Jose Manuel CASTILLO

El Futuro del capitalismo: vuelta a los orígenes o ruptura

En el marco de los Cursos de Verano de la UPV/EHU, debatimos con los profesores de filosofía y economía David Teira, de la UNED, y Julian Reiss, de la Universidad de Durham (Inglaterra), sobre el futuro, los retos y las alternativas del modelo económico capitalista.

La visión marxista no está presente en los análisis económicos académicos de hoy en día». Con estas palabras recibió a GARA a puertas del Palacio Miramar David Teira, profesor de Filosofía en la UNED y en University College de Londres (UCL). Teira es, junto a su colega Julian Reiss, profesor de Filosofía y Economía en la Universidad británica de Durham, uno de los organizadores del congreso bienal “International Network for Economic Method”, que se ha celebrado esta semana en Donostia dentro de la programación de los Cursos de Verano de la UPV/EHU. Encuentro que trata de tender puentes entre las ciencias económicas y las demás ciencias sociales, tales como la filosofía y la historia, para tratar de formar una visión más completa de la actual realidad económica con vistas al futuro.

«Hoy día, la filosofía tiene una influencia en la economía real muy pequeña», comenta Reiss. Por eso, este profesor, pese a ser un ferviente defensor de las tesis más libertarias en lo económico y partidario de la total separación de la economía y política, admite que la economía no puede ser una «ciencia abstracta» basada en meras fórmulas matemáticas, sino que ha de tener su implantación en la realidad. Partiendo de esta base teórica común, los profesores entrevistados por este diario reflexionan sobre el presente y futuro del actual modelo económico, siempre desde el punto de vista liberal.

La desigualdad, a debate

Los datos que ofrecen tanto estudios oficiales como organizaciones no gubernamentales son demoledores en cuanto al crecimiento de la desigualdad a nivel global. La propia OCDE, en su informe de perspectiva para el año 2060, alertó de que la desigualdad aumentará en un 40% durante los próximos 50 años. Los informes de Oxfam muestran una concentración de la riqueza cada vez mayor, ya que su estudio de 2017, calculan que actualmente tan solo ocho hombres, las mayores fortunas del planeta, acaparan tanta riqueza como la mitad de la humanidad, es decir, el equivalente a 3.600 millones de personas. Además, mientras los ingresos del 10% más pobre de la población mundial solamente han aumentado menos de tres dólares al año entre 1988 y 2011, los del 1% más rico se han incrementado 182 veces.

Pese a la crudeza de estos datos, los dos profesores sostienen que la desigualdad no es el mayor problema que afronta el sistema en la actualidad. «En el capitalismo siempre hay desigualdad; de lo que se trata es de que esa desigualdad sea un incentivo para la competitividad», sostiene Teira. En cuanto al pequeño grupo de personas que cada vez acumulan más riqueza, ambos argumentan que el problema no es cuánta riqueza amasen, sino que ese poder económico vaya rotando: «En el actual sistema capitalista, un 1% de la población acumula una ingente cantidad de riqueza, eso es cierto, pero lo beneficioso del sistema es que este 1% está en continua rotación». Como ejemplo, Reiss expone el caso de Microsoft, que en los años 90 era el número uno de la informática, hasta que Apple rompió el monopolio y hoy en día es el líder del sector. «Lo importante es que no se creen monopolios entre los grandes acumuladores de capital que obstaculicen el desarrollo del libre mercado», precisa.

Capitalismo vs. democracia

La acumulación de riqueza en cada vez menos manos, tal como ya predijo Karl Marx en el siglo XIX, está siendo traspasada de un grupo de capitalistas productores de la economía real a un grupo de propietarios y gestores del capital financiero y especulativo, que en distintos ámbitos son considerados como una «clase parasitaria» que vive a costa del capital productivo. Además, «los mercados», en abstracto y entendidos como los gestores del capital especulativo y financiero, tienen un poder de influencia en la política de nuestros parlamentos desmedido. Hasta el punto de dictar políticas mediante los organismos supraestatales captados por esta clase. Por el contrario, para Reiss y Teira, desde una óptica liberal, el problema no es el peso de los capitalistas, sino el «exceso de poder» que acumulan algunas instituciones políticas estatales e internacionales.

