2017/06/19

JONATAN CABANELAS
COORDINADOR ESPECÍFICO DE FÚTBOL ACADEMIA ASPIRE DE QATAR

A sus 36 años, este basauritarra acumula ya 16 ligado al mundo del fútbol ya sea como formador, entrenador, ojeador. Desde hace dos meses ocupa un puesto de coordinador en la prestigiosa Academia Aspire qatarí, a donde se fue de la mano de Edorta Murua tras una provechosa experiencia en el fútbol base chileno. Atrás queda su paso, sin nostalgia alguna, por la cantera de Lezama.

«Un formador no puede funcionar como un entrenador profesional»
Joseba VIVANCO
0618_kir_athletic

Indartsu, Retuerto, Sodupe, Gernika, fueron sus banquillos previos, casi siempre como segundo entrenador, hasta su salto a Lezama donde formó a alevines y cadetes. Hace un par de años, junto a todo un referente en metodología futbolística como Edorta Murua se fue a coordinar la cantera del Universidad de Chile. Hoy, vive la experiencia del fútbol formativo en la Academia Aspire.

¿Qué es la Acedamia Aspire y qué objetivos persigue?

Es un proyecto de desarrollo de jóvenes a través del deporte, busca formar deportistas dentro de un desarrollo integral de la persona, y donde somos conscientes de que algunos llegarán al alto nivel, como el saltador de altura Mutaz Essa Barshim, medallista olímpico, o el jugador de fútbol Akram Asif.

En su día dejó atrás trabajo, familia para viajar a Chile y ahora Qatar. ¿Qué supuso ese paso?

Supone dar un paso de fe, como la película de Indiana Jones y la última cruzada... (ríe) El suelo está construido de ganas, pasión por lo que uno hace, preparación, soporte de los mejores y apoyo de la familia. La familia siempre va a estar y los amigos de verdad, también. Tanto Eider, mi mujer, como yo teníamos la vida encaminada en Euskal Herria, y éramos afortunados con trabajos fijos en Bridgestone y de andereño, una casa maravillosa... Pero queríamos más, para nosotros y para Izar y Alaitz, mis hijas. Hoy somos una familia en la que se habla euskera, inglés, ‘erdera’ e incluso alguna palabra árabe... Tenemos amigos de diferentes culturas. Nuestra mente es más abierta y con ganas de seguir en la aventura.

Lleva allí junto a Edorta Murua un par de meses trabajando ya, ¿cuál es el cometido que vienen desempeñando?

Dentro de la academia está el departamento de fútbol. Edorta es el director técnico de la academia y yo un coordinador. Mi perfil va evolucionando, no solo soy un entrenador, me toca desempeñar otros roles. En Chile, por ejemplo, era un nexo entre la academia y el fútbol profesional, desempeñaba funciones que acercara a los diferentes departamentos a la idea de trabajo propuesta, me tocaba tomar decisiones. Sin embargo, nunca me he salido del camino y principal objetivo: el desarrollo del proyecto futbolístico basado en un contexto de aprendizaje en el que trabajamos con los entrenadores, jugadores y organización. Esa es la idea que queremos desarrollar también aquí. Y todo con la Federación Qatarí. En ese contexto, nuestro cometido es optimizar el perfil del futbolista qatarí en un escenario en el que su desarrollo formativo le lleve a afrontar retos, exigencias y desafíos desde una perspectiva competitiva diferenciada y reconocible.

¿Qué tal ha ido el aterrizaje?

La verdad, muy buena acogida. Nos hemos encontrado una academia y departamento muy ordenado y estructurado. Y siendo conscientes de que los inicios no son fáciles y el cambio siempre es complicado para todos, siempre buscamos esa incomodidad, y en ella nos movemos, porque nos hace cuestionarnos continuamente las cosas, sabiendo que eso genera movimiento. Y eso lo trasladamos a las personas con las que trabajamos. En síntesis, cuando uno se mueve, aprende.

Qatar, antes Chile. ¿Qué balance hace de la experiencia chilena?

Muy nutritiva, en lo personal y en lo profesional. Y en Chile sabemos que hay un antes y un después de nuestro trabajo en el fútbol formativo. Así nos consta. Entiendo que es una de las razones por las que llegamos a Qatar. Nuestro balance no es por reunir un manual de ejercicios ni planificaciones, que allí quedó al igual que ha quedado en otros sitios donde hemos trabajado y vemos que es muy utilizado incluso por gente que ni lo entiende. El balance es lo que queda en las personas con las que trabajamos y lo que se queda en la organización. Algo que nos planteamos como objetivo es la capacitación de entrenadores, visión del proyecto del futbolista, trabajar con perfiles, relaciones personales, interacción entre las personas, en definitiva, el conocimiento de las personas, del trabajo, el lenguaje común, que nadie se sintiera fuera del sistema, dar la oportunidad de formar parte de él.

Uno enseña pero necesariamente a la vez aprende, sea en Lezama, Chile o Qatar...

No me gusta adoctrinar o ‘ enseñar’, me gusta compartir, me gusta experimentar y adquirir conocimiento y siento que para aprender solo se aprende con otro. Llevo tiempo teniendo la suerte de compartir con personas que me han ayudado mucho en mi desarrollo personal y profesional.

¿Añora uno Lezama?

No soy de mirar hacia atrás, la verdad. Soy de Athletic desde que tengo uso de razón y socio desde que pude conseguirlo, al igual que muchísimos aficionados y socios que hay por todo el mundo. Para mí añorar es echar de menos algo que crees que te pertenecía o que tenías un derecho sobre ello. Lezama no es de nadie o no debería ser de nadie. No puedo añorar algo que no era mío; fui muy feliz y aprendí muchísimo. Y cada día que entraba en las instalaciones sentía que era un afortunado. Desde el primer hasta el último día. Sí que tengo claro que, ahora, no soy la misma persona ni profesional que se fue de Lezama.

Usted, Murua y otros destacados formadores de Lezama hicieron en su día las maletas porque no compartían la deriva que tomaba el proyecto de cantera de Lezama, ¿siguen de cerca la actualidad de la cantera rojiblanca?

Yo solo puedo hablar por mí, no sé si era destacado o no. Me he educado con un grupo de personas que no exigía nada, solo trabajaba, profundizaba, experimentaba, se preparaba para ser mejores formadores y, sobre todo, eran leales a un proyecto sin pedir nada a cambio. Solo sé que el tiempo que estuve en el Athletic todo lo que hice fue pensando en lo que se me pidió cuando llegué, y eso me ayudó a ser mejor formador. Yo decidí salir porque tenía la posibilidad de dedicarme en exclusiva a lo que me apasiona y en el Athletic mi visión hacia el futuro no me ofrecía esta posibilidad. Pero la actualidad del Athletic la sigo.

¿Llevar el nombre de Lezama en el currículum es un plus para buscar otros trabajos?

Creo que lo que me da un plus es lo que hago y cómo lo hago, y eso me lo da, por ejemplo, la gente con la que me desarrollé en Lezama y con la que sigo compartiendo y aprendiendo. Sí que siento que cuando en mi currículum me relacionan con personas expertas en formación y en un trabajo diferenciado, eso me da un plus.

¿Hay mucho que enseñar en materia de fútbol base «ahí fuera»?

Yo lo que he visto es que no hay muchos proyectos específicos de fútbol base, y que no todo el mundo está preparado para trabajar en fútbol base.

¿Hay, entonces, trabajo para gente de aquí o hay que matizarlo?

Al hilo de la respuesta anterior, hay opciones porque las necesidades existen, y los clubes buscan expertos en formación, que formen a sus entrenadores y jugadores en contextos educativos. Pero no todo el mundo está dispuesto a pagar ciertos peajes que hay que pagar para estar en el fútbol formativo. Y son muy pocos los capacitados.

Entrenador y formador. ¿Hay que diferenciar cuando se trata de trabajar con el fútbol base, se puede ser ambas, se es ambas?

Claro que hay que diferenciar. Para mí un formador puede ser un gran entrenador, lo que uno tiene que ser consciente es de dónde está y si está trabajando en fútbol base no puede actuar o funcionar como un entrenador profesional... Y lamentablemente pasa mucho. El formador nunca reclama ni exige cosas para él; se prepara y se preocupa de que los futbolistas con los que trabaja sean mejores.

¿Dónde se adquieren más conocimientos, en la zona de confort, como Lezama, o en el pico de la pirámide, en su caso Chile o Qatar?

Pienso que el lugar no es lo importante. La zona de confort es de uno mismo, no del lugar donde estés. Nunca me sentí en la zona de confort en Lezama... incluso trabajaba para ello. Cuando uno se para y piensa que domina algo o que lo tiene controlado es cuando realmente deja de evolucionar. Sí que es cierto que en Chile o en Qatar conoces otras realidades que me han ayudado a ser mucho más crítico y exigente. Te das cuenta de que una organización sin visión y con intereses personales dificulta cualquier proyecto, y más si es un proyecto de fútbol formativo. Cuando alguien se apoya en lo que fue o las experiencias vividas en el pasado para mirar al futuro... está repitiendo, y eso te hace retroceder.

En Lezama nunca me sentí en una zona de confort, porque incluso trabajaba para evitarlo... Cuando uno piensa que domina algo es cuando realmente deja de evolucionar.

En Lezama me eduqué con un grupo de personas que no exigía nada, que se preparaba para ser mejores formadores y, sobre todo, eran leales a un proyecto sin pedir nada a cambio.