetzen du familiak

Etxerat elkarteak, atzo Bilbon egindako agerraldian, gogora ekarri zuen kartzelan eta urrunduta jarraitzen duten hamabi euskal preso politikoen «errealitate gordin eta sostengaezina» eta une honetan «alarma guztiak» pizten dituen Ibon Iparragirreren egoera jarri zuen mahai gainean, eragile eta instituzioei «urrats irmo» bat emateko deia egitearekin batera. Etxeraten bozeramaileek Naia Iparragirre presoaren arrebari eta Andoni Urkiza lagunari eman zieten hitza, lehen pertsonan bizi dutena azal dezaten. Lehenik, Urkizaren hitzak, lagunak dituen osasun arazo larriak kontatzeko: defentsak lur jota, ikusmen galera, buruan duen orbana... eta horren ondoan, kartzelak ematen duen jarraipen mediko urria eta hango bizimodua, «bera bakarrik, kiderik gabe ondoan», eta funtzionarioen jarrerak, jasan dituen lapurretak, beste preso batzuen erasoak...

Inongo txostenetan agertzen ez diren egoera oso baten zertzeladekin, familia bizitzen ari den oinazeaz hitz egin zuen gero Naia Iparragirrek. Azaldu zuenez, «sufritzen dugu Ibon hiltzen ikusten dugulako, gure amak eta bere seme-alabak sufritzen dutelako». Gaineratu zuen 73 urteko amak Basurtura ez baizik eta Madrileko ospitale batera joan behar izan duela berak bakarrik semea zelan aurkituko duen jakin gabe, eta gero gestioak egin behar ditu han, proben emaitzak eskatu, egoera argitu.... «Zergatik ikusi behar ditugu hiltzen, ikusi behar dugu Ibon hiltzen, zergatik ikusi behar dute amak eta bere seme-alabek, eta ez da ezer pasatzen?», galdetu zuen. «Nahikoa da, noraino heldu behar gara? Amaitu dadila jada mendekua», gaineratu zuen.

Etxeratek nabarmendu zuen, bestalde, Torturaren Aurkako Mundu Erakundeak ere Iparragirreren askatasuna eskatu duela, «bere bizitza eta osotasun fisiko eta psikikoa» bermatzearren» Giza Eskubideen Europako Hitzarmenak jasotzen duenez, «espetxean duen tratamendua ez baita bere gaixotasunarekin bateragarria».N. GOTI

 

Riesgo de fallecimiento... e incluso de infectar a otros en prisión

La negativa a excarcelar a Iparragirre no solo complica claramente su supervivencia, sino que según explicaron estas dos médicos en el Parlamento genera además «riesgo de contagio para el resto de su entorno, trabajadores penitenciarios y reclusos. Aunque el contagio no es sencillo, este paciente presenta una carga viral muy elevada, de 144.000, y se nos ha informado de robos de efectos personales como cepillos de dientes, maquinillas de afeitar... incluso de que ha estado involucrado en alguna pelea, con el riesgo que esto supondría», detallaron Aia y Gorostiaga.

INICIATIVA URGENTE


Por la «extrema gravedad» del caso, PNV, EH Bildu, ERC y Compromís piden la comparecencia urgente del ministro Zoido. Tomando sus palabras, preguntan si está seguro de que no hay riesgo de fallecimiento.

66 CD4frente a 500 >Un adulto sano tiene un mínimo de 500 «células de defensa». Si está enfermo de sida, caen por debajo de 200. En el caso de Iparragirre, apenas es un tercio de eso: 66.

144.000 de carga viralfrente a 50 >Para una persona sana, 10.000 es una carga viral baja y pasa a ser alta desde 100.000. En los pacientes con VIH, para potenciar la inmunidad se intenta lograr una cota «indetectable», por debajo de 50. Iparragirre tiene actualmente 144.000.