«El problema es que ciertas compañías o acumuladores de gran capital, y a la vez poseedores de gran poder de influencia, pueden permitirse captar a poderes políticos que tienen un gran poder de decisión político sobre la economía», argumenta Teira. Por lo tanto, desde su punto de vista, la solución ideal sería una mayor, incluso completa, separación entre política y economía. Como ejemplo, citaron la presencia de grandes lobbies económicos y empresariales en el Parlamento Europeo, que son capaces de «captar» a políticos, dado que el poder de decisión de estos atrae el interés de las grandes compañías. El profesor inglés va incluso más allá, criticando el papel intervencionista de los Estados, ya que considera que hoy en día, pese a que el capital se encuentre en manos privadas, se coartan libertades económicas en nombre de la «voluntad general», lo que no duda en definir como «fascismo económico».

Ambos coinciden en que el modelo en el que vivimos en el denominado mundo occidental no es un capitalismo «puro», sino que está totalmente condicionado por la intervención estatal, lo que crea redes clientelares entre el poder económico y el político. Teira reconoce que todos los tratados de libre comercio que se están negociando o han sido negociados en los últimos años (TTIP, TiSA o CETA) son el resultado de un proceso «opaco». Pero vuelve a atribuir la falta de transparencia en estos procesos a los organismos supraestatales que, a su juicio, han acumulado demasiado poder político y son susceptibles de ser manipulados por los grandes monopolios económicos, que tienen el poder de establecer normas para su propio beneficio en estos tratados.

Por lo tanto, al argumentar que no vivimos en una época «plenamente capitalista», Reiss matiza que el capitalismo es «un proceso que ha vivido distintas etapas históricas» y destaca que la que más cercana estuvo al proyecto liberal fue la anterior a 1914. Considera que, a partir del segundo cuarto del siglo pasado, el Estado comenzó a intervenir en la economía de manera más activa, con la entrada en vigor en Estados Unidos del proyecto keynesiano del New Deal o la construcción del «estado del bienestar» en las sociedades europeas a partir de la Segunda Guerra Mundial.

En cuanto al futuro, ambos argumentan que «la refundación del capitalismo» anunciada por Sarkozy en 2008 tras el estadillo de la crisis global no se ha dado. Concretamente, Teira se refiere al Estado español, del que dice que tendrá muy difícil aplicar un modelo liberal a corto plazo, debido a la inmensa cantidad de deuda pública y privada que acumuló antes y durante la crisis.

Luchas políticas

En este escenario, el capitalismo afronta en el futuro cercano lo que podríamos definir como una crisis civilizatoria, a las puertas de una situación de emergencia ecológica. A este problema se le unen la creciente desigualdad, la posibilidad de que los avances biotecnológicos sean acaparados por una minoría y la cuestión de la superpoblación.

Ante este devenir, el campo de la lucha política se articula ya en tres campos: el de la continuidad del proyecto neoliberal, causante en gran medida de muchas de las emergencias que afrontamos; el proyecto «rupturista» de una multifacética y renacida extrema derecha; y una alternativa de izquierdas que, si bien aún no ha mostrado estar articulada, debe ofrecer a la vez una opción de ruptura y un freno a la intolerancia y xenofobia.

«La turismofobia oculta debajo un debate económico más profundo»

Los dos economistas también se refirieron a uno de los temas más comentados este verano en Donostia, el del impacto del actual modelo turístico en esta ciudad y en otras localidades de la costa vasca.

«Nosotros entendemos que bajo el debate de la turismofobia hay un debate que tiene que ver con las condiciones laborales, entre otros problemas mucho más profundos», admitió David Teira. En su opinión, el proceso de construcción del euro tuvo «fallos» y que son los que afloran en este debate: «Los Estados, antes de adoptar la moneda única, tenían la opción de devaluar su moneda ante una situación de crisis. Hoy día, al no tener este poder, la única opción que tienen para no perder competitividad es devaluar los salarios».

«Hasta ahora hemos conocido todo lo bueno del euro, pero desde que comenzó la crisis también hemos conocido todo lo malo de la moneda única europea», argumentó el profesor universitario.

Al mismo tiempo, Teira acusó a la izquierda de no tener un discurso coherente en torno a los nuevos mercados de «economía colaborativa» que ha abierto el negocio turístico.

En su opinión, la izquierda critica el negocio de los pisos turísticos llevado a cabo por empresas multinacionales como Airbnb pese a que «muchas personas que viven en zonas turísticas con recursos económicos escasos sacan provecho alquilando o subalquilando su piso en la época estival para poder obtener unos ingresos extras».J.M. CASTILLO