Ion TELLERIA
SANT JULIÀ DE RAMIS

... Y SIN EMBARGO VOTÓ

LA GUARDIA CIVIL TRATÓ DE EVITAR LA IMAGEN DE PUIGDEMONT VOTANDO Y ACUDIÓ A SU COLEGIO ELECTORAL 20 MINUTOS ANTES DE LA HORA PREVISTA PARA SU LLEGADA. ARRAMPLÓ CON TODO, PERO LOS CIUDADANOS QUE DEFENDÍAN EL CENTRO DE VOTACIÓN DESPIDIERON AL INSTITUTO ARMADO AL GRITO DE «IREMOS A VOTAR»... Y VOTARON.

Carles Puigdemont, clavel en mano, ha visitado el colegio donde tenía que haber votado. (Lluís GENÉ/AFP)
Puigdemont en su colegio electoral, minutos después de que se fuera la Guardia Civil. (Lluís GENÉ/AFP)

Esta iba a ser una crónica sobre un pueblo de menos de 4.000 habitantes en el que vive el president Puigdemont. Iba de una butifarrada y un cine forum nocturno, sobre un tractor que bloqueaba la entrada al colegio electoral y su dueño, Jose María; sobre Xesca y Toni, que pasaron la noche vigilando el exterior, y sobre Meritxell, que acudió para las 5.00 a la puerta del centro de votación para que, entre otros, también el president catalán votará en «el colegio electoral de siempre, donde votamos siempre», tal como remarcó Pere al inicio del encierro nocturno.

Y hasta las 9.10 seguía siéndolo, solo faltaba la última foto, la del president votando. Una hora antes había hecho acto de presencia su seguridad privada, comprobaron los accesos y tomaron posición en el pabellón deportivo de Sant Julià de Ramis. Entró la prensa y apareció el tesoro, esas cajas que se han convertido en el objetivo número uno de la impotencia de las autoridades españolas. La urna pasó de mano en mano entre Laura y Adriá, dos jóvenes incansables que cuidaron el recinto desde la víspera hasta el fin de la jornada electoral. Tras ellos, el alcalde, Marc Puigtió, tomó el relevo y finalmente Jordi la posó en la mesa de votación entre los aplausos los presentes. La mesa constituida, el reloj ya había superado las 9.00 y solo faltaba que arrancara el sistema informático para que empezara la votación. Y entonces: «¡La Guardia Civil!».


(Lluís Gene | AFP)

Al grito de aviso se configuró el muro popular en la entrada del colegio electoral y comenzó el baile macabro de las porras. Gritaban quienes eran arrastradas por el cabello, quienes temían por sus hijos e hijas, quienes encontraban en un sonoro «votarem» la respuesta más aguda ante los guardias que no pararían hasta toparse con el cristal de entrada del centro de votación, destrozado al poco por las mazas del Estado.

La gente que llevaba ya 14 horas defendiendo el colegio electoral se volvió a reunir tras la irrupción salvaje, los heridos fueron evacuados y los congregados cantaron ‘L'Estaca’. Las urnas salieron al poco en bolsas de basura con el sello de la Guardia Civil y estos iniciaron su evacuación. Una línea de guardias civiles caminaba hacia atrás mientras sus compañeros se dirigían a sus patrols. Enfrente, cerca de doscientos vecinos al grito de «fora» y «votarem». Interventores del colegio electoral mutaron de función y protagonizaron la cadena humana de seguridad entre policía y vecinos. Entre ellos, tres bomberos que se afaron en proteger a su convecinos.

Tras dos kilometros con los guardias civiles caminando hacia atrás y vecinos con los brazos en alto, los militares se fueron mientras oían, ya a lo lejos, «hemos ganado» e «iremos a votar».

El objetivo era el colegio electoral de Puigdemont, ya que a escasos 20 metros, justo tras pasar el río y entrar en Sarrià de Dalt, se encontraba otro centro de votación que no paró de sumar votos. Mientras en el de Sant Julià recomponían el complejo deportivo, decenas de ciudadanos ya hacían cola para votar en este colegio.

Y en esas llegó Puigdemont. «Declara ahora mismo la independencia», le interpeló uno de los presentes mientras entraba con gritos de «President, president» y se oía algún «Este sí que es valiente». El president entró, denunció los hechos, felicitó a los presentes clavel en mano y volvió a sus tareas, a seguir tratando de que su pueblo votase.

Urnas, papeletas y referéndum; objetos alérgicos para el régimen del 78 que ayer trató de ocultar los votos con las porras. Sin embargo, Carles Puigdemont votó, y votó Jose Maria y votaron Xesca y Laura y Tony y Pere y Laura y Jordi y Adriá... Ahora solo falta que se cumpla la profecía que cantaban ante la Guardia Civil: «Segur que tomba, tomba, tomba i ens podrem alliberar...»

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