Arnaitz GORRITI
BANDERA DE LA CONCHA 2017

San Juan logra remontar a Hibaika y a un Cantábrico embravecido

La regata femenina tuvo más de épica que de deporte, aunque se tomaron los tiempos y fue San Juan la que, por cuarto año consecutivo, se llevó la Bandera de La Concha. Por otro lado, cabe destacar que su remera Andrea Oubiña se llevaba su octavo entorchado «olímpico» de las diez ediciones femeninas en la bahía de la Concha. En resumen, se repitieron las escenas de tensión y alegría desatada, pero lo que fue irrepetible fue el decorado, el más cruel que se recuerde en categoría femenina, y que puso el valor y el buen hacer de las remeras a un altísimo nivel.

«Hay que felicitar a las chicas, a todas ellas, porque han tenido el valor de salir a la mar con el tiempo que hacía», reconocía entre abrazos el delegado de San Juan Xabier Arraras. «En parte hemos sido los clubes quienes las hemos obligado a hacerse al agua y han respondido de manera increíble», admitía, mientras la sonrisa y la felicidad invadían sus palabras.

Porque la regata femenina se disputó, que no era poco, aunque fuera con retraso y contra el crono. Con tal de disputarla ayer mismo, se decidió llevarla a cabo en la lucha individual contra el crono, bogando todos los botes por la calle cuatro –en realidad, las balizas de las calles dos y tres se movieron debido al temporal– con un minuto de margen, manteniendo el orden inverso a la clasificación de la primera jornada.

Padecimientos en el agua

La cosa se iba retrasando y la tensión iba en aumento, hasta que, a las 11.23 en punto, Hernani, a duras penas, consiguió poner en marcha su «Maialen», y avanzaba procurando no dar demasiados brincos sobre el oleaje. La «Torrekua» Donostiarra también salía al de un minuto, y así sucesivamente. Los equipos habían venido a competir y así lo decidieron, y ya no había marcha atrás.

No había marcha atrás aunque el tiempo casi no permitiese remar. Hubo momentos complicados, como cuando Mecos dobló a Deusto, y escenas que crearon cierta congoja, como el calvario vivido por la Donostiarra, incapaz de gobernar su «Torrekua» a la hora de dar la ciaboga, perdiendo el remo corto en el intento. Sea como fuere, no hubo percances serios.

Fue en ese primer largo en el que San Juan cimentó su victoria. Hibaika intentó dar una ciaboga muy ceñida, contrario a lo que la mayoría de participantes decidieron hacer ayer. La «Madalen» no atinó del todo a la hora de negociar el viraje y entre que «Batelerak» había alcanzado un ritmo mayor y había completado una ciaboga más fina, ya perdía 15 segundos, perdiendo la bandera en esa ida.

Explosión de alegría

En la empopada Hibaika estuvo mejor que en la ida, pero la diferencia ya estaba hecha, puesto que San Juan volvía con mucho tino y sin cometer errores.

«Sabíamos que con este tiempo dos segundos y medio no era nada y que la bandera se la llevaría quien ganase la regata», se lamentaba, resignada, la remera de Hibaika Jone Oliban. «No hemos tenido buenas sensaciones, porque nos han llegado un par de olas que nos han impedido que cogiéramos nuestra remada. Solo nos queda continuar hasta que algún día llegue», añadía.

En todo caso, «Batelerak» llegaba a la meta expectante, sin mucha noción de las referencias y aguardando la confirmación del triunfo o no. Y esta confirmación llegó, como el grito al unísono de toda la bancada, que revalidaba por cuarto año seguido, en la edición más dura que se recuerda de la bandera femenina. «La mar daba miedo», reconocía una afónica Nerea Pérez, patrona de «Batalerak». «Me han tenido que ayudar para poder gobernar el bote, pero hay que celebrar esto con la gente del pueblo y con una juerga», reconocía, entre risas.

La X Bandera Femenina de La Concha que reafirmó a las sanjuandarras como reinas del remo, ya que enlazaron otro año la Liga Gipuzkoana, la Liga Euskotren y el premio gordo de ayer, con el único lunar del Campeonato de Euskadi que se fue a Orereta. Pero también confirmó el valor y la calidad de las remeras de los ocho clubes.