2017/06/10

Garitano dejó poso en A Coruña

Volver al origen. Muchas veces es la mejor forma de partir hacia nuevas y más ambiciosas metas. Gaizka Garitano retorna a su alma mater, el Athletic Club, con la responsabilidad de dirigir quizás a uno de los equipos más agradecidos que a un entrenador pueden otorgarle, los cachorros de Lezama en el último eslabón de su proceso de formación.

Decisión valiente por parte del club y, sobre todo, decisión valiente por parte del entrenador que asume un reto extraordinariamente atractivo.

Su paso durante la recién terminada temporada por A Coruña nos dejó sensaciones extrañas, quizás no era el momento, puede que ni fuese el lugar adecuado. Su trayecto en el equipo blanquiazul permitió ver la clara dicotomía injusta del fútbol: el resultado oculta el rendimiento, el rendimiento a veces no es suficiente para alcanzar el resultado esperado. ¿Culpa del entrenador? Sin ningún género de dudas no, no en exclusiva.

Curiosamente, su marcha apresurada permitió cotejar una realidad que hasta el momento se intuía pero nadie se atrevía a certificar a viva voz. El Deportivo de la Coruña, con Garitano en su banquillo, estuvo fuera de los puestos de descenso, jugando un fútbol capaz de sostenerse en posiciones relativamente tranquilas pero sin enamorar a la grada. Un Riazor aun hoy acostumbrado a aplicar unos criterios futbolísticos de antaño, con una vara de medir Bebetos y Rivaldos, no comprendió que los mimbres del equipo estaban suturados para sufrir hasta el final, como en los últimos años.

Fue justo la salida de Gaizka Garitano la que abrió expectativas, con resultados inmediatos inesperados pero a la vez certificó realidades, como las de un equipo justito, con lo necesario para salir del paso de una competición que se libró por defecto, porque había tres equipos que eran peores que él.

Garitano, tras su marcha, dejó un poso de profesionalidad y criterio en su cometido principal, el del proceso de entrenamiento. El equipo generó rendimiento y fue capaz de competir. Ni enamoró, ni encandiló a la afición, como tampoco otros lo hicieron antes, ni los que vinieron después, pero plasmó en Abegondo una línea de actuación que ha servido de sostén para que el equipo, al final, lograse la permanencia.

Hoy, en el Athletic, tendrá la obligación de vivir en la certeza y no en la probabilidad porque el Bilbao Athletic exige que sus jóvenes cachorros lleguen al primer equipo competentes para competir. Un reto tremendamente atractivo para cualquier entrenador, una realidad que servirá para mantener vivo ese sueño eterno de ver que las raíces del Athletic siguen bien asentadas en el suelo de Lezama